lunes, 31 de marzo de 2014

Siempre mañana y nunca mañanamos (y II)

 
          Entre 1953 y 1965 dirige la revsita Cuadernos Hispanoamericanos. En 1960 publica un extenso ensayo, Cervantes y la libertad. Dos años más tarde es nombrado miembro de la RAEL y de la Hispanic Society of America. Entre 1965 y 1971 dirige la redacción del Gan Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Selecciones del Reader´s Digest. Publica en 1966 El sentimiento de desengaño en la poesía barroca, y Pasión y muerte del Conde de Villamediana en 1969. En 1970 se le concede el Premio de la Crítica. Publica en 1972 dos ensayos: Teoría de la libertad y Lírica española. Uno de los apartados de Lírica española (Garcilaso Camoens y la lírica española del siglo de Oro) obtiene el premio Miguel de Unamuno. Nombrado Director del Departamento de Actividades Culturales del Instituto de Cultura Hispánica en 1973, edita ese mismo año Canciones, conjunto de poemas breves y sentenciosos por una parte, y por otra poemas narrativos en prosa.
 
La fotografía
 
                                                             Me gusta tanto que a veces
                                                             al mirarla le doy vida,
                                                             le pregunto y me contesta,
                                                             ¡quién lo diría!
                                                             De cuando en cuando se queda
                                                             pensativa.
 
          También en el mismo año se le concede el Premio Nacional de Ensayo. Edita en 1974 Como el corte hace la sangre, conjunto de magníficos poemas en verso libre.
 
Durante el embarazo el corazón del niño es ya un galope
 
                                                Primero fue como un deshojamiento
                                          interno de tu carne,
                                                                                 una frontera                 
                                          de lo oscuro a lo claro,
                                                                                     una escalera
                                          de sangre,
                                                                  una palabra en movimiento
                                          cada vez más pudiente,
                                                                                         luego el lento
                                          escalón de la vida:
                                                                            su primera
                                          imprimación social sobre la cera
                                          virgen, y su continuo crecimiento
                                          que ya empieza a dolerte, y ua te mide
                                          con sus pies poco a poco, y anda entre
                                          la luz de nueve meses que es su día,
                                          y te habla de ti misma y ya te pide
                                          que no le desampares en tu vientre
                                          no sabiendo que vive todavía.
 
La cicatriz
 
          A cada hombre le tendríamos que hablar en una lengua distinta,
a cada amigo le tendríamos que hablar con una voz distinta
para que nos pudiesen comprender,
pero la lengua personal es tan fiel a sí misma,
tan incomunicable
que las palabras son como ataúdes
y solo llevan de hombre a hombre
su andamio agonizante,
su remanente de silencio
y su estertor,
                                 como aquella mañana
en que al sentarme en el autobús
vi a mi lado una antigua moneda romana,
una medalla
o una lápida
que hablaba masticando las palabras:
era una campesina ya embebida
por la intemperie de las noches a tientas
y de la vida a ciegas,
que me miraba con un poco de luto en las pupilas
como queriéndome abrigar,
y yo no supe contestarle,
y yo callaba junto a ella
porque mi lengua personal es inventada,
literaria y enfática,
y como no me sirve para hablar con un obrero o con un niño,
y como no me puede dar la absolución,
a veces tengo que ocultarla como se oculta el dinero en la cartera,
a veces tengo que callar,
como hice entonces,
sintiendo de repente
la incomunicación
igual que el aletazo de un murciélago
con su golpe de trapo,
y su asco parcelado sobre el rostro
donde el labio que calla va convirtiéndose en cicatriz. 
 
          Publica en 1978 una antología de textos y poemas sobre pintura, que titula Pintura escrita, y un ensayo, La poesía de Neruda. Entre 1978 y 1983 dirige la revista Nueva Estafeta, que dio la campanada en la época al admitir colaboraciones escritas en cualesquiera de las lenguas cooficiales.
          1979 supone el inicio de una nueva etapa en su creación poética con Diario de una resurrección, primera parte de la trilogía La carta entera, que completará con La almadraba (1980) y Oigo el silencio universal del miedo (1984). Los tres libros de la trilogía son auténticos poemas sinfónicos en que predominan los versos libres de largos periodos, con una formulación surrealista, cierto tono elegiaco solemne, hondamente emotivo.
 
 
Algunas relaciones entre el dinero y el frío (fragmento)
 
          El dinero se paga,
hay personas que tienen millones como hay ballenas que tienen tos
porque nunca salieron del Polo,
y son sietemesinas a la chita callando,
y no saben qué hacer con el dinero,
y no saben qué hacer con el frío,
pues el dinero es acromegálico
y a veces hace crecer tanto
que se han visto ballenas que son mayores que una ciudad,
ballenas millonarias,
que no dejan dormir a nadie con su sola respiración en diez kilómetros a la redonda,
y esto es lo grave
ya que los marineros suelen decir que quien las oye respirar por la mañana queda cesante un año,
y quien las oye respirar por la noche
se queda tramitado y ya no vuelve a recobrar el uso de ser hombre.
 
          En 1981 le conceden el Premio Ciudad de Melilla de Poesía; en 1982 el Premio Cervantes y el Premio Cátedra de Poesía de Fray Luis de León; en 1986, la Medalla de Honor de la Fundación Rodríguez Acosta. 1987 verá el alumbramiento de dos nuevos libros de ensayo: El desnudo en el arte y Esa angustia llamada Andalucía.
          Enfermo durante seis años, el 24 de octubre de 1992 muere en la Clinica Puerta de Hierro, de Madrid, y es enterrado el 25 en el cementerio de Cercedilla, en la alta Sierra del Guadarrama, al socaire de la cima del Siete Picos.
                                                
                                       Cuando las nieves del Mulhacén          
                                       dejaron yertos a los rosales,
                                       en Granada, nació Rosales.
                                       Cuando las brisas del Guadarrama
                                       dejaban yertos a los rosales
                                       en Madrid, murió Rosales.
 
 
4. Epílogo
 
          Era un andaluz alto y lúcido, rodeado de setos de abrótanos octosílabos, valladares de arrayanes endecasílabos y bardales de azaleas versolibristas, a cuyos pies fluía la poesía pura y transparente: manantiales de poesía caudal, torrentes de coplas sentenciosas, arroyos de versos para la melancolía y también para la esperanza.
          Era un granadino que ceceaba. Ceceaba y sonreía, y casi todo lo decía ceceando y sonriendo, Granada en el corazón, Federico García y Joaquín Amigo en el recuerdo. Y recitada siempre enarcando las cejas, poniendo el ceño en arco iris, como alejando tristezas, o guiñaba los ojos miopes al mirar, como si quisiera penetrar el arcano paisaje de los pensamientos.
          Era un compendio de nubes creadoras, repletas de imaginación fabuladora en audaz inventiva verbal. Cuanto con su palabra tocaba lo transformaba en amor, en pureza, en libertad, en inteligencia, en belleza, en poesía.
          Tenía el corazón encendido por de dentro, como el fuego del magma de la tierra, y, de pronto le salía a borbotones en erupciones benéficas, en chorros purificadores. Tenía la sangre encendida y la mente encendida y la palabra encendida y el verso encendido y la vista encendida e irradiaba luz creadora, semilla, estrella, norte y guía de poetas.


