sábado, 21 de octubre de 2017

Apostillas al refranero. Juicios de residencia


         No cabe duda alguna de que ciertos pueblos europeos tienen muy mala opinión de los españoles en lo que se refiere a corrupción y en lo que a falta de eficacia se refiere…; y sin embargo la administración de los pueblos de ultramar estuvo sometida desde el principio a rigurosos sistemas de control. Uno de ellos recibió el nombre de juicio de residencia, proceso judicial al que debía someterse todo funcionario público, desde el más encopetado virrey al más humilde de los alguaciles, cuando terminaban su tiempo de servicio. Constituían acontecimientos públicos pregonados por los alguaciles a los cuatro vientos y podía intervenir en ellos, mediante acusación, cualquier persona que tuviera alguna queja razonada del funcionario que se sometía al juicio. Las acusaciones podían ser de lo más variado, desde faltas de honradez hasta el incumplimiento de objetivos. Los juicios de residencia podían durar incluso meses, tiempo durante el cual, el funcionario no podía abandonar la población en que se celebraba. Si al final recibía la absolución, podía continuar su carrera profesional y ascender en ella; pero si no la recibía y era considerado culpable, podía ser multado económicamente, por lo que se le retenía parte del salario que le correspondiera, podía descender de categoría y ser relegado a un destino inferior, podía recibir pena de cárcel e incluso podía ser condenado a no ejercer en adelante cargos públicos. Funcionaron durante siglos con gran rigor y seriedad. Se cuenta de un oidor del Perú que abandonó el lugar un día antes de que acabara su juicio de residencia, con el fin de no perder el barco que había de transportarlo, y aunque fue el veredicto absolutorio, el Consejo de Indias lo obligó a regresar a Lima, pagando el viaje de su propio bolsillo para cumplir el día que se había tomado de asueto antes de ser absuelto.

RECUERDA:
El bien o el mal a la cara sal
Entre amigos, un notario y dos testigos
Las palabras vuelan, lo escrito permanece
Más vale un mal ajuste que un buen pleito
Entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano
Quien tenga el tejado de vidrio no tire chinas al de su vecino
El bien no es estimado hasta que es acabado

sábado, 14 de octubre de 2017

Apostillas al refranero. Universidades americanas


         Ha sido tantísima la dejadez de los españoles en los aspectos administrativos… que así nos va hoy en día en todas las administraciones…; y sin embargo, en América, los denostados españoles fundaron más de ciento veinte centros de educación superior de los que hasta mediados del siglo XIX habían salido allá por ciento cincuenta mil licenciados de los más diversos colores, castas y mezclas. Los portugueses, en cambio, no abrieron centros universitarios en sus dominios, y los holandeses lo harían a finales de los años treinta del siglo XX. Respecto a otros países punteros, habría que sumar todas las universidades creadas en la expansión colonial de los siglos XIX y XX por belgas, alemanes, franceses, ingleses, italianos y británicos para aproximarse al número de universidades hispanoamericanas creadas en los siglos XVI y XVII. El estudio científico de lenguas distintas a las europeas o las bíblicas comenzó en la América hispana. En cuanto se crearon universidades en los territorios españoles surgieron cátedras de lenguas indígenas, lo que no sucedería ni aun en los EE.UU. hasta el siglo XX. Felipe II ordenó en Real Cédula de 1580 la creación de esas cátedras. Los jesuitas tenían prohibido en América hacer profesión solemne si no conocían alguna de las lenguas indígenas de la región. El intercambio de ideas entre los centros universitarios europeos y los de la América hispana era constante así como el comercio de libros. Son también numerosos los testimonios que revelan que la vida universitaria de los centros de ultramar no difería mucho de los de Europa. Trescientos años de Administración española allende los mares, sin que se dieran grandes conflictos, sin que se produjeran importantes convulsiones sociales, en que la convivencia entre razas tan dispares fuera pacífica, incluso armónica y que existiera una evidente prosperidad, dicen mucho en favor de la labor llevada a cabo por los centros de educación.

