miércoles, 9 de septiembre de 2015

Apostillas al refranero. Arte y lección moral


De las cuatro puertas que posee el salón de la Lonja de la Seda, la que me parece más hermosa es aquella por la que se accede desde la Avenida de María Cristina, a la altura de la Plaza del Mercado, y que queda frente a la iglesia de los Santos Juanes, el Bautista y el Evangelista. La portada se halla flanqueada por dos pináculos que se alzan a partir de sendas bocas situadas en sus bases, bocas de las que surgen dos narraciones esculpidas en piedra que refieren el mismo hecho. Pero, aunque se trate de idéntico asunto, las narraciones no coinciden exactamente en los detalles expresados, tal vez porque uno de los narradores miente descaradamente o quizá exagere en determinados aspectos, lo cual es también un modo de faltar a la verdad. Sea como fuere, estimo que lo que se ha pretendido es extraer una lección moral a través de una obra artística aun siendo un edificio de carácter civil. Y en aras a esa lección, en el tímpano que preside la puerta, la Virgen y el Niño parecen dirimir la posible controversia que la distinta versión pudiera haber creado. Y me pregunto: ¿Realmente serían los mercaderes permeables a las enseñanzas grabadas en la piedra?

 
RECUERDA:

 
La verdad es hija de Dios
Los refranes son evangelios chiquitos
La verdad, como el olio, nada en somo
La verdad tiene fuerza, porque no quiebra
La verdad es amarga: quien la dice no medra
La verdad adelgaza, pero no quiebra su hilaza
Para verdades el tiempo, y para justicias, Dios
Los refranes son hermanos bastardos del Evangelio
No se menea la hoja del árbol sin la voluntad de Dios

 Verdad de Pero Grullo, que a la mano cerrada la llamaba puño

 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Apostillas al refranero. Catalina y Micalet


            ¡Qué orgulloso se sintió el Micalet allá por 1424 cuando, colocada oficialmente por los canteros la última piedra, vislumbró desde la atalaya de su azotea las cúpulas de cerámica azul de  las cercanas capillas y  fue consciente de que sobrepasaba a todas las torres, tanto las aledañas como las más lejanas! Satisfecho, respiró hondo, rey y señor indiscutible de las alturas de la ciudad. Pasaron los días y los meses y los años; y casi dos siglos y medio pasado habían, cuando a finales del XVII, de la iglesia de santa Catalina y sobre los tejados del antiguo barrio musulmán del comercio comenzó a emerger una esbelta torre exagonal que, como caña de trigo, creció rápidamente ante los ojos del Micalet; y al tiempo que su esbeltez, elegancia y belleza femenina hicieron enternecer las entrañas del vetusto torreón, lo llenaron de inquietud y lo sacaron de sus casillas, pues la nueva torre, con la cúpula alzada sobre su terraza, la bola metálica y la veleta, lo sobrepasó nada menos que en cinco metros. ¡Había perdido el liderazgo mantenido durante tanto tiempo! Enamorado hasta los tuétanos de aquella increíble maravilla barroca, tan ornamental, tan estilizada, tan delicadamente femenina, tan profusamente rica, la piropeaba y galanteaba; mas, como sintiera hondamente herido su orgullo, trabajó en secreto para que, sin que ella lo advirtiera, pudiera él recuperar la primacía perdida. Y tanto, tanto, tanto insistió que allá por 1727, le colocaron sobre la terraza, una espadaña que, a modo de cresta, le devolvió la prioridad. Y sin mayores problemas, hasta el día de hoy continúa el idilio de la sutil torre de santa Catalina y el compacto Micalet.

 
RECUERDA:

 
La hermosa al desdén parece bien
La hermosa abrasa con solo mirarla
Dile que es hermosa y se volverá loca
A la moza lozana, hechos y no palabras
Hombre apasionado no quiere ser consolado
Si la morena tiene gracia, más vale que la blanca
Cabra que tira al monte no hay cabrero que la guarde
Si la mozuela fuere loca, anden las manos y calle la boca

 Quien a lo feo ama, bonito le parece

jueves, 27 de agosto de 2015

Apostillas al refranero. La cacatúa chismosa.


