jueves, 7 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Remedios


            ¡Hay que ver la que se armó el día en que la Organización Mundial de la Salud dio a conocer su informe acerca de que las carnes rojas y las procesadas favorecían la aparición de determinados tipos de cáncer! Pero, bueno, ¿a qué viene clamor tan plañidero? Hombre, ni tanto ni tan calvo. La OMS advierte,  como es su obligación, y como cualquier institución humana puede acertar o equivocarse en sus pronósticos tal como se equivocó hace tiempo con la dichosa gripe aviar y la pandemia que iba a provocar, que nos trajo en jaque durante todo un año, pero que, como nunca llueve como truena, se quedó, gracias a Dios, en agua de borrajas. Lo que sucede con las carnes es que, además de haber muchos intereses económicos de por medio, además de que un dieciocho por ciento de los gases de efecto invernadero relacionados con el calentamiento global proceden de los animales que producen esas carnes, estamos asustadísimos porque tenemos un miedo horroroso al dolor y a la muerte. La vida media de los españoles es de las más longevas del mundo, pasa de los ochenta y dos años. ¿Queréis que muramos aún más viejecitos? ¿Queréis que las enfermedades cerebrales se apoderen de nosotros que el alzheimer, por ejemplo, nos alzheimeree bien alzheimerados, lesionando nuestras neuronas, llenándonos de placas seniles, transformándonos en plantitas? Para dejar de estar asustados y para no enfadarnos con la OMS os voy a brindar unos cuantos remedios paremiológicos que espero os hagan siquiera sonreír.

 RECUERDA:

 Con gota, ni gota
Quien mal padece, mal parece
El mal del ojo, cúralo con el codo
Al dolor de cabeza, el comer lo endereza
El mal de vientre no se cura con agua caliente
No se sienta seguro quien tiene mal en el culo
Cuando te dolieren las tripas, hazlo saber al culo
Dolor de cabeza quiere manjar, dolor de vientre quiere cagar

 Quien tiene dolencia abra la bolsa y tenga paciencia

 

sábado, 2 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Esfuerzo y cambios


            En las primeras décadas del siglo XX, Valencia asciende decididamente a la modernidad. El estallido modernista se manifiesta en una serie de calles, como la de la Paz, cuyos edificios se destinan esencialmente a viviendas para la burguesía acomodada, y en construcciones públicas, como el mercado Central, el de Colón o la Estación del Norte. Es la época en que tienen también lugar dos hechos inolvidables: la Exposición Regional de 1909 y la Nacional de 1910. La primera refleja el cambio experimentado por la región y el desplazamiento que se ha producido desde la tradición agrícola a las industrias más diversas, con el robustecimiento y ampliación de la del mueble, la modernización de la de tejidos de lana, algodón y cáñamo; la mejora de la del calzado y la de productos químicos, y la transformación de la del hierro y del acero. Al mismo tiempo, las Bellas Artes vuelven a lucir con gran esplendor de la mano de figuras como Joaquín Sorolla, y los Benlliure. Vicente Blasco Ibáñez ambienta sus obras narrativas en tierras valencianas, y se convierte en el más universal de los escritores regionales. La ciudad se extiende hacia el oeste con un ensanche trazado por Francisco Mora Berenguer, y también hacia el sur con calles más anchas y manzanas de casas achaflanadas que se llegarán hasta las cercanías del convento de Monteolivete, siempre en un constante devorar terrenos de huerta fértil. Comienza también a trazarse el Paseo de Valencia al Mar, hoy avenida de Blasco Ibáñez, cuya anchura media entre aceras llegaba nada menos que a los cien metros.

 
RECUERDA:

 
El molino andando gana
Obra hecha, dinero espera
Lo que mucho vale, mucho cuesta
Cada uno cobre según lo que obre
La obra alaba o condena al maestro
Mejor se guarda lo que con trabajo se gana
Para sacar buen brillo, poco betún y mucho cepillo
El esfuerzo en la desesperación crece y dobla el corazón

 Duerme, Juan, y yace, que tu asno pace

domingo, 27 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. De cenas e indigestiones


            Entrar en el Mercado Central de Valencia supone una excitación constante de los sentidos. La luz entra a raudales de la cúpula majestuosa y de una serie de rosetones, inundando de claridad meridiana el recinto. Entrando por la puerta que mira a la Lonja, los puestos se alternan sin un orden definido, de modo que en los mostradores encontramos al lado de un puesto de verduras una bollería que muestra apetitosas tortas de pasas y nueces. Solamente los pescados y mariscos poseen un espacio independiente, el más cercano a la iglesia de los santos Juanes. Si la luz lo llena todo, el color estalla en rica gama que va de la albura del puerro, al arrebol de pimiento rojo; del verde claro de los cogollos de lechuga al oliváceo de las aceitunas majadas de los encurtidos; del bermejo cárdeno del jamón al rosa carne doncella de las pechugas de pollo. La pituitaria es atraída por una serie de sensaciones, efluvios y fragancias: En la zona de pescadería y marisquería huele a mar, a pescado recién llegado. En el resto, la combinación de aromas provoca un constante husmeo de la nariz ante la variedad de fragancias: quesos Manchego, de Grazalema, del Tronchón, de Cabrales, de Biescas, de La Nucía, de Cantó, del Casar, de Cebreiro, del Roncal, de Burgos, de Valdeón; jamones de Huelva, de los Pedroches o de Guijuelo, de la Dehesa, de Jabugo, de Trevélez. Huele a campo abierto, a tomillo, a romero, a orégano, a albahaca, a espliego. Sufre el sentido del gusto, porque la vista y el olfato le transmiten sensaciones que le provocan constante insalivación, porque, como su despertar es virtual, solo en promesa, la saliva afluye a las glándulas en gran abundancia y se ve uno obligado a tragar constantemente, así que, aprovechando el sugestivo aspecto que ofrece una tartaleta en un expositor, la compro y la paladeo y me relamo para acabar con la rebelión gástrica.