RECUERDA:
Pensar no es saber
Al loco y al aire, darles calle
Principio bueno, la mitad hecho
No hay tal saber como bien querer
Más vale rato acucioso que día perezoso
Más ayuda la mañana que prima o hermana
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Perdiendo el tiempo, ni se gana fama ni se logra dinero

domingo, 8 de octubre de 2017

Apostillas al refranero. Médicos y hospitales


         Hemos sido tan mezquinos los españoles…; y, sin embargo ya los Reyes Católicos modificaron y modernizaron el Tribunal Real Promedicato y lo transformaron en un tribunal universitario que examinaba a físicos, cirujanos, boticarios y herbolarios a fin de que pudieran conseguir la licencia que les permitiría ejercer su profesión, sometidos a riguroso control jurídico. Los nuevos hospitales creados por estos monarcas como el de Santiago de Compostela o el de Santa Cruz, en Toledo, responden a un modelo de atención sanitaria muy superior al de los hospitales europeos de la época. El primer hospital construido en América lo abre Nicolás de Ovando en La Española, como se llamaba entonces, es decir, Santo Domingo, siguiendo las instrucciones de Isabel y Fernando, para que en él se acogiera y curara a toda la población, tanto europea como autóctona. En un periodo de quince años, el propio Ovando creó tres hospitales más en la misma isla. Entre 1500 y 1550 se levantarían en las Indias allá por 25 hospitales grandes, de magnífica factura, que cumplirían con su razón de ser durante siglos. En 1551, Felipe II dota una cátedra de Medicina en la Universidad de México, y en 1563 no solo se exigió a los médicos el título universitario, sino dos años de prácticas antes de poder ejercer. El mismo rey aprobaría en 1570 que los médicos formados en América no tuvieran que venir a examinarse a España. En el reinado de Felipe III llegó a exigirse a los cirujanos cinco años de prácticas, tres de ellos, en hospitales. En 1635, se abrió la cátedra de Lima y un año después la de Bogotá. Quiero recordar a los malpensados ya sean de turno ya de oficio que la primera cátedra de medicina en  territorios ingleses de Norteamérica no se abriría hasta 1765. Caso sorprendente es el de la ciudad de Lima, que llegó a tener más hospitales que iglesias y a disponer de una cama hospitalaria por cada 101 habitantes. El éxito (la mayoría de los hospitales prestó excelente servicio durante siglos) se debió al magnífico nivel médico de los profesionales, a los eficaces sistemas de financiación propio de cada hospital y, como queda dicho, a la fenomenal estructura de los edificios.


RECUERDA:

Paséate y orina y tendrás vida
Señal mortal es no querer sanar
No es de ahora el mal que no mejora
El sano al doliente so regla lo somete
Salud días y ollas componen las cosas
Gran parte de la salud es conocer la enfermedad
Ni con cada mal al cirujano, ni con cada pleito al letrado ni con cada sed al jarro

 Salud es al enfermo la cara del médico

domingo, 1 de octubre de 2017

Apostillas al refranero. Tierra Adentro


         Según refiere Borja Cardelús en La huella de España en EE. UU., cada tres años, el virreinato de Nueva España organizaba una caravana, denominada Conducta, a fin de abastecer las misiones y los ranchos españoles de la Tierra Adentro (Nuevo México, Arizona, Texas), y poblarla de nuevos asentamientos españoles. La caravana era enorme, formada por carretas entoldadas tiradas por bueyes, ocupadas por familias enteras, aventureros, frailes, soldados, y seguida por rebaños de ovejas, vacas, caballos, lazados en las marismas del Guadalquivir, en donde se llevaba todo lo necesario para trabajar la tierra, construir y dignificar la existencia de los habitantes de las misiones y guarniciones, al lado de las que surgían pueblos. Se transportaba semillas, plantones, aperos, herramientas, armas, libros y cualquier tipo de enseres que pudieran ayudar a hacer la vida un poco más amena y menos complicada. El viaje constituía una aventura épica. El Camino Real de Tierra Adentro era un trayecto de casi tres  mil kilómetros con tramos sin ruta fija, cuya culminación podía durar más de seis meses, pues las crecidas de los ríos que había que vadear podían retrasar durante semanas la marcha, hasta que descendiera el nivel de las avenidas; las dunas atascaban las ruedas de los carromatos. Bandas de ladrones esperaban los momentos propicios para asaltar viajeros y rebaños; tribus de indios no sometidos buscaban el botín entre los animales, sobre todo caballos, aunque no desdeñaban el rapto de personas. Animales salvajes, hienas y lobos seguían en acecho a viajeros y rebaños. Llegados a El Paso, cruzaban el Río Grande, y al poco, se iniciaba la Jornada del Muerto, cien kilómetros de secarral sin una sola fuente, que sometía a duras pruebas a personas y animales. Al llegar a Santa Fe, la caravana se dividía y tomaba por diversos caminos, como el de Los Adaes o el de Tejas. La Corona promocionaba el viaje a fin de no desamparar a los indios ya evangelizados, y los viajantes recibían un lote de tierra, el acceso a la hidalguía y el poder usar el don ante el nombre propio.