             La Plaza del Mercado de Valencia es una encrucijada que rezuma datos cargados de historia. Fue cementerio islámico hasta el siglo XIV, extramuros de la ciudad. Absorbido después por la urbe, se instaló en él la picota, lugar donde se ajusticiaba a los condenados, hasta el siglo XIX. Al mismo tiempo sirvió como palenque para la celebración de justas y torneos primero, y más tarde como coso en que los caballeros alanceaban reses bravas. En el espacio donde había estado situado el convento de la Magdalena se alzó el llamado Mercado Nuevo, derruido a finales del siglo XIX y sustituido por el Mercado Central, construido entre 1915 y 1928.  El centro de este edificio modernista es una cúpula de treinta metros de altura, de metal forjado y vidrio emplomado, decorada con cerámica de color azul y productos de la huerta valenciana, especialmente limones y naranjas. La figura más conocida es la cotorra del mercat, situada como veleta sobre una corona dorada, que atisba con penetrante mirada amarilla cuanto en el mercado se ofrece y cuanto en él y en los lugares aledaños acontece; y cuentista, murmuradora, chismosa, cotilla y cizañera pregona a los cuatro vientos cuanto detectan sus orificios nasales, sus oídos y sus negras pupilas.

 
RECUERDA:

 
La murmuración, aceituna es de postre
Diga mi vecina y tenga mi costal harina
El ruin de Roma, en mentándolo, asoma
Si bien bailo o mal bailo, mi cuerpo solazo
Tijeras malas hicieron a mi padre boquituerto
Mal me quiere y peor me querrá al que dijere verdad
Bien me quieren mis vecinas porque les digo mentiras
Mal me quieren mis comadres porque les digo verdades
Va la moza al río: no cuenta lo suyo y cuenta lo de su vecino

 La murmuración se pasa y la hacienda se queda en casa

viernes, 21 de agosto de 2015

Apostillas al refranero. Gárgolas, arremangamientos y procacidades


            Si por su belleza y elegancia la Lonja de la Seda y Consulado del Mar es símbolo arquitectónico de Valencia, es también suma iconográfica de cuanto podemos hallarnos en la sociedad, no solo de lo bueno sino también de lo malo, de lo aceptable y de lo reprobable. En los monumentos góticos, las gárgolas han sido siempre, incluso en las catedrales, lugares preferidos por los canteros para desahogar sus fantasías, dejar volar su imaginación, plasmar sus osadías, irreverencias y procacidades. Aún recuerdo la visita que hice al edificio un sábado por la mañana allá por los años ochenta con dos compañeros y el jolgorio que nos traíamos con el descubrimiento que hacíamos de desvergüenzas desde una isleta de tráfico de la Plaza del Mercado: la mujer que, pechos al aire, separa la ropa de su saya con las manos para mostrar su entrepierna en tanto ofrece abierta sensualmente su boca; un poco a la derecha, un monje sostiene entre sus brazos un animal medio cerdo, medio delfín, al que está violando en un acto de bestialidad que le provoca hondo placer; más a la derecha, un individuo señala un culo bien formado cuyo ano indica de modo ostensible; otra semeja un monstruo que acaba de defecar y muestra la satisfacción y el alivio que el acto le ha producido. Pero no solo en las gárgolas. También en los dinteles de las ventanas, en las cornisas, en las ménsulas se observan escenas como individuos que lavan el culo a otros que, ligeramente agachados, muestran en perspectiva posterior sus colgantes atributos sexuales masculinos con todo detalle.

 
RECUERDA:

 
Quien mucho se baja, el culo enseña
Una vez que me arremangué, toda me ensucié
El día que no escobé vino a mi casa quien no pensé
Para una vez que me agaché, la fandanga se me vio
El día que no me afeité vino a mi casa quien no pensé
Nunca viene sino cuando meo y me halla arremangada
A quien mucho se arremanga, se le ve el culo y la nalga

 Se tapaba Maricuela y dejaba el culo fuera

domingo, 16 de agosto de 2015

Apostillas al refranero. Torres, campanas y lunas.