 RECUERDA:

 La buena cena de beber comienza
Más mató la cena que sanó Avicena
Por mucha cena no hay noche buena
Caracoles en cestos resultan indigestos
Aceituna, una, y si es buena, una docena
Una aceituna es oro, dos plata, tres matan
De grandes cenas están las sepulturas llenas
Si quieres enfermar, cena mucho y vete a acostar
Puerco viejo y vino nuevo, cristianillo al cementerio
Cenas, soles y magdalenas tienen las sepulturas llenas
Si a tu marido quieres matar, dale carnero asado a cenar

 Quien mucho traga, mucho caga

lunes, 21 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. Abonos, siembras y nueces


            A veces, cuando en las largas temporadas que por razones familiares me veo obligado a pasar en Madrid, no dispongo de la información que necesito, así que recurro a un primo de mi mujer, excelente amigo, que me la brinda de primera calidad aunque haya de pasar, como don Quijote, las noches de claro en claro. Y esta apostilla es una de esas circunstancias. Gracias, Ángel. Me preguntaba yo por qué si la infusión de hojas de nogal era tan buena para el tratamiento de los sabañones; por qué si se empleaba con tantísimo éxito como astringente; por qué si la nuez es tan loada en el Antiguo Testamento, ya que “quita y corrige el aliento hediondo, clarifica la vista, conforta el estómago y digiere el manjar; expele las ventosidades y aprovecha a las máculas del rostro”; por qué, insisto, nuestros mayores aconsejaban permanecer el menor tiempo posible bajo un nogal y no quedarse jamás dormido a su sombra. Ya Plinio advertía que su sombra es “densa y causa dolor de cabeza en el hombre y daño en cualquier otra planta de su vecindad”. Parece ser que, en efecto, las hojas y la corteza exterior que recubre la nuez hasta que madura contienen gran cantidad de taninos y pueden afectar a las personas, provocándoles dolores de cabeza, malestar gástrico e incluso vómitos. En cuanto a su fama de enemigo de otras especies arbóreas, se ha comprobado que, en efecto, produce unas sustancias denominadas juglonas que almacena esencialmente en las raíces y que utiliza para anular el crecimiento de otros vegetales. Teniendo en cuenta las dificultades que lo rodean en su nacimiento y desarrollo y las que padece para multiplicarse, que tarda además veinte años en dar fruto en plenitud, no es extraño que los pobrecitos se defiendan. La nuez, en cambio, reduce el LDL, el colesterol malo, el riesgo de infarto y de angina de pecho, aumenta la elasticidad arterial, rebaja la hipertensión, mejora la artritis, los dolores reumáticos… Suma y sigue.

RECUERDA:

 A falta de reja, culo de oveja
Año de nueces venga mil veces
Siembra en polvo y tendrás cogolmo
Siembra con llovido y escarda con frío
Siembra quien habla y recoge quien calla
Siembra trigo en barrial y pon la viña en cascajar
Siembra temprano: si te engañas un año, acertarás cuatro
La tierra negra el pan lleva, que la blanca, por las paredes anda

 Dijo el ajo: ‘Siémbrame en febrero, aunque me metas en un agujero’

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. Emprendedores


          Una de las épocas en que la ciudad de Valencia acomete gran cantidad de reformas urbanas se inició hacia 1840 patrocinadas y favorecidas por don José Campo. Llegado a la condición de alcalde cuando solo contaba 28 años, centró su joven energía en modernizar la ciudad y en procurar que los avances del progreso industrial, tecnológico y financiero se pusieran al servicio de la urbe. Se empedraron las calles, se hizo desaparecer los callejones, mediante un trazado racional de los edificios. Se creó la primera línea regular de barcos de vapor que enlazaba Valencia, Tarragona y Barcelona en 1836; en 1844, se iluminó con farolas de gas la zona de la Glorieta; se creó una Caja de Ahorros con carácter asistencial, y en 1846 se funda la Sociedad Valenciana de Crédito y Comercio. Poco antes se había trazado el primer tramo de la línea de ferrocarril Valencia-Grao. Más tarde se dará comienzo a las obras del puerto. Por aquel entonces se inicia la instalación del suministro de agua potable, gracias a la contribución del canónigo Mariano Liñán, quien consignó en su testamento una parte de sus bienes a la Sociedad Valenciana para la Conducción de Aguas Potables. En 1850, en la Plaza del Negrito, se inauguró la primera fuente pública de la ciudad. Don José Campo es conocido entre los valencianos como el Marqués de Campo y tiene una calle dedicada a su nombre en la zona de Extramuros, muy cerca de la plaza de Jesús, por detrás de la clínica Virgen del Consuelo, más que calle, callecita; y pienso que no hace honor a tan alto prócer.

