domingo, 9 de octubre de 2016

Apostillas al refranero. Ni tanto ni tan ralo


            Desde el balcón de mi casa que mira a un parque infantil, a la hora de la salida de los cuatro o cinco colegios que hay en los alrededores, oigo a la chiquillería desfogarse con chillidos tan agudos que entran hasta los rincones recónditos del cerebro, mientras observo con envidia las veloces idas y venidas, las ascensiones y saltos a y desde los aparatos instalados por el Ayuntamiento. Y me sorprende también la pasividad de los padres ante actos incívicos contra el mobiliario donde los críos ejercitan sus cuerpos. No estoy en contra de que los niños se recreen y diviertan a lo grande, todo lo contrario, siempre que se respete a los demás usuarios y a los propios aparatos que ayudan a la diversión. Pienso, no obstante, que los primeros y principales educadores de las criaturas son los padres, quienes deben enseñarles que tienen derechos, pero también deberes, es decir, responsabilidades que aumentan a medida que crecen y sus mentes se desarrollan. Los padres son los que han de concienciarlos del valor y la necesidad del 'no' en determinadas circunstancias. De nada servirá que en el colegio los enseñen a convivir, a desarrollar sus facultades intelectuales y morales si la familia pasa de ello o, lo que es peor, se dedica a hacer labor de zapa. Si consideramos a nuestros abuelos errados por rígidos y nos reímos del contenido de ciertos refranes, nuestra pasividad al permitirles el exceso de tecnología, por ejemplo mientras se sientan a la mesa, puede ser tan nefasta como la denostada rigidez.

 
RECUERDA:

 Al hijo malo, pan y palo
Al niño y al mulo, en el culo
Al hijo gastador, barro en la mano
Quien tiene un hijo solo hácelo tonto
Hijo malo más vale doliente que sano
Celo y enseño, del mal hijo hace bueno
Ceño y enseño, del mal hijo hace bueno
Al hijo querido, el mejor regalo el castigo
 
 Aunque vestido de lana, no soy borrego

domingo, 2 de octubre de 2016

Apostillas al refranero. Tres arcángeles


El equinoccio de otoño (23 de septiembre) es en nuestra tierra una época de tormentas frecuentemente violentas. Seis días después, el 29 del mismo mes, se celebra en Occidente la fiesta de tres de los cuatro arcángeles: san Miguel, san Gabriel y san Rafael. Mî Ka Él significa “¿Quién como Dios?”, grito de guerra del arcángel al enfrentarse con Luzbel, Lucifer, el ángel caído. Gabriel significa “Dios es mi fuerza”, y es el ángel mensajero por excelencia. Rafael, “Dios cura”. Es el arcángel que ayuda en la desgracia. El más popular y conocido de los tres es san Miguel, cuyo nombre casi ha eclipsado el de los otros dos como titulares del día 29. Se trata de una época del año en que los últimos frutos han madurado ya y están a punto para su recogida. Era también la fecha elegida para la finalización de los contratos agrícolas. Puesto que meteorológicamente es una etapa crítica, la tradición popular la ha elegido para numerosos refranes que hacen alusión incluso a épocas posteriores, desde el veranillo de san Miguel hasta la Navidad.

 
RECUERDA:

 
La buena miel, por san Miguel
Por san Miguel, el calor se va al cielo
Si llueve por san Galo, llueve cien días
Por san Miguel, cualquier trozo sabe a miel
Octubre siete lunas cubre, y, si llueve, cubre nieve
Tramuntana per sant Miquel, tot l’any miraràs al cel
Si hace bueno por san Galo, hace bueno hasta Navidad
Cuando el Ángel se moja las alas, llueve hasta Navidad