          La torre campanario de la catedral de Valencia es conocida como el Micalet (Miguelete) por dar alojo en su terraza a una enorme campana, la Miquel, de 7805 kg., de voz grave, profunda, ronca, cavernosa, que marca el paso de las horas. Torre gótica, octogonal, masculina, maciza, que en las noches serenas de luna llena requiere de amores a la cercana, femenina, espigada, graciosa y esbelta de santa Catalina. El Micalet mide lo mismo de perímetro que de altura (51 metros) y se alza en cuatro cuerpos, con allá por doscientos escalones de ascensión que subí cuando contaba treinta años con mi hija menor en brazos, cosa que no se me volverá a ocurrir hacer jamás. Ocupa el primer cuerpo el comienzo de la escalera. El segundo lo constituye una sala octogonal donde otrora se acogían a sagrado los delincuentes perseguidos por la Justicia. En el tercero tenía su morada el campanero. Exteriormente, esos cuerpos son lisos. El cuarto, que ofrece un ventanal en cada cara y sobre los ventanales filigranas góticas, aloja en el interior once campanas. La más antigua, la Catalina, fundida en 1305 y cuyo peso supera los cinco quintales métricos, y la más moderna, la Bárbara, de 767 kg., colocada en 1681. La más pequeña es la Úrsula, con solo 307 kg., cuya fecha de instalación se ignora, cosa que tiene un poco desconcertada a la campana. La Manuel se instaló en 1437 y reproduce el toque con que se avisaba el cierre de las puertas de entrada a la ciudad en la Edad Media, para que todos se apresuraran y nadie se quedase a la luna de Valencia. En el siglo XVIII en la terraza del Micalet, se levantó una espadaña con el escudo de la ciudad que sirve de soporte también a la san Vicente Ferrer que es la que marca los cuartos y las medias.

 
RECUERDA:

 
A otra cosa, mariposa
A otra rosa, mariposa
No hay caballo sin tacha
Presto es hecho lo que es bien hecho
No existe casa donde no haya ‘¡calla!, ¡calla!’
No está en hacerlo pronto, sino en hacerlo bien
Procure ser en todo lo posible el que ha de reprender irreprensible

 ¡Ojo alerta con la moza y con la puerta!