 
RECUERDA:

 
Quien trabaja tiene alhaja
Para las ocasiones son los doblones
Sea milagro y hágalo no importa qué santo
El cuerdo nunca está satisfecho de lo hecho
Si el sol me alumbra, no he menester la luna
Si no es en esta barqueta, será en la que se fleta
Lo que has de hacer hoy no lo dejes para mañana
La nave que ha buen viento arriba pronto a puerto

 La campana no va a misa, pero avisa

viernes, 11 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. Honra a los tuyos


            En el año 1953 cambiaron los planes de estudios de Bachillerato español. Se estableció un Bachillerato Elemental de cuatro años, tras el que se obtenía  el título si se aprobaba la reválida correspondiente; y el Bachillerato Superior, de dos años y, claro está, la reválida. Para acceder a la Universidad era necesario cursar el  ‘preu’. Las opciones eran: seguir enseñanza oficial en un instituto de enseñanza media, en una capital de provincia, asistiendo como alumno oficial a las clases que en sus aulas se impartían; seguir la enseñanza colegiada en centros que estuvieran autorizados y que se hallaban adscritos a los institutos, aunque eran totalmente autónomos; y cabía una tercera opción, seguir la enseñanza libre, es decir, el alumno se preparaba por su cuenta y riesgo e iba a rendir cuentas al instituto en unos exámenes que solían celebrarse en mayo y junio. Era la opción de quienes no residían en la ciudad y carecían de medios económicos suficientes para costearse un colegio o vivir en una pensión. Hice el ingreso en el año 1954. Mis padres vivían en un pueblecito a sesenta y dos kilómetros de la capital, así que, llegada la época de exámenes, a eso de las siete y media de la mañana tomábamos el coche correo, conocido también como coche de punto para hacer el trayecto en el que tardábamos alrededor de dos horas y media, pues en esos días los vehículos iban atestados de examinandos y acompañantes que residirían unos días en alguna pensión o en la casa de algún familiar. Yo tenía la suerte de tener varios hermanos de mi madre, que nos cedían encantados una habitación y se ponían a nuestra disposición hasta en lo más nimio, como el acompañarte y el calmarte cuando a la vista del instituto, el corazón parecía que se te iba a escapar del pecho. ¡Cómo lo he recordado después en mi vida y cuánto lo he agradecido!

 
RECUERDA:

 El hermano, para el día malo
Por donde vayas, de los tuyos hayas
Quien tiene madre, muérasele tarde
La riña de hermanos es agua de manos
Con mal o con bien, a los tuyos te atén
El que a los suyos se parece honra merece
Quien tiene madre en la putería no es huérfano
Quien mal quiere a los suyos no querrá bien a ninguno

 Parientes y trastos viejos, pocos y lejos

lunes, 7 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. Valencia y la seda


            En la Guerra de Sucesión a comienzos del siglo XVIII, el Reino de Valencia abrazó la causa del archiduque Carlos de Austria. Tras la derrota de Almansa el 25 de abril de 1707, Felipe V decretó la abolición de los Fueros de Valencia. Acabada la contienda, el auge de la industria de la seda supone una mejora en las condiciones de vida de la población, gracias a un gradual y constante crecimiento económico. A medida que el siglo avanza se fue incrementando el número de telares y, como es lógico, creció también el de obreros dedicados a esa actividad. Se considera que en 1786 el número de telares es superior a tres mil quinientos y el de trabajadores del ramo asciende a seis mil quinientos. A finales de siglo, Valencia contaba con más de cinco mil telares. Ello supuso la plantación masiva de moreras que se extendieron por caminos y acequias. Denominaciones como el Camí de les Moreres no son de extrañar. En gran medida, el artífice de tan espectacular y tan rápido crecimiento de la industria fue Joaquín Manuel Fos, quien, nombrado inspector general de la industria sedera del Reino de Valencia, se disfrazó de obrero de la seda, se trasladó a Francia y en la ciudad de Lyon aprendió las nuevas técnicas del tratamiento que a su regreso enseñó en los talleres valencianos. Lo curioso es que por aquella época el sistema de regadío empleado en la huerta valenciana gozaba de tan gran prestigio entre los expertos europeos que muchos de ellos acudían a estudiar su funcionamiento para aplicarlo en sus países.

 
RECUERDA:

 
A quien madruga, Dios lo ayuda
Madruga y verás, busca y hallarás
Tardío anochecedor, mal madrugador
Madruga: verás y vivirás; trabaja y tendrás
Quien primero se levanta, primero se calza
El salir de la posada es lo peor de la jornada
El que se levanta tarde ni oye misa ni come carne
Si quieres tener buena fama, no te dé el sol en la cama

 Lo que no se empieza nunca se acaba