 Por san Simón muere la mosca y el moscón

martes, 27 de septiembre de 2016

Apostillas al refranero. Vocación


            Desde niño me inculcaron con la palabra y con el ejemplo el respeto a los mayores, el amor a los semejantes y el desapego al dinero. En la Universidad entendí y decidí lo que deseaba que mi vida fuera: educar, formar y preparar a los jóvenes que buscaban acceder a los estudios universitarios, entregándoles lo mejor que en mí había. Cuando cumplía con la obligación del servicio militar, un día, en los tediosos de la canícula en un campamento militar en El Ferral, en León, en una clase teórica, un teniente jovencito sostuvo que ni él ni ningún militar, lo mismo que profesor alguno llegarían jamás a ser ricos, entendiendo la palabra en el sentido crematístico; sin embargo, poseerían la satisfacción de haber entregado lo mejor de sí a quienes con ellos se hubieran formado. Me agradaba aquella persona por su comprensión hacia los reclutas y por lo consecuente que era en su actuación respecto a sus ideas; mas a partir de ese día sentí admiración por él, y, aunque no he vuelto a saber nada de su vida y ni siquiera recuerde su nombre, lo he sentido siempre muy cercano pues sus ideas corroboraban las mías. Y, supongo que, como yo, se entregaría de lleno a su tarea. Y, por tanto, pienso que, como yo, tampoco él se ha preocupado jamás de aspectos materiales más que los necesarios para satisfacer las necesidades familiares; que nunca ha evadido capitales en paraísos fiscales del Caribe, ni en Bermudas, ni en Caimán ni en las Vírgenes, ni en Panamá, ni en la Dominica o en Granada; ni siquiera en Mónaco, Lienchtenstein o Gibraltar; y mucho menos en Omán, Bahrein, Macao o las Marianas; y ya ni pensar en las Fiji, las Cook o las Solomon. Ni en dólares, ni en activos inmoviliarios, ni en obras de arte. Porque, como afirmó aquel día, sus valores están por encima del tener y poseer.

 
RECUERDA:

 Más vale rico pobre que pobre rico
La riqueza es vecina de la soberbia
No crece el río sólo con agua limpia
Rico es el que nada tiene y nada desea
Paga lo que debes y sabrás lo que tienes
De rico a soberbio no hay un palmo entero
Hartas riquezas tiene quien más no quiere
¿Qué mejor almohada que no saber del mañana?

 Bien predica fray ejemplo sin alborotar el templo

domingo, 18 de septiembre de 2016

Apostillas al refranero. Fertilidad


            Una de las cosas que más ha preocupado a los seres humanos a lo largo de los tiempos ha sido la fertilidad, en los campos, en los animales, y sobre todo la de la propia especie. La esterilidad era considerada una maldición atribuible a múltiples causas. Nuestros antepasados remotos culparon durante siglos y siglos a la mujer del problema, así que en ellas había de provocarse el remedio a fin de conseguir la fertilidad. En Aragón, los remedios propuestos fueron variopintos. Uno de ellos era las piedras: En el Montsec, entre Aragón y Cataluña, existen fósiles coralinos, unos, los cyclolites, con forma de vulva, y otros, las placosmilias, con forma de falo. Las parejas con problemas de fecundidad acudían a ese monte. Cada uno recogía los fósiles correspondientes y adecuados y después se unían. Otra solución era que la mujer entrara en contacto con rocas faliformes, puesto que provocaban el amor y remediaban a las estériles, como los mallos de Riglos, agujas enormes cuyos trescientos y pico metros de altura miran con desprecio no solo el tamaño del caserío sino el de la torre de la iglesia que se alza a sus pies. En Daroca, en el lienzo de la muralla, se halla la picha de Sansón, y en Alcalá de la Selva, Teruel, se dice que la roca conocida como Piedra del sapo potencia la sexualidad a quienes la golpean tres veces en noche de luna llena.  También las aguas pueden remediar la infertilidad, sobre todo la de fuentes cercanas a ermitas. Y si no se encontrara la solución por estos métodos, cabría recurrir a los saltos de la novia, una especie de danzas rituales que se llevaban a cabo en determinadas fiestas, como santa Águeda, o al roce con aldabas fálicas como las de la zona de Ribagorza, que se deben tocar, retocar y sobar hasta la saciedad. En fin, por intentarlo que no quede.