miércoles, 29 de julio de 2015

Diálogo de besugos

El bajo.--(Muy serio y transcendente, enfatizando bastante, de manera lenta y vocalizando mucho) Si lo que vamos a decir este y el menda sirve de guasa, chunga, cuchufleta, broma, zumba, chanza, burla, chiste, chacota, ludibrio, chirigota, escarnio o puro y mero cachondeo...
El alto.–...Nos veremos en la grave obligación de hacer una íntima relación entre la última función digestiva del hombre...
El bajo.–...Y el árbol genealógico de cada uno de los chungones, sonrientes o carcajeantes aquí presentes.
[Silencio. El bajo pide a un espectador una silla, porque se siente cansado]
El alto.–Y ya sabéis: A signos lingüísticos emitidos por laringes inconscientes, trompas de Eustaquio en el más completo estado de letargo.
El bajo.–O sea: A palabras venenosas, oídos penicilínicos.
El alto.– (Terriblemente serio) Has hecho bien en explicarlo, porque “so capa de letrado hay mucho burro disfrazado”.
El bajo.– (Riéndose) ¡Claro: “Ignorante graduado, asno albardado”!
El alto.– (Lamentándose) ¡Luego te ponen de vuelta y media!
El bajo.–Y no saben nada. ¡No saben ni lo que es una horeja! (Transición) Anda, anda, pregúntales lo que es una horeja.
El alto.–¿El pabellón auditivo externo?
El bajo.– (Remedándolo y con voz de falsete) “¿El pabellón auditivo externo?” Eso sería sin la letra esa que parece una silla y que está de adorno porque nadie la pronuncia. Yo pregunto por oreja (gesticulando)  con la silla.
El alto.– (Hace un gesto de interrogación con la boca, con la cara, con las manos, con el cuerpo) No entiendo.
El bajo.–¡Qué ignorante! ¡Qué mal andas de ortografónica! Una horeja (gesticulando la escritura de hache) son sesenta minutejos.
[Pausa]
El alto.–Y ¿sabes tú lo que es una brújula?
El bajo.–¿La de la flecha que quiere irse al polo norte a esquiar? (El alto deniega con la cabeza] ¿Qué es, entonces, una brújula?
El alto.–Pues una viéjula montada en una escóbula.   
El bajo.--¡Carájola! (Haciendo gestos con las manos como de que se ha pasado en dificultad) Anda que no lo pone difícil el tío este. [Enojado] ¡Ni que fuera una prueba de acceso a la Universidad para mayores de veinticinco años!
El alto.– (Conciliador) Bien fácil te lo voy a poner.
El bajo.– (Frotándose las manos) ¡Venga, dispara!
El alto.–¿Qué es el musgo?
El bajo.– (Se queda viendo visiones y no sabe qué contestar. Al fin, se rinde) No sé.
El alto.–El peluquín de las rocas.
El bajo.–Más sencilla, tío.
El alto.–¿Qué son los mejillones?
El bajo.–¿Los que tienen concha o...?
El alto.– (Cortando rápidamente) Los mejillones del mar.
El bajo.–Pues eso, mejillones; no van a ser mejillas aumentadas.
El alto.–Son almejas vestidas de luto. ¿Y una coliflor?
El bajo.– ¡Esa me la sé! Una verdulera que huele muy mal cuando se cuece.
El alto.–Un cerebro vegetal que nos comemos con ajoaceite.
El bajo.–¿Por qué huelen tan mal los quesos? (Se frota las manos pensando que no va a responder)
El alto.–Porque no se lavan los pies. (El bajo lo mira con la boca abierta y los ojos bizcos) ¿Qué es lo que pone más nerviosa a la ballena?
El bajo.–Que le quiten las barbas para hacer fajas de señoras gordas.
El alto.-No. Que la llamen cetáceo.
El bajo.– Y esta que voy a decir ahora, que la acierten estos, que tanto se ríen. ¿Qué significa la palabra novio? (Desafiante) Venga, listos, a ver, ¿qué? (Si no la aciertan) Pues eso, que  no vio, y por eso se casó; y el que se casa, se empeña; y el que se empeña se casa.
El alto.–¿Por qué se llama horchata la horchata?
El bajo.-Porque se escribe [gesticulando] con la silla, si no se diría orcata. “Orcata de cufa”.
El alto.–No. Le dio el nombre el rey Jaume I.
El bajo.–El del murciélago.
El alto.–Un día de verano con mucho calor salió el rey de su campamento. Se derretía dentro de la armadura, así que al pasar por una alquería, se dispuso a descansar a la sombra de unos árboles frondosos. La hija del dueño de...
El bajo.–Será la hija de la dueña.
El alto.–¿Y qué más da?
El bajo.–Es que nunca se sabe. “Los hijos de mis hijas bien nieticos son; los de mis hijos, lo serán o no”.
El alto.–Bueno, pues la hija del dueño y de la dueña acudió al Rey con un vaso que contenía leche de chufas. El Rey bebió, se relamió el líquido que le había quedado en el bigote y se limpió el que por la barba le caía con el reverso de la mano. Muy complacido dijo (poniendo tono grave y profundo):
         –Qué és açó?
         –(Con voz aflautada) És llet de xufes.
         –Açó no és llet; açó es or, xata.
El bajo.–A ver, ustedes y ustedas, los listos y las listas: ¿Cuántos dientes tiene una cabra atada? Venga, venga, ¿cuántos?
[Silencio]
El alto.–(Si nadie contesta, y, si contesta alguien, lo felicita) Los mismos que desatada.
El bajo.–¡Chivato! (Transición) ¿Qué es la palabra espátula?
El alto.–Una palabra esdrújula.
El bajo.– (Desternillándose de risa)  ¿Y tú te dices valenciano? Es como la paella: pa ella, no pa ti. Pues la espátula “es pa Tula”, la hija de Gonzalo González de la Gonzalera. 
El alto.–¿Cómo se llamaba el hijo de Atila?
El bajo.–¿El hijo de Atila? A lo peor Recesvinto, porque hay padres más brutos que un arao de vertedera.
El alto.–No, hombre, no. Se llamaba Atilanito, el diminutivo de Atila.
El bajo.–¡Claro, el disminutivo! ¡Qué tonto soy! (Se rasca la cabeza) Pregúntame otra vez lo de un hijo de padre famoso, verás como acierto.
El alto.–¿Cómo se llamaba el hijo de Atahualpa?
El bajo.–El hijo de Atahualpa se llamaba..., se llamaba... A-ta-hual-pi...-to. Atahualpito, ¡je! ¡Eso, eso: Atahualpito! ¿Ves cómo lo acerté? (Pausa) ¿Y de qué se ríen estos memos? ¡Vamos, hombre, como si nunca hubieran oído un disminutivo! Pues eso, ¡que lo disminuye, porque es un niño! (Pausa. Tocándose con el dedo la cabeza)  Si ya lo dice el refrán: “Mens sana in corpore insepulto”.
El alto.– (Corrigiendo) “Mens sana in corpore sano”.
El bajo.–Pues eso, “no por mucho tempranar amanece más madruga”.
El alto.–”No por mucho madrugar amanece más temprano”.
El bajo.–¡Oye tú, que una cosa es creer en Dios y otra ser amigo del cura! ¡Y yo me desamigo en un decir Jesús! ¡Eres un sacafaltas! ¡No te fastidia el marisabidilla este? Además, “a equino donado, no le periscopees el incisivo”.
El alto.–”A caballo regalado no le mires el diente”.
El bajo.– (Fuera de sí) ¡¡¡Recojoñobrones!!! ¡Que no soy tonto!
El alto.–Tienes razón, que para ser tonto, hace falta mucho impulso, mucho trabajo: Primero, es necesario ser un adoquín, un adobe o un arado de vertedera. Segundo, hay que convertirse en un cebollino, un melón, un alcornoque o un boniato. Y tercero, es necesario parecerse a un burro, un asno, un rocín, un pavo, un bruto o una bestia. Total, que para convertirse en un pansinsal, (vocalizando cada vez más) en un sansirolé; en un pavisoso, en un pazguato, en un bodoque, en un papanatas; en un zoquete, en un mameluco, en un mastuerzo, en un babieca; en un obtuso, en un gili... y lo otro, en un zopenco es necesario demasiado esfuerzo. Y Tú eres Bartolo, el as de los vagos.