RECUERDA:

Por bien estar, mucho se ha de andar
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste
El cebo es el que engaña, no el pescador y la caña
A quien de mucho mal es ducho, poco bien le basta
Aunque el bien se retrase, si me alcanza, nunca es tarde
Más quiero libertad con pobreza que prisión con riqueza
No hay camino tan llano que no tenga algún tropezón o barranco

 La oveja oro mea: por el lomo echa hilo, por las tetas leche, y por el culo trigo

sábado, 23 de septiembre de 2017

Apostillas al refranero. Caminos y siestas


         ¡Qué perezosos hemos sido los españoles! Tan vagos que hasta –dicen—inventamos la siesta de pijama y orinal…; y sin embargo, una de nuestras preocupaciones primeras en el Nuevo Mundo fue dotar de vías de comunicación estables a las ciudades, para que su vida pudiera desarrollarse en plenitud, de modo que los caminos reales constituyeron una de las prioridades de la política de la Corona en aquellas tierras. Los caminos reales tenían una anchura media de entre ocho y diez varas, de modo que eran transitables para cuadrúpedos y carruajes. El Camino Real México-Veracruz, que unía la capital virreinal con el puerto veracruzano, ya en 1540 era recorrido por unos cien tiros de mulas en las dos direcciones. En su construcción y mejora intervinieron técnicos tan famosos como el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli. En el mismo virreinato, arteria fundamental fue el Camino Real México-Acapulco. El Camino Real de Chiapas conducía de México a Guatemala, y más al sur, nacía el Camino Real de Lima-Venezuela, en el virreinato de Nueva Granada atravesaba los Andes ecuatorianos. El Camino Real del Alto Perú sirvió para unir Lima, la capital peruana primeramente con la ciudad de Córdoba, en Argentina, si bien más tarde se prolongaría hasta la Avenida Rivadavia, en la propia Buenos Aires, con lo que alcanzaría una longitud de casi tres mil kilómetros. Mención aparte merece el Camino Real de Tierra Adentro, ruta de más de 2500 km., que se mantuvo abierta entre 1598 y 1882. Pasaba por regiones muy poco integradas en el imperio español, y zonas de escasa población y a veces poco conocidas, al que dedicaremos otra apostilla. Fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad el 1 de agosto de 2010.

RECUERDA:

Del buen trato nace el ingrato
Quien miel se hace, moscas lo comen
Quien mucho se abaja el culo enseña
Quien se deja cinchar se deja montar
Quien todo es miel cómenlo las abejas
En casa del bueno, el ruin junto al fuego