 
 
   

    




viernes, 28 de marzo de 2014

Siempre mañana y nunca mañanamos (I)

 
1. A modo de exordio
 
 
          1910 fue un año feliz para la poesía española: el 31 de enero nace en Granada Luis Rosales Camacho, uno de los más grandes poetas de la llamada Generación del 36. Y el 30 de octubre, lo hace en Orihuela Miguel Hernández Gilabert, otro de los grandes poetas que debiera haberse incluido en la misma generación. Curiosamente, los dos se conocieron muy jóvenes en el Madrid de los años anteriores a la guerra civil, y fueron amigos y admiradores respectivos.
          Curiosamente, a Miguel se le hicieron, con motivo del centenario reiterados homenajes populares. Yo mismo participé de manera activa en alguno de ellos. Y, sin embargo, el centenario de Luis pasó desapercibido. Como no me pareciera justo, hablé con el Grupo de Lectura Dramatizada de la parroquia 'Cristo Sacerdote' de Valencia por si les parecía bien que hiciéramos un recital de la poesía de Luis Rosales. Está formado el grupo por una quincena larga de personas entusiastas, entregadas, deseosas de adquirir nuevos conocimientos y experiencias y  de compartirlas, la mayor parte jubiladas, de modo que aceptaron casi todos, y alguno con mucha sorna exageró: "Hacemos un recital y, si te empeñas, seguimos con un recicual".  
          No me atrevo a transcribirlo entero, pues duró sesenta minutos; pero sí el hilo conductor y algunos de los poemas recitados.
 
 
2. Luis Rosales
 

¿Quién era Luis Rosales Camacho?
          A él le encantaba proclamar a los cuatro vientos que era de Granada, aunque estuviera feo presumir. En efecto, nació en la ciudad de las dos culturas, de los dos ríos (que "bajan de la nieve al trigo") y de los dos montes, en el seno de una familia católica, acomodada, burguesa y numerosa (cuatro varones y tres mujeres). Hasta su ingreso en la Universidad estudia en un colegio de Escolapios. Cuando contaba dieciséis años, el padre hizo que publicaran en Granada Gráfica un poema de Luis. Roto el pudor por iniciativa paterna, da a conocer nuevos poemas y ofrece un recital, considerado rotundo éxito por la prensa granadina, en el Centro Artístico de Granada.
          Se matricula en la Universidad de Granada en Filosofía y en Derecho. Allí se relaciona con el catedrático Joaquín Amigo y con Federico García Lorca, con quienes llegará a tener honda amistad.
          En 1930, se traslada a Madrid para cursar estudios de Filología Románica, especialidad en que se doctorará años más tarde. Las cartas de presentación que le ha entregado Federico García le abren camino entre los autores de la Generación del 27. Cuando visita a Jorge Guillén, este le hace repetir varias veces la lectura de los poemas que Luis lleva y, entusiasmado, llama por teléfono a Pedro Salinas. La inyección de moral que tal hecho supone no la olvidará jamás.
          Colabora en diferentes revistas de las más diversas y opuestas tendencias y en todas es bien recibido y respetado. Al mismo tiempo, hace amistad con poetas de la época de ideología muy variada, desde Pablo Neruda y Miguel Hernández a los hermanos Panero o Luis Felipe Vivanco.
           Tres semblanzas, de tres autores, en tres momentos distintos de la vida de Rosales: Ricardo Gullón, crítico, cronista y maestro, lo recuerda así: "1935. Una tarde, en el Café Lyon, frente a Correos, Juan Panero entra con un muchacho andaluz, grandes gafas de concha, ojos claros, pelo en ondas, ceceo pronunciado. Es poeta y estudia Letras [...] Habla mucho, de poesía casi todo; sus juicios son rápidos, tajantes [...] Se llama Luis, y se apellida Rosales, ¡qué bonito nombre para un poeta! [...] Luis es granadino y es católico; lo primero no choca, lo segundo sí".
          Dámaso Alonso, en 1951, en el prólogo para Rimas escribe una "enumeración caótica" de nuestro Luis: "Luis Rosales está hecho de una prolongada, densa sucesión de retrasos, discusiones, ternura, teorías, ilusiones, ensayos, delicadeza, ceceos, un corazón como una casa, poemas, amigos, inteligencia inventora, tabaco negro y coñac". Poco más adelante toma de nuevo los elementos de esta enumeración caótica y los ordena en dos series que reflejan este retrato: "Luis Rosales: un hombretón cetrino, con unos ojos azules chiquitines, o que detrás de las gafas parecen chiquitines (porque son un poquito miopes). Lo cetrino diríamos que viene del terruño y que se pierde en no sé qué noche morisca de las Alpujarras; lo azul parece que selló o presagió la personalidad del poeta. El cual, con explicable coquetería, gusta de prolongar las dos chispas azules que lleva en la cara, con tejidos azules de su preferencia (corbatas, chaquetas). Es tan violento ese contraste entre lo bazo y lo azul, que casi lo temblaríamos". [...] De lo cetrino viene cierto ruralismo general: el gracioso ceceo inesperadamente perturbador, la ignorancia de los valores urbanos y económicos del concepto 'tiempo', la lentitud madurante, llena de incisos y volutas, en la exposición de inacabables teorías. A lo azul atribuyo la inteligencia alada, la delicadeza exquisita, insinuada, apenas, con dos vertientes, una por el camino del corazón y otra por el lado de las artes desconocidas; y una virginal capacidad de ilusión".
          En 1972, Pablo Neruda, embajador de su país en la capital francesa, con motivo del homenaje rendido a su persona por la revista Cuadernos Hispanoamericanos, lo evoca así: ¿Qué decir de Luis Rosales a quien yo conocí naranjo, recién florido en aquellos años treinta, y que ahora es grave poeta, exacto definidor, señor de idiomas? Ahora lo tenemos lleno de frutos, exigente y fecundo. Atravesó este mortal antipolítico el momento desgarrador en Andalucía y se ha recuperado en silencio y en palabra. Salud, ¡buen compañero!".
 
 
3. El poeta Luis Rosales
 
¿Qué obra nos ha legado Luis Rosales?
          Con solo 25 años, en 1935 publica Abril, libro de versos que causó sensación no solo por la juventud del autor y por la madurez que en la obra mostraba, sino por cómo había sabido aunar lo clásico y lo moderno, la destreza técnica y la hondura de pensamiento, la alegría enamorada y la experiencia religiosa, la renovación de la palabra poética y la celebración gozosa del mundo, que germinan en una poesía extraordinariamente personal. Miguel Hernández, por ejemplo, copiaba en un cuaderno todo aquello de Abril que le producía sorpresa, emoción o deslumbramiento.


 
Acción de gracias por estar a tu lado
 
               Gracias por abril si siento                                       luz de luna en el espliego,
               su creciente maravilla,                                            y por el recuerdo ciego
               gracias por esa sencilla                                           que atándome la memoria
               plenitud de sentimiento,                                          hace del pasado historia
               gracias porque suena el viento                                y hace del llanto sosiego.
               y entre los álamos reza,                                           Gracias por esta acedía
               gracias si, al fin, la tristeza                                      si es de tu amor añoranza,
               se convierte en mi destino,                                      gracias si es solo esperanza
               gracias, Señor, el camino                                         cuanto el corazón sentía,  
               terminará donde empieza.                                        gracias si es mi fe alegría
               Gracias te doy por la brisa                                       del límite que bendigo,
               que en su infancia se detiene,                                  y gracias por el castigo
               gracias por la flor que tiene                                     de haber puesto mi ventura
               su destino en su sonrisa,                                          sobre cosa no segura
               gracias por esa indecisa                                           que he de defender contigo.
         
          Como fue hombre paciente, perseverante, constante, nunca dio por terminada una obra, así que en 1972 publicó Segundo Abril, en cuyo Portal hace constar: "Segundo Abril es una historia de amor, que he vivido siendo estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Fue escrito entre los años 1938 y 1940, [...] lo cual no quiere decir que no haya sido corregido posteriormente: yo corrijo hasta en pruebas [...] Después de haberlo tenido en el purgatorio de lo inédito durante más de treinta años, lo publico".
 