 

domingo, 26 de julio de 2015

Apostillas al refranero. Con dinero, lo que quiero


            Cuando un profano como yo en economía, historia, o arquitectura valenciana visita el edificio de la Lonja de la Seda y el Consulado del Mar, conoce los datos de la construcción y se informa de la historia de Valencia en la época, extrae una serie de conclusiones. Desde el punto de vista económico, el Consejo General de la Ciudad debió contar con dinero a espuerta, dadas las expropiaciones que hubieron de hacerse y el poco tiempo que tardaron en construir el sorprendente y magnífico edificio civil. Desde el punto de vista arquitectónico es una hermosísima construcción gótica dividida en tres cuerpos: la Sala de Contratación, el torreón y el Consulado del Mar, este ya con numerosos elementos renacentistas. La bellísima Sala de Contratación está sostenida por ocho esbeltas columnas centrales de más de 17 metros de altura, que despliegan quince bóvedas de crucería que se apoyan en otras dieciséis columnas empotradas en los muros laterales. Al torreón central se asciende por una escalera de caracol cuyos peldaños se sujetan en el muro exterior, así que da la sensación de carecer de eje central. Tiene tres pisos: el primero fue utilizado como capilla y los superiores como cárcel de los mercaderes que se declaraban fraudulentamente en quiebra. Desde el Patio de los Naranjos se accede al Consulado del Mar, en cuya planta primera se reunía el Tribunal de Comercio. Y desde el punto de vista histórico, el traslado de la corte de Alfonso el Magnánimo a Valencia; la floración de poetas y novelistas, con figuras como Jordi de Sant Jordi, Ausiàs March, Joan Roís de Corella, Joanot Martorell, Jaume Roig; el depósito de obras pictóricas en palacios y conventos; el desarrollo urbanístico; el crecimiento demográfico; el auge de la industria marítima, convierten a la ciudad en un emporio envidia de todo el Mediterráneo.

 
RECUERDA:

 
Dinero llama a dinero
El dinero todo lo puede
Dádivas quebrantan peñas
El dinero hace bailar al perro
Si quieres tener dinero, ahorra
Vase el dinero como el mozo a pasas
Dineros hayas que saber no es menester
El dinero es como los ratones, en oyendo ruido se esconde
Un asno cargado de oro parece mejor que caballo enjaezado

 Hartas riquezas tiene quien más no quiere