Viva la gallina aunque sea con su pepita

domingo, 17 de septiembre de 2017

Apostillas al refranero. Bárbaros españoles


         Según la propaganda de los enemigos de España, sobre todo la desarrollada en el mundo entero desde el Siglo de las Luces hasta el pasado siglo de siglas, especialmente por Francia y Gran Bretaña, qué intolerantes, qué inicuos, qué depravados, qué explotadores, qué nefastos y qué nefandos debimos ser los españoles en nuestros comportamientos habidos en todo el Imperio Español, desde su inicio allá por el 1500 hasta su acabamiento allá por los últimos años del siglo XIX. Sí, muy malos…; y, sin embargo, fuimos los primeros en preocuparnos del poblamiento y urbanización de las ciudades: En 1502, el gobernador de La Española, fray Nicolás de Ovando, estimula el desarrollo urbano de Santo Domingo impulsando el mestizaje, legislando la elección de alcaldes y corregidores, organizando el reparto de tierras entre españoles e indígenas. Alonso de Ojeda trazó el plano de la ciudad según la cuadrícula romana: calles en línea recta, manzanas cuadradas o rectangulares, una plaza mayor, centro de la vida urbana, a uno de cuyos lados debía construirse la iglesia mayor y enfrente, el edificio del cabildo. De acuerdo con este esquema se construirían otras ciudades: Veracruz, La Habana, Campeche… En 1535, don Antonio de Mendoza, nieto del Marqués de Santillana, renovó el plan, trazando calles más anchas, que permitieran el paso de carruajes, casas con edificios de poca altura, de modo que recibieran sol abundante y estuvieran bien ventiladas e iluminadas: Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Valladolid fueron levantadas o mejoradas en México según el nuevo plan. En 1573, se decretó el Plan de Ordenamiento Urbano de las Indias en que se prohíbe ocupar asentamientos de indios, se insiste en seleccionar lugares adecuados, tener en cuenta las temperaturas y los vientos dominantes para determinar la orientación y la anchura de las calles. En 1590, Bautista Antonelli creó un plan de urbanismo mucho más completo por orden de Felipe II. Esto solo en el siglo XVI.

RECUERDA:
No hay miel sin hiel
Buscar tres pies al gato
Donde las dan, las toman
Habló el buey y dijo: “¡Mu!”
A palabras torcidas, respuesta derecha
El que dice lo que no debe oye lo que no quiere
La ley del embudo: para mí lo ancho, para ti lo agudo

 Sabiduría probada es tener la lengua refrenada

domingo, 10 de septiembre de 2017

Apostillas al refranero. Nación plurinacional


         El estatuto jurídico que España confirió a los territorios del Nuevo Mundo fue muy diferente al que el resto de los países europeos concederían a los territorios por ellos conquistados. Los territorios españoles no pertenecían a ninguno de los antiguos reinos históricos, sino que estaban unidos a ellos en la persona del rey y de los órganos gubernamentales que compartían. Es decir, tenían los mismos derechos que los territorios peninsulares. Dicho de otro modo: el Nuevo Mundo nunca fue una colonia española: sus habitantes, tanto los peninsulares que allí emigraron desde algún otro reino o territorio español, como los indígenas, fueron siempre tan súbditos de la Corona como lo eran los de cualquier otro territorio español peninsular, insular o europeo. Tan es así, que los reyes crearon un órgano de la misma importancia que el Gran Consejo de Castilla o de otros reinos y regiones, para América: el Real y Supremo Consejo de Indias. Esta amplia concepción y sentimiento de la españolidad se encuentra curiosamente plasmado ya en la Carta de Organización de la Cofradía de la Santísima Resurrección, redactado en la ciudad de Roma en 1580 y que reza así: Siendo esta cofradía propria de la Nación española es necesario que el que huviere de ser admitido a ella sea español y no de otra nación; la qual cualidad de ser español se entienda para el dicho effetto tanto el que fuere de la Corona de Castilla [Galicia, Asturias, León, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Vascongadas, Extremadura, Andalucía y Murcia] como de la de Aragón [Aragón, Cataluña, Valencia] y del Reyno de Portugal y de las Islas de Mallorca, Menorca, Cerdeña e islas y tierra firme de entrambas indias sin ninguna distinción de edad ni de sexo ni de estado. ¡Toma nación de naciones! ¡Toma nación plurinacional!

RECUERDA:
En cada tiempo, su tiento
Aún está el sol en las bardas
Aún está la pelota en el tejado
Nunca dejes el camino por el atajo
Entre todos la mataron y ella sola se murió
En cada legua hay un pedazo de mal camino
Lo que no acontece en un año acontece en un rato
Júntanse los hombres, mas no se juntan los montes

Niña, viña, peral y habar malos son de guardar