Ola en calma es tu cuerpo
 
                                                             Albos senos en púberes jardines;
                                                   se abre una puerta, el aire se apresura,
                                                   y brillan de la noche en la ola oscura
                                                   tus muslos, como saltan los delfines.
                                                             Tus ojos dan al mundo sus confines,
                                                   juega el mar a la comba en tu cintura,
                                                  y la miel se convierte en atadura,
                                                  y en tu mano se encienden los jazmines
                                                             y el sol nace en tu cuerpo, y se oye el canto
                                                  del amor como un puente entre dos ríos,
                                                  ¡tan humano el milagro!, dulces bríos,
                                                             dulce sueño de ti que acaba en llanto,
                                                  porque Cuba eres tú me dueles tanto;
                                                  yo siempre culparé los ojos míos.
         
          En 1939 estrena La mejor reina de España, obra de teatro escrita en colaboración con Luis Felipe Vivanco.
          En 1940, da a la imprenta Retablo sacro del nacimiento del Señor. Escrito con emoción y ternura, al recordar a su madre ayudándolo a él y a sus hermanos a montar el Belén en Granada, contiene joyas sobre temas navideños. Retoma en el libro y acierta a darle nueva vida el villancico clásico. Canta la Navidad con lenguaje nuevo, resplandeciente y c on ritmos variadísimos.
    
Romance que termina cuando se hace la luz
 
          Augusto ha dado un edicto;                             se oyen y se ven; los nardos       
          para cumplir lo mandado,                                nacen sin tocar el suelo,
          hacia Belén de Judea                                       y hay ángeles descielados
          va la Virgen caminando.                                 que llevan nieve en las alas
          Al rayar la luz del día                                      y naranjas en las manos.
          su vientre se ha deslumbrado:                         Los pastores que traían
          --Mira, José, que ya tengo                              hacia el redil rebaños
          al niño casi en los labios.                               quedan desnudos, y luego
          San José siente pudor,                                     sienten que les va cambiando
          se encuentran en despoblado                           la carne en sus cuerpos como
           y sienten que bajo el cielo                               se cambia un traje...
           todo les está mirando.                                                                           y hay algo
           Al fin, dentro de una cueva                             como un vagido en el mundo,
           donde a la noche llegaron,                               y el cielo cabe en la mano
           como el aire hace a la nieve,                           porque ya es madre una virgen
           tuvo la Virgen su parto.                                  y el Niño-Dios, a su lado,
           En el vuelo, de repente,                                  para ser igual que el hombre
           se quedan quietos los pájaros;                        llora con su mismo llanto.
           las palabras de María
 
          En 1941, es nombrado secretario de la revista poética Escorial, cargo que ejercerá hasta 1950. En ella dio a conocer sus versos un buen número de poetas de la época. El mismo año de 1941 aparece El contenido del corazón, libro poético que supera la concepción del género literario clásico, pues, escrito en prosa, ofrece elementos narrativos (hechos, retratos, situaciones), filosóficos (reflexiones morales) y está dotado, al mismo tiempo, de intensa tensión poética.
          En el fondo, es una elegía a la madre, Esperanza Camacho, a quien el hijo refleja tal como la recuerda. La escribió recién fallecida la madre. El padre le pidió escribiera algo sobre la difunta, y Luis prometió hacerlo de inmediato. A pesar de ello, el padre no llegó a ver la obra editada, pues falleció pocos días después de hacer la petición a su hijo.
 
El contenido del corazón (fragmento)
 
          Su vivir estaba hecho de hierbaluisa, hilo, improvisación, nácar, paciencia y "no lo vuelvas a decir" [...] Recuerdo el rostro, pero vaciado de sus rasgos. Es como si el dolor los hubiera quemado igual que un ácido que al lavar una tela estampada dejara indemnes las superficies blancas y quemara el dibujo [...] Recuerdo los hoyuelos que al fin se le cayeron de la cara, recuerdo la caediza fragilidad de su mirar, y el labio ya ultimándose en la boca y, en fin, la encarnación de sus mejillas, que había sido flagrante y fue paliceciendo poco a poco [...] Recuerdo su cabeza. la recuerdo entre rizos, entre canas, y ya en su forma definitiva, menguante [...] Sus manos eran de coral blanco, de coral primerizo, con sus imperfecciones y sus renunciamientos, sus asperezas y sus grietas. Pero además eran de tiempo y de trabajo y estaban ya disminuidas, acurrucadas, reuniendo su calor, como se embebe el cuerpo, contrayénsose, cuando pasamos por un túnel [...].
 
          A partir de 1947 dirige la revista Vida Española. La obra poética que lo singularizará entre los singulares poetas de la Generación del 36 y aun de todos los poetas del siglo XX será La casa encendida, publicada en 1949. El libro entero se halla integrado por un solo poema que refiere la historia del propio poeta. Historia de un solterón desastrado que, finalmente, decide casarse, historia de la intimidad de un hombre menesteroso y roto en quien solo la amistad y el amor relumbran. La obra se abre con A imitación de prólogo, donde dice: "Son las once de la mañana. Me encuentro solo en la cascada del parque del Oeste. Hace un hermoso día de sol primaveral y un aire fresco y aleteante [...] Yo he salido para pensar unas palabras que debo entregar escritas hoy a las cinco de la tarde. No las quiero pensar. Quiero decir una cosa tan solo: que creo en la poesía, y lo diré, y lo seguiré diciendo siempre [...] Y sé también que lo que quede de esta hora, si es que algo queda, en la ceniza de mis palabras, será también poesía. Vivir es ver volver. El tiempo pasa; las cosas que quisimos son caedizas, fugitivas; se van. Y esto es morir: borrarse de sí mismo, borrarse dentro de sí mismo y sentir que se nos van desvaneciendo, que se nos van secando, poco a poco, aquellas cosas que nos hacen el alma, aquellos seres que hemos amado un día y a los cuales debemos lo que somos. Pero vivir es ver volver. Es justo y necesario conservar los afectos como eran y los recuerdos como serán, y atar los unos y los otros, en una misma ley de permanencia; es justo y necesario saber que todo cuanto ha sido y todo cuanto ha temblado dentro de nosotros, está aún como diciéndose de nuevo en nuestra vida y en la vida de los demás. Y en este esfuerzo humano para recuperar el tiempo vivo, [...] la poesía, y solamente la poesía, sigue diciendo su palabra"
          En 1951 obtiene el Premio Nacional de Poesía con Rimas. Se muestra ya poeta madurro, que ha sabido asimilar y hacer propias las diversas tendencias y que ha sabido crear un lenguaje poético personal, dotado de asombrosa capacidad expresiva. Consta de dos partes: Juntos los dos en mi memoria, dos de cuyos poemas ofrezco. El primero,  Autobiografía, es la constatación de lo que nos sucede a muchos: que donde fallamos es en aquello que más queremos; y el otro, Carta en dos actos, constituye el reflejo de las preocupaciones de cada día hechas oración espontánea en la que incluye a sus amigos, al tiempo que siente la dulce punzada dolorosa de los acontecimientos de la vida familiar:
 
Autobiografía
 
                    Como el náufrago metódico que contase las olas que le faltan para morir;
                    y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
                    hasta la última,
                    hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
                    así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
                    sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
                    sino en las cosas que yo más quería.
 
