miércoles, 31 de diciembre de 2014

Apostillas al refranero. Hurones y conejos

            Muerta Trotaconventos, el arcipreste de Hita se halla desvalido en cuestiones amorosas, así que ha de echar mano de lo primero que encuentra, porque acaba ya febrero, empieza marzo, época casi primaveral en que han de iniciarse los requilorios y escarceos amorosos. ¿Y qué es lo que halla? Encuentra a Hurón, criado indiscreto. Detengámonos un momento en el nombre del nuevo mandadero, porque cuando Juan Ruiz pone un nombre no es al azar, lo elige para que coincida con la psicología que debe ofrecer el personaje. ¿Qué es un hurón? Un pequeño mamífero carnicero de cuerpo muy flexible y prolongado, de cabeza pequeña, dotado de glándulas anales que despiden olor nauseabundo y que se emplea en la caza de conejos, a los que acosa en la madriguera encarnizadamente. Lo que sucede es que el nuevo Hurón quizá además del olor, del acoso, ahora a las conejas, tenía catorce defectos. Era mentiroso, ladrón, beodo, chismoso, tahúr, peleador, goloso, pendenciero, reñidor, zahorí, asqueroso, agorero, imbécil y perezoso. De todos modos, como el arcipreste estaba urgido, se aplicó una conseja que no es precisamente la que os voy a decir, pero la digo porque la entenderéis perfectamente y lo mismo que la de Juan Ruiz habla de burro y cuesta: ‘Pa las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo bien las subo’, así que lo envió a cobrar presa, en realidad él dice a buscar funda, para una nueva coyunda, y le confió unos versos que debía leerle en intimidad. Pero Hurón los iba declamando a voz en grito por en medio del mercado, con lo que la conejita se retrajo..., y lo demás se adivina.
 
RECUERDA:
 
 Quien mucho habla mucho yerra
En boca cerrada no entran moscas
Habla poco, escucha asaz y no errarás
Mucho sabe quien no sabe si callar sabe
Una aguja para la bolsa y dos para la boca
No hables sin ser preguntado y serás estimado
No hay mejor palabra que la que está por decir
Nada hay tan escondido que no llegue a saberse
Nunca más bien me hallé que cuando menos hablé
Boca cerrada y ojo abierto no hicieron jamás desconcierto
 
 ¿Me guardarás un secreto, amigo? Mejor si no te lo digo


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