 
Carta en dos actos que como tantas otras no he puesto en el correo
 
Señor: Ahora te digo que es preciso      nos hemos visto poco. María Luisa
que vengas a ayudarnos                         tiene diabetes y se está quemando.
a poner esta casa: las cortinas,               Hay que quererlos mucho, hay que quererlos
el aceite ya escaso,                                 de prisa. El seto alto
la víspera de encajes para el niño,          de aligustre cayó; ya se hizo el muro
la alfombra del despacho,                       de piedra. Queda bien. No tengo a mano
la pintura riéndose, las sábanas,              los libros que preciso. Finalmente    
los libros ordenados,                               aún tengo que decirte este verano
la cena si es posible y una buena            que Luis Cristóbal no ha estudiado mucho.
disposición de ánimo.                             Crece, pero despacio.
Señor: ahora te digo que quisiera           No tuvo sujeción y a causa de ello
terminar esta carta. Te esperamos;         se ha vuelto un poco suspicaz. Estamos
ha pasado algún tiempo y ya tenemos    ya lacrados en él. Tiene los ojos
canas.                                                      azules. Son tan claros
                Hemos comprado                    que pueden bautizar, y tan atentos
una casa pequeña --ya no somos             que brillan sin querer. ¡Se le ha agolpado
tan pobres-- en el campo,                        de pronto el corazón! Solo te pido
y he vivido tal vez en Cercedilla         que al sentarse a comer, de cuando en cuando,
mi última juventud. Los lilos blancos      le pregunte a su madre alguna cosa
no han dado este año flor, ni los cerezos,    sin que parezca que se está quemando.
con la helada de mayo.                              Es solo un gesto, ¡ya lo sé! y un gesto
No me baño estos días,                              tal vez involuntario
tengola orina color tabaco                         que él quisiera borrar; 
aunque me siento bien.                                                                    haz que se siente,
                                    Tal vez mañana     cuando vuelva a su lado,
venga a vernos Vivanco.                           como si regresara del viaje
Quisiera estar con él, lo necesito,              solo para contárselo.
tiene dificultades y este año
 
          De Juntos los dos en mi memoria ofrecemos dos poemas que no necesitan apostilla alguna:
 
La transfiguración
 
                                                    Siento tu cuerpo bajo el mío.
                                              Tu carne
                                                                         es
                                                                                      como un ascua,
                                               fresca e imprescindible,
                                               que está fluyendo hacia
                                               mi cuerpo, por un puente
                                               de miel lenta y silábica.
                                               Hay un solo momento en que se junta
                                               el cuerpo con el alma,
                                               y se sienten recíprocos,
                                                                                           y viven
                                              su transfiguración,
                                                                                 y se adelantan
                                              el uno al otro en una misma entrega
                                              desde un mismo origen deseada.
                                              Siento tus labios en mis labios, siento
                                              tu piel desnuda y ávida,
                                              y siento,
                                                                  ¡al fin!
                                                                                     esa frescura súbita
                                             como una llamarada
                                             de eternidad, en que la carne deja
                                             de serlo y se desata,
                                             se dispersa en el vuelo,
                                                                                           y va cayendo
                                             en la tierra sonámbula
                                             de tu cuerpo que cede
                                             interminablemente cediendo,
                                                                                               hasta
                                             que el vuelo acaba y ya la carne queda
                                             quieta, milagreada,
                                             y me devuelve el cuerpo,
                                                                                              y todo ha sido
                                             un pasmo, un rebrillar y luego nada.
 
 
Palabras para iniciar una despedida
 
Ya no tengo nada             cuando ya te has ido         Desde que tus pasos
que esperar, y al filo        te siguen mis ojos              me abren el camino,
de la vida, quiero             ¡no puedo seguirlos!          casi estoy viviendo
despedirte, hijo.               Me duelen los años            desanochecido;
Contigo me espera          que no te he tenido,            para hacerme vida,
cuanto ya he vivido,        ¡vívelos de nuevo               para hacerme sitio,
cuanto tú vivieres            como puedas, hijo!             todo se está haciendo
me espera contigo.          ¡Vive como puedas             de nuevo contigo,
Mis ojos te siguen           lo tuyo y lo mío!                 hijo de mi carne,
                                                                                    de mis sombras, hijo.















viernes, 7 de marzo de 2014

Patronímicos

           He sido siempre un enamorado de las palabras y sobre todo de los nombres pipistrélidos y de los nombres gentilicios, como puede advertirse en varios artículos de estas páginas. Hoy quisiera rendir pleitesía a los nombres patronímicos, es decir, a los nombres que hemos heredado de nuestros mayores, o sea, a nuestros apellidos; y más que a nuestros apellidos, quisiera rendir homenaje a ciertas sorprendentes combinaciones de nombres y apellidos. Os aseguro que no he inventado ninguna, que, salvo las que atañen a mi vida, las he tomado de un concurso de la revista Lecturas.
          Quevedo se reía el primero de sus propios defectos para que nadie pudiera mofarse de él en ese aspecto. Salvadas las distancias, yo también comenzaré por reírme de mí mismo. Me llaman Juan José; mi primer apellido es Ramos, y el segundo Lozano. La combinación de los dos apellidos significa, en lo vegetal, que mis ramos tienen mucho vigor y frondosidad (aunque haya que ignorar un error de concordancia gramatical para creérselo: Ramos es plural y Lozano singular, ¿o no?); lo cual, traducido a lo humano quiere decir que mis ramos son jóvenes, vivos, vigorosos, robustos: algo así como me veis: apolíneo, gallardo, bizarro, valiente... ¡Ejem!  Imaginaos que el hijo de alguien apellidado Esparza se hubiera casado con una hija mía. Cuando tuvieran una hija, la llamarían Fulanita Esparza Ramos. ¡Vamos, como la violetera! Suponed otro caso: que un hijo mío se hubiera casado con la hija del susodicho. Pues nada, la hija sería Menganita Ramos Esparza, ¡cual florista de la calle de Alcalá! [En supuestos tales, creo que debo estar agradecido a que mis hijos no me hayan dado hasta ahora nieto alguno].
          De estudiante, tuve un compañero en Salamanca que se llamaba Jesús Vivas Holgado, excelente persona, extraordinario estudiante y magnífico extremo derecho de un equipo de fútbol. Un día don Fernando Lázaro Carreter le dijo en clase que su nombre constituía una perfecta oración desiderativa. ¡Vive holgadamente, Jesús! Casi nada la del ojo, ¡con las apreturas que se pasaban a fin de mes en la década de los sesenta! Y tuve también un alumno cuya combinación de apellidos es un canto a la Tabla Redonda: Carlos Guerrero de la Esperanza. Y ya que me he puesto melancólico hablando de alumnos, os diré que en un curso me tocó dar clase a un grupo de COU al que declaré bíblico, pues en él me encontré con Lázaro y con las hermanas Marta y María.
          Cuando mi mujer y yo discutimos pienso que debería yo llamarme Armando Guerra y ella Paloma de la Paz; un poco resabiada, a veces, pero paloma y de la paz. ¡Claro que se supone que estas combinaciones, en ocasiones, no son muy exactas!
          En fin, volvamos al tema. Las hay que son un auténtico canto ecológico: Rosa Naranja Limón; Blanca Flor del Campo Huerta; Teresa Puerro Lozano; Camino Verde del Río; Maximino Aires del Campo. El tal Maximino debe tener asegurados la excelsitud de sus vías respiratorias y el no padecer ningún tipo de alergia, con aires tan tersos, puros y diáfanos. Los patronímicos católicos a machamartillo reflejan la fe, el amor y la fidelidad: Rosario Cordero Jesús, Sagrario de la Iglesia Fiel, Jesús Amigo de la Iglesia, Dolores Camino de la Cruz. Claro que de vez en cuando salta la liebre y alguien sale defenestrado: Carlos Tirado de la Cruz. ¡Pobrecillo! Las hay que exudan nobleza por todos los poros: Antonio Caballero de la Paz, José María Conde Poderoso, o están repletos de ardor monárquico: Victoria de Rey Guerrero, Elena Carroza Real, Victoria Guerrero del Rey, Juan Carlos Rey España, Francisco Enamorado de los Reyes.
          Con los patronímicos pueden expresarse oraciones exhortativas perfectas: Ramona Ponte Alegre, Ángeles Baile Lapieza, Nicolás Tome Tocino. ¿Tendrá algo que ver que Nicolás tome tocino con que Ramona se ponga alegre o que Ángeles baile la pieza?
          Ante combinaciones como Rosa Gusano Culebra uno se inquieta, se desasosiega; se echa a temblar ante Servando Sierra Cabezas; pero al oír Porfirio Mata Lapetra, le castañetean los dientes. Marcos Redondo Cuadrado nos deja enajenados, atónitos, pues los términos son contradictorios,  José Gordo Magro turulatos, y Joaquín de Paz Guerra perplejos. Los colores se disponen como en camisetas deportivas: Blanca Negro Rubio. Al lado de conjuntos sublimadores o embellecedores (Estrella de la Osa Mayor, Pilar Vecino Alegre), hallamos degradadores sobre todo a causa de la colocación de los integrantes: José Valiente Primo. Observad que si cambiáramos el orden la significación sería otra: José Primo Valiente... ¿Os imagináis que en una consulta médica silenciosa la auxiliar llamara con voz solemne: ¡José Luis de la Mier Daza!?
          Hay padres que merecerían pirámides de reproches cuando hacen que un hijo se llame Gonzalo si sus apellidos son González de la Gonzalera, o Martín, si lo son Martín Martín, o García, si lo fueran García García. Vamos, elevados al cubo. ¡Tiene bemoles! De todos modos, por lo ornamental que resultaría el florero podríamos admitir Rosa Flor del Rosal Lozano.
          ¿Y no habéis escuchado patronímicos que parecen panfletos libertarios en su contenido? Abundio Verdugo de Dios. ¿Tampoco los que dan sensación de divertidas creaciones quevedescas? Dolores Diez Orejas, Paulina Seisdedos Díez, Agustín Cabeza Compostizo...
          Y como en todo hay que pensar, no está de más apreciar las combinaciones culinarias. Podríamos comenzar con un aperitivo (Mateo Verd Mut), seguido de un primero (Agustín Verdura Salada) y un segundo algo más nutritivo (Vicente Cordero Guisado). Cabría ofrecer dos tipos de postre: Florentino Rico Melón o Ángel Polo Sabroso.
          No obstante, los que más me agradan los casi subrealistas: Luis Conesa Cara, Invención Verde Feliz, Amparo Loro Raro, Manuel Toro Bravo, Inés Hoyo Redondo, Dolores Laguarda del Toro, Concha de Oro Pulido, Almudena Pamparacuatro Seco, Eduardo Barriga Caliente. Espero que don Eduardo no fuera el esposo de la típica y tópica Dolores Fuertes de Barriga, porque entonces, apaga y vámonos.
         
 
           


miércoles, 5 de marzo de 2014

Que como el sol sea mi verso / más grande y dulce cuanto más viejo

I

El sol y el pastorcillo
 
 
          Gabriel Miró, uno de los novelistas más significativos en el paso del siglo XIX al siglo XX, creó una ciudad literaria, la mítica, perfumada, sensual y luminosa Oleza, rodeada de un oasis exuberante de huerta, para ambientar sus relatos y novelas. Oleza es el trasunto de la real Orihuela, capital del bajo Segura alicantino, ciudad donde había nacido en 1879. Él mismo confiesa que jamás había escrito un verso o una comedia...
          Y no podía permitirse que Oleza, ciudad levítica por excelencia, es decir, Orihuela, contara con un narrador de campanillas, y se quedara sin un poeta y dramaturgo campanillero, así que la diosa Fortuna, que es inestable y nunca puede estar quieta, quiso que un 30 de octubre de 1910 llegara al mundo un oriolano al que sus padres, Miguel Hernández Sánchez y Concepción Gilabert Giner, pusieron por nombre Miguel: Miguel Hernández Gilabert.
          Cuando el niño cuenta cuatro años, el padre, tratante de ganado, decide trasladar su hogar familiar a una casa más amplia, situada en el número 73 de la calle de Arriba (hoy Casa Museo). La infancia del futuro escritor trancurre entre los juegos y el trabajo: desde los siete años ayuda a su hermano Vicente en las tareas del pastoreo, y de él aprende el oficio.
          Su padre consigue que lo admitan en las Escuelas del Ave María, anejas al Colegio de Santo Domingo, de la Compañía de Jesús, y de los 9 a los 14 años en el propio colegio. Pronto destaca el interés de Miguel por la lectura y los estudios, de modo que consigue excelentes calificaciones. No obstante, la situación familiar obliga al padre a interrumpir sus estudios en 1925 y a enviarlo a cuidar el hato de cabras.
          En medio de la naturaleza contempla maravillado sus misterios. Los astros, el campo, las plantas, los animales y sus quehaceres serán temas de sus primeras composiciones literarias. Son poemas que dejó reflejados en un cuadernillo, intuitivos, sencillos, cargados de ingenuidad, generalmente escritos en versos de arte menor.
          Pese a las dificultades, el jovencito simultanea su trabajo con lecturas numerosas, pero desordenadas de autores españoles de los siglos XVI y XVII, y poetas más modernos, desde Bécquer a Paul Valèry; desde Gabriel y Galán a Juan Ramón; desde Zorrilla a Rubén Darío; desde Unamuno a Antonio Machado. La mayor parte de las obras las saca de la Biblioteca del Círculo de Bellas Artes o se los presta el canónigo Luis Almarcha.
          Miguel busca su identidad imitando en sus escritos al último poeta leído. Son poemas que publica en El pueblo de Orihuela y en la prensa alicantina o murciana. En carta dirigida a Juan Ramón Jiménez en 1931, alude así a esta etapa de su vida:
          "Venerado poeta:
               Solo conozco a usted por su 'Segunda Antología' que --créalo-- ya he leído cincuenta veces 
               aprendiéndome alguna de sus composiciones. ¿Sabe usted dónde he leído tantas veces su 
               libro? Donde son mejores: en la soledad, a plena naturaleza, y en la silenciosa, misteriosa y 
               llorosa hora del crepúsculo, yendo por antiguos senderos empolvados y desiertos entre
               sollozos de esquilas.
               No le extrañe lo que le digo, admirado maestro; es que soy pastor... Soy pastor de cabras
               desde mi niñez. Y estoy contento con serlo, porque habiendo nacido en casa pobre, no pudo
               mi padre darme otro oficio y me dio este que fue de dioses paganos y héroes bíblicos".
          Conoce en Orihuela a los hermanos José y Gabriel Marín y también a los hermanos Fenoll (Carlos, Efrén y Josefina), en cuya tahona pasa muchas horas de agradable tertulia, recitando versos y recibiendo orientaciones y sugerencias, especialmente del que fuera su condiscípulo en el Colegio de Santo Domingo, Ramón Marín, el Ramón Sijé de su famosa elegía, quien acude a la tahona a visitar a su novia, Josefina. Ramón, estudiante de Derecho de la Universidad de Murcia, ensayista precoz, atraído por las corrientes renovadoras del neocatolicismo, fundador de la revista El Gallo Crisis, lo guía hacia los clásicos y la poesía religiosa cristiana, lo corrige y lo alienta a proseguir en su actividad creadora.
 
 II
 
Al partir de su tierra pierde el pastor dos lágrimas
 

          Excedente de cupo del servicio militar obligatorio, en diciembre de 1931, se lanza a la conquista de Madrid con unos duros en el bolsillo fruto de los ahorros de su madre, un billete comprado con las pesetillas que le consiguen sus amigos, un manojo de poemas y una recomendación para Concha Albornoz, hija de Ministro de Gracia y Justicia, quien lo encamina hacia el despacho de Ernesto Giménez Caballero, editor de La Gaceta Literaria, uno de los pilares de la literatura joven. Giménez Caballero publicará una entrevista con el poeta en El Robinsón Literario de España. El periodista Martínez Corbalán lo entrevistó también en Estampa, publicación gráfica de gran difusión, y acompañó la entrevista de una fotografía del poeta.
          En diversas cartas da noticias de su estancia en la capital:
          El 2 de diciembre de 1931 escribe a Ramón Sijé: "Amigo hermano: He llegado a las ocho y media a Madrid. Son las once. Ha sido ahora mismo cuando he hallado dónde vivir. La casa tiene el número 6 de la Costanilla de los Ángeles. Más barata no he podido hallarla. Creo que aquí estaré bien. La huéspeda me ha parecido una buena señora; es joven aún, aunque muy gorda. ¿Por qué las huéspedas son todas gordas? [...] Un detalle: Madrid no es como yo lo soñaba. No me ha causado ninguna impresión grata. Tal vez porque está hoy sin sol. Hace mucho frío y las manos las tengo heladas, por eso me sale tan bonita la letra... No he dormido en toda la noche..."
          19 de diciembre de 1931. A Ernesto Giménez Caballero. "Las pocas pesetas que traje conmigo a Madrid se agotan. Mis padres son pobres y, haciendo un gran esfuerzo, me han enviado unas pocas más, para que pueda pasar todo lo que queda de este mes. He pedido también a mis amigos de 'Oleza', que tienen bien poco, algo [...] Lo que yo quisiera es trabajar en lo que fuera con tal de tener el sustento. [...] Si usted no me hace el gran favor de hallar una plaza de lo que sea donde pueda ganar el pan, aunque sea escaso, con tristeza tendré que volverme a 'Oleza', a esa 'Oleza' que amo con toda mi alma..."
          Giménez Caballero le consigue un puesto como portero de la Academia Morante. La remuneración es mínima. Vive entrampado, lleno de deudas, pero aún ilusionado. Sigue demandando ayuda a la familia y a sus amigos; mas las penurias económicas se acrecientan de tal modo que la situación se hace insostenible. Ni siquiera dispone de unos céntimos para tomar el tranvía:
          22 de marzo de 1932. A Ramón Sijé: "[...] Madrid es cruel [...] Acabo de llegar a casa con los pies destrozados. Desde las dos de la tarde andando con estos zapatos, los únicos, y rotos y llenos de agujeros de la estación de Atocha a recoger dos cajas de naranjas que me han mandado mi madre y mi hermana para la señora Albornoz; con ellas al hombro he caminado hasta este sitio (si hubiese tenido al menos quince céntimos, hubiese evitado la distancia desde la estación a la casa; la hubiese salvado en un tranvía..., pero no tenía ni esa miseria). [...] Luego me he encaminado a la de Pescador para pedirle dinero. Ya me ha dejado bastante. Como no estaba, he tenido que volver andando a casa, que dista de la suya más de diez kilómetros. Estoy casi desesperado porque no has podido recoger nada. El pelo me llega casi a la nuca. Le pedí a mi padre y me ha escrito que no me puede mandar nada. Mi madre estoy cierto que tampoco.[...] Tengo solo una corbata y, ¿sabes cómo le quito las arrugas?, metiéndola de noche y cuando voy a dormir entre las hojas del diccionario que es el libro de más peso que tengo. [...] Si no sacas de donde sea algún dinero, voy a tener que oír la voz destemplada de Morante."
          Cae enfermo, y su penuria llega a tal punto que decide volver a Orihuela. Ni le lavan la ropa interior, ni tiene calcetines que ponerse y, como él afirma, "los zapatos amenazan evadirse de mis pies". Si puede escribir a Ramón es gracias a unos sellos que le ha enviado su hermana y que aún no ha agotado. Su amigo consigue reunir las cuarenta y dos pesetas que le costará el billete del tren. Pero como a perro flaco todo son pulgas... Él mismo nos referirá el incidente:
          17 de mayo de 1932. A Ramón Sijé. [...] "El viernes por la tarde recibo lo que me mandaste; viene Vera a la Academia y yo, alegre porque iba a partir le digo: "¡Mañana me marcho a Orihuela" Y entonces él --¡maldición mil veces!-- me dice que tiene un billete de caridad; me lo da y yo lo tomo, pensando en devolverle las pesetas sobrantes... (¡Ah! Se me olvidaba decirte que el billete iba a nombre de Alfredo Serna). Voy a casa de Pescador el sábado, le pido su cédula: y llega la noche y salgo de Madrid... y en seguida me detienen... Me dicen que soy un estafador; que suplanto la personalidad de otro; me escarban todos los bolsillos; me insultan y avergüenzan cien veces, y cuando llega el tren a Alcázar de San Juan, me hacen descender del tren y entrar en la cárcel escoltado no por dos imponentes guardias civiles; por dos ridículos serenos viejos y socarrones".
          Hubo de dormir en el calabozo en un camastro donde la noche anterior dicen que había muerto otro preso. Sucede así la primera ocasión en que Miguel Hernández es recluido en una celda.
          Su primera estancia en Madrid, amén de las penurias, le ha permitido leer mucho y estar en contacto con los gustos de las tendencias literarias de la capital. Vuelve convencido de que debe ponerse al día y, ya en Orihuela, se entrega de lleno a sus versos.
 
 
III
 
Soy un gallo sin lunas y sin canto
 
 
          Fruto de esa dedicación y entrega nace una serie de poemas inspirados en Góngora y en autores de la Generación del 27 que envía a Raimundo de los Reyes, redactor Jefe de La Verdad, de Murcia. Piensa publicarlos en un libro, pero constantemente excluye y añade poemas. También cambia varias veces el título. Finalmente, una colección de cuarenta y dos octavas reales es editada con el título de Perito en Lunas, el 20 de enero de 1933. Avalan el coste de la publicación el canónigo Luis Almarcha, el diputado José Martínez Arenas y el sacerdote Ramón Barber Marco. La tirada era de trescientos ejemplares. Pasa casi inadvertida: las reseñas fueron escasas y no siempre elogiosas. La decepción del autor se refleja en carta a Federico García Lorca:
          "Perdone, pero se ha quedado todo: prensa, poetas, amigos, tan silencioso ante mi libro, tan alabado --no mentirosamente, como dijo-- por usted la tarde aquella marciana, que he maldecido las putas horas y malas en que di a leer un verso a nadie...
          Usted sabe... que es un primer libro y encierra en sus entrañas más personalidad, más valentía, más cojones --a pesar de su aire falso de Góngora-- que todos los de casi todos los poetas consagrados...
          Por otra parte, en mi casa soy el cristo de los cinco sampedros: me niegan la mitad del pan; me niegan padre y madre y sus hijos, como hijo de aquellos, como hermano de estos; les avergüenza el que haga versos; no quieren darme vestidos nuevos, y hasta los pantalones viejos que tengo no les quieren poner remiendos que amordacen rotos proclamadores de nalgas mías".
          En Perito en Lunas transforma en arte lo cotidiano, lo rústico, lo vulgar, de modo que hasta lo más irrelevante queda iluminado estéticamente. Para ello ha luchado arduamente con la palabra y la sintaxis hasta domar la lengua y transformarla en un instrumento maleable.
          Otra obra significativa de esta etapa es el auto sacramental Quién te ha visto, quién te ve y sombra de lo que eras, fruto de sus lecturas de Pedro Calderón de la Barca y del influjo que Ramón Sijé ejercía sobre él. En la primavera de 1934, se traslada de nuevo a Madrid donde, mejor apoyado desde Murcia y mejor recibido en Madrid que en la ocasión anterior, consigue que José Bergamín, director de la revista Cruz y Raya, publique en ella el auto. Los cenáculos madrileños le abren las puertas de par en par. Conoce a Pablo Neruda, quien, sorprendido por la calidad de su obra, lo acogerá en el círculo de sus amistades.
          Aunque viaja con frecuencia a Madrid, vive en Orihuela y trabaja en una notaría. Un día, al salir del trabajo conoce a Josefina Manresa, hija de un guardia civil, de la que se enamora y con la que formalizará relaciones de noviazgo en otoño de 1934.
          Entregado a la poesía, publica sus poemas en El Gallo Crisis, de su amigo Ramón Sijé, y en Silbos. Estos poemas serán la base de su libro de poemas El Silbo vulnerado. Las nuevas amistades influyen cada vez más fuertemente sobre él y cada vez se advierten en su obra cambios más profundos.
          La acogida de Quién te ha visto..., mete en su ánimo el dulce veneno del teatro. Cuando muere en la plaza Ignacio Sánchez Mejías, Miguel escribe una obra de teatro titulada El torero más  valiente. Parece ser que la directora del Teatro Eslava, Mimí Montián, se interesó por su estreno, pero de hecho ni siquiera llegó a publicarse pues Bergamín la desestimó a pesar de que le había sido dedicada.
          Los nuevos ambientes frecuentados por el poeta chocan con el ambiente católico en que había vivido hasta ahora y estalla en él una profunda crisis religiosa. Durante algún tiempo intentará no romper y se muestra dividido: colaborará en El Gallo Crisis y en Caballo verde para la poesía, de Neruda; cruzará correspondencia con Ramón Sijé y alternará en las tertulias del poeta chileno.
          El alejamiento es cada vez más evidente. Los sarcasmos de Neruda hacen su efecto: "Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis, le hallo demasiado olor a iglesia ahogado en incienso". "Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis, pero eso te sobrevendrá a la larga. Tú eres demasiado sano para soportar ese tufo sotánico-satánico". A mediados de febrero de 1935, regresa a Madrid para incorporarse a las Misiones Pedagógicas que recorren los pueblos de España para divulgar la cultura.

IV
 
Un carnívoro cuchillo

         
          En marzo de ese mismo año empieza a trabajar como secretario de José María de Cossío. Recopilará material para la enciclopedia Los toros. A lo largo del verano y el otoño escribe una 'tragedia montés' en prosa, Los hijos de la piedra. El 23 de septiembre conoce a Vicente Aleixandre al que ha ido a pedir un ejemplar de La destrucción o el amor, mero pretexto para relacionarse personalmente. En carta a Juan Guerrero Ruiz en junio de 1935 se constata el cambio de postura: "Tiene que perdonarme que no le enviara mi auto sacramental: no lo hice a nadie en absoluto; vendí todos los ejemplares que me regaló Cruz y Raya porque necesitaba, como siempre, dinero. Ha pasado algún tiempo desde la publicación de esa obra, y ni pienso ni siento muchas cosas de las que dije allí, ni tengo que ver con la política católica y dañina de Cruz y Raya, ni mucho menos con la exacerbada y triste revista de nuestro amigo Sijé [...]. Estoy harto de haber hecho cosas al servicio de Dios y de la tontería católica".
          Se aleja también de Josefina Manresa. A partir de mediados de julio cesa la correspondencia entre ellos. Se siente atraído por la poetisa María Cegarra. Tiene relaciones con la pintora Maruja Mallo que iba a ser autora de la escenografía de Los hijos de la piedra. Solo después de la muerte de Ramón Sijé y de una carta dirigida por Miguel a Manuel Manresa, padre de Josefina, el uno de febrero de 1936, volverá a restablecerse la correspondencia y el noviazgo entre los dos.
          El cambio se ha consumado en los poemas pertenecientes a El rayo que no cesa, libro decisivo en que se advierte la maduración del poeta. Terminó de imprimirse en enero de 1936. Los poemas que lo integran venían escribiéndose, no obstante, desde mucho antes. Revelan la inmensa herida interior del oriolano, poblada de inquietudes y presentimientos, encarnada en el acero amenazante del poema 'Un carnívoro cuchillo'. El amor adquiere en el libro acento de pasión atormentada, de anhelo insatisfecho, de ansias de posesión. El toro simbólico encarna en la obra la fuerza, el poder, la tragedia, la soledad. Como el toro, el poeta se siente destinado al luto y al dolor; como el toro, está marcado por valiente; como el toro posee un corazón noble, indomable; como el toro, su querencia no es correspondida, sino burlada, expresado todo en una serie de sonetos de estructura perfecta. La obra se completa con la Elegía a Ramón Sijé, añadida a este conjunto de poemas amorosos a causa del inesperado fallecimiento de su amigo el 24 de diciembre de 1935. Fernando Lázaro Carreter la consideraba una de las cuatro mejores elegías de la lengua española, junto a Coplas por don Rodrigo Manrique, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y la Elegía a Juan Panero.
          La evolución poética se halla totalmente realizada en la obra teatral El labrador de más aire,  drama escrito en la época en que siente repelús por la gran ciudad, con el que aspiraba al premio Lope de Vega. Pese a que la guerra cercenaría las esperanzas de obtener la distinción, no impidió su estreno en el escenario del Teatro Español.
 
 
V
 
Sentado sobre los muertos
 


          Cuando en julio de 1936 se produce el alzamiento militar, Miguel se halla en Madrid. El corte de las  comunicaciones le impide reunirse con su novia hasta el 29 de julio. El padre de Josefina ha sido trasladado a Elda, donde no es conocido y, en consecuencia, se halla más expuesto que en Orihuela a ataques imprevistos. De hecho, morirá el 13 de agosto a manos de un grupo de milicianos.
          El 18 de septiembre sale hacia Madrid y, ante la imposibilidad de seguir trabajando para Cossío, al cabo de una semana de estancia en la capital, se presenta voluntario al Quinto Regimiento y, tras la instrucción en un convento de la calle Francos Rodríguez, habilitado como cuartel, es asignado a la Segunda Compañía de Fortificaciones encargada de abrir zanjas y construir trincheras "para no dejar pasar a los fascistas que hay en Talavera de la Reina", según escribe a Josefina.
          Tras breve enfermedad, se incorpora al batallón de Valentín González, 'el Campesino'. A las órdenes del comisario Pablo de la Torriente, actúa como jefe del Departamento de Cultura. Escribe prosa y verso para las tropas, recita poemas en el frente, alecciona a los soldados sobre el sentido de la lucha, enardece a las tropas y publica de todo en Al Ataque, el periódico de la Brigada.
          El 20 de febrero de 1937, anuncia a su novia la próxima salida hacia Andalucía, ya que ha sido nombrado jefe del Altavoz del Frente de la Primera Brigada Móvil de Choque. El 21 de febrero se despide de Valentín González por medio de una carta en que confiesa: "Estoy orgulloso, 'Campesino', de que mi nombre vaya escrito entre los nombres de los hombres que te acompañan, y no quiero que lo borres de tus listas. Estoy orgulloso de haber peleado a tus órdenes con un fusil, y a ti vuelvo la memoria y la mirada para aprender a diario dignidad, generosidad, bravura, sencillez... Yo seré el poeta dispuesto a empuñar el fusil y empuñar el romance cuando lo creas conveniente, dispuesto a morir a tu lado: dispuesto a que mi voz sea la que nuestro pueblo mueve sobre nuestra garganta".
          El frente sur es mucho más tranquilo que el de Madrid, de modo que Miguel aprovecha para casarse en el juzgado de Orihuela el 9 de marzo. Regresa de manera inmediata a Jaén con su esposa. El 18 de abril, Josefina debe volver a Orihuela, pues la enfermedad de su madre se ha agravado. Muere la madre a los dos días. Y como la vida está llena de contrastes, lleva ya en su seno un hijo. El embarazo se ha producido mientras Miguel corregía pruebas de Viento del pueblo.
          La guerra sigue y el poeta participa en ella: en el asedio, ataque final del Monasterio de la Virgen de la Cabeza, defendido por guardias civiles a las órdenes del capitán Cortés que se rindieron a las tropas republicanas el primero de mayo. Él lo narra como testigo que tomó parte en la acción.
          En julio, en Valencia, participa en el II Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura. Poco después publica Teatro en la guerra, recopilación de cuatro obritas breves y El labrador de más Aire. Es invitado a formar parte de la delegación que va a representar a España en el V Festival de Teatro Soviético, hacia donde parte el 29 de agosto. En septiembre del mismo año es publicado en Valencia Viento del pueblo, que dedica a Vicente Aleixandre. Ofrece en él una serie de poemas escritos entre septiembre de 1936 y julio de 1937. Reflejan el momento cumbre de la combatividad y la euforia épica. La forma métrica inicial es el romance, tan popular entre las milicias republicanas en el inicio de la guerra. A medida que avanza la lucha, derivará hacia metros más solemnes. Considera en el poemario que la función del poeta es levantar los ánimos, sembrar fe en el triunfo del pueblo, conducirlo a cumbres transcendentes, lo que le da apasionamiento, fervor épico, combatividad jubilosa, aunque el autor pasa también por momentos de angustia y desencanto.
          El 26 de noviembre de 1937, después de unos días de descanso en Cox con su mujer, ofrece una obra dramática, Pastor de la muerte, justo a tiempo para presentarla al Concurso Nacional de Literatura, en el que resultará premiada con un accésit de tres mil pesetas en abril del año siguiente.
          Mientras pelea en la batalla de Teruel, nace su primer hijo, el 19 de diciembre de 1937. Se reúne con el niño y con su esposa el 24. Le pondrán por nombre Manuel Ramón, en recuerdo del abuelo materno, y de Ramón Sijé. En 'La canción del esposo soldado' ofrece sus emociones al sentirse padre. Por desgracia, el niño morirá antes de cumplir el año.
          Su segundo cancionaro bélico había de titularse El hombre acecha. Debiera haber sido editado en Valencia en la Tipografía Moderna en enero de 1939. La edición, ya impresa y a punto de encuadernarse, se perdió casi en su totalidad. El fuego y el ardor bélicos de Viento del pueblo se van serenando ante la realidad de la marcha de la guerra. Se presiente en él el desenlace en toda su amargura.
         

         
VI
 
Un rosal sombrío viene y se cierne sobre mí




 
          El 4 de enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. A él irán dirigidas las composiciones más esperanzadas de su último libro, Cancionero y romancero de ausencias, conjunto de poemas que comenzó a escribir en octubre de 1938 en una libreta  de la que hizo entrega a su esposa en Cox al ser puesto en libertad en septiembre de 1939. A esos poemas serán añadidos los conocidos como 'Nanas de la cebolla', enviadas desde la cárcel de Torrijos.
          La derrota del Ejército Republicano supone una tremenda desbandada en sus filas. Miguel Hernández se niega a huir y salir de España, como le ofrecen, porque considera que era necesario combatir al menos hasta que una guerra mundial cambiase la situación internacional. Busca acogerse a la embajada de Chile, pero no lo consigue. Tras un intento de reunirse con su mujer y su hijo, tampoco encontró ayuda del poeta Romero Murube en Sevilla, ni en Cádiz del editor Pedro Pérez Clotet. Pasa entonces a Portugal. La policía portuguesa lo detiene por indocumentado y lo entrega a la Guardia Civil de Rosal de la Frontera. Pasa por las cárceles de Huelva y Sevilla. Es trasladado a Madrid y recluido en un caserón de ladrillo que aún existe en la actual calle de Conde de Peñalver, en cuya fachada existe una placa de la Sociedad de Autores que revela el hecho, y donde se añade que allí compuso Miguel sus 'Nanas de la cebolla'.
          Como aún no tenía causa judicial en trámite, es puesto en libertad el 17 de septiembre de 1939. Comete el error de correr al lado de los suyos, y es denunciado y detenido de nuevo el 29, ahora ya no como preso innominado, sino con acusaciones concretas. Pasó detenido dos meses en el Seminario de Orihuela, habilitado como prisión, hasta que se le conduce a Madrid a la cárcel de Conde de Toreno, donde coincidirá con Antonio Buero Vallejo, quien le hace el retrato más conocido del poeta.
          En la cárcel se concentra en su intimidad, va quemando recuerdos y vivencias, entusiasmos y esperanzas, y nos ofrece poemas de voz apagada donde insiste en los temas más obsesionantes de su mundo lírico: el amor y el dolor de la ausencia, la inquietud y la desconfianza, la guerra fratricida y las pasiones turbias que ha despertado en el hombre.
          Juzgado en enero de 1940 en Consejo de Guerra, es condenado a muerte. Recurre para que la pena le sea conmutada por la inferior de 30 años. Apoyado por diversos escritores, obtiene la conmutación. A partir de ahí el recluso es sometido a un constante turismo penitenciario, como veremos, sumamente saludable: Trasladado a Palencia, contrae neumonía; recluido en el penal de Ocaña, adquiere bronquitis; conducido al Reformatorio de Adultos de Alicante, le ataca el tifus. Debilitado su organismo, en enero de 1942 se le declara tuberculosis...
          La única posibilidad de salvación estaba en su traslado al Sanatorio Antituberculoso de Porta Coeli, en Valencia, pero la autorización no llegará hasta el 21 de marzo, cuando, dada su debilidad, ya no hay posibilidad de traslado. El poeta-dramaturgo está llegando a su fin. Los enfermeros son renuentes a atenderlo por el hedor de sus llagas; los compañeros de cárcel se turnan para abanicarlo con cartones a fin de que el aire se renueve y pueda respirar aire menos infecto...
          Cuando tiene la convicción de que va a morir, accede a casarse por la Iglesia. Quiere dejar asentada a su mujer en la nueva legalidad, ya que, aunque se habían casado civilmente, a los ojos del nuevo régimen eran solteros. El 4 de marzo tiene lugar la boda en la enfermería de la cárcel.
            Su esposa ha contado así la última vez que pudo verlo con vida: "Esta vez no me llevé al niño, y me preguntó por él. Con lágrimas que le caían por las mejillas me dijo varias veces: 'Te lo tenías que haber traído. Te lo tenías que haber traído'. Tenía la ronquera de la muerte. Volví a visitarlo al día siguiente, y al poner la bolsa de comida en la taquilla me la rechazaron mirándome a los ojos. Yo me fui sin preguntar nada. No tenía valor de que me aseguraran su muerte... Era el 28 de marzo, sábado. Víspera del Domingo de Ramos".
          Afirma Agustín Sánchez Vidal que "existen dibujos que nos muestran su cadáver exangüe, la piel hundida hasta casi toparse con la calavera, abierta la boca y unos ojos espantados que no fue posible cerrar. Según el informe facultativo por hipertiroidismo, pero también seguramente porque murió solo y su cuerpo quedó yerto".
          Acerca de su muerte escribió Vicente Aleixandre: "Era confiado y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos. No se le apagó nunca, no, ni en el último momento, esa luz que por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos. [...] Vi también el rostro último, tan sobrecogedoramente español. Yacente, comido del sufrimiento, madero casi de dolor, resto esculpido en leño, con espantosa expresión de agonía serenada por la muerte. Y en los grandes ojos abiertos la ausencia de la música, ahogada. La que tan pujantemente había resonado en las totales pupilas abarcadoras. Rostro como sagrado, poderoso testimonio postrero que nadie ni nunca podrá borrar".
          Y este fue el fin terreno de quien me ha parecido siempre el héroe de una tragedia griega, es decir, el hombre conducido por el destino a la situación límite que lo destruye, lo tritura, lo aniquila...