RECUERDA:

Venus duerme si Marte vela
Sea marido y sea el grano de mi hijo
Vos desnuda y yo en bragas, esas me hagas
A la mujer casada y casta, el marido le basta
Ni tan vieja que sea estéril ni tan moza que retoce
A la preñada, hasta que para, y a la parida, cada día
A la mujer preñada, besarla, y lo demás, hasta que para
Una vez es escasez, dos gentileza, tres valentía, cuatro bellaquería

 El vivir templadamente hace sana y rica a la gente

lunes, 12 de septiembre de 2016

Apostillas al refranero. Encortamiento


            Una de las creencias populares más chocantes en ciertas zonas aragonesas era el encortamiento, pronunciado coloquialmente como ‘incortamiento’. Consiste en ligar a un miembro del matrimonio recién contraído o a los dos, es decir en usar algún maleficio contra los recién maridados a fin de hacerles imposible la procreación. Claro está, los agentes del encortamiento eran siempre alguna bruja o brujón, que actuaba conforme a lo que alguien, que quería mal a los casados, deseaba. Para encortar al novio se podía anudar su pañuelo sin que él lo supiera. Podía también ligarse a los casados haciendo un nudo en el colchón con un cordel o simplemente colocando una cuerda anudada bajo la almohada. Parece ser que con desanudarlos, se acababa el encortamiento, pero, claro, el problema era saber dónde residía el mal; porque imaginaos que un encortado estuviera en la cama y se fuera a subir a ella el otro, y se encontrara con que el ya encamado se fuera al suelo quisieras que no, de modo que no pudieran estar juntitos ni a la de tres. ¡Qué terrible! Convenía, pues, prevenir el encortamiento. Para ello cabían distintas soluciones como que el novio y la novia llevaran el día de la boda una moneda de plata en el zapato a fin de que las brujas se chincharan y no pudieran actuar. La moneda de plata podía también colocarse en el traje de la novia, incluso podía evitarse el ser ligados con las tartas de la boda: primero comía la novia lo que le apetecía de la ración que le tocaba y el novio acababa lo que ella dejaba. En el peor de los casos, existía un método tan efectivo como los otros, aunque más complicado y espectacular que era entrar a la novia en el nido de los recién casados no por la puerta sino por una ventana o por el balcón.

RECUERDA:

En casa del ruin, la mujer es el alguacil
En la boda, quien menos come es la novia
Ahora que tengo potro pongo la vista en otro
Dichoso el golondrino que habita en su nido
Ten a tu esposa cariño, y las manos en los bolsillos
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido
Los que duermen en el mismo jergón acaban siendo de la misma opinión

 Si buscas mujer y no dama, que no tenga ni buena ni mala fama.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Apostilas al refranero. Alquézar III


            Y allá en lo alto de la cresta rocosa, dominando los cañones del Vero y protegiendo el caserío que se extiende a sus pies, rodeado por murallas almenadas, se encuentra el conjunto que forman el antiguo castillo medieval, del que se conserva un torreón y algunos lienzos de muralla, y la colegiata, levantada en el siglo XVI sobre el antiguo templo románico, del que solo queda parte del atrio, decorado con capiteles con escenas de episodios narrados en el Génesis. Es la colegiata un templo de una sola nave, con bóvedas de crucería estrellada y altar mayor concebido como monumental sagrario, según es frecuente en la zona, pues, dotado de un óculo central, permite la exposición constante del Santísimo, ya que el óculo sería la ventana del sagrario, la ventana, en este caso, de una habitación donde se reserva la Eucaristía. Y tampoco podía escapar la colegiata, como es habitual en edificio que se precie en el Somontano, a la ostentación de su fantasma. Cuentan que cierto monje recorre la colegiata y en determinadas circunstancias hace tañer una campana cuyo sonido anuncia que ha acontecido un hecho extraordinario no deseado o el fallecimiento de algún pecador irredento. Vox populi, el fantasma de la colegiata es un antiguo anacoreta del santuario de la Virgen de Lecina. Persona muy sobria en costumbres  y prudente en todo, cometió un pequeño desliz con una morica a cuyos encantos sucumbió. Arrepentido de su falta, se sometió a las penitencias más duras hasta que murió en soledad y fue enterrado por pastores que habían visto sus actos de arrepentimiento. A pesar de todo, ¡pobre alma en pena!, la suya vaga por la colegiata sin posibilidad de descanso.

RECUERDA:

El que mal vive, poco vive
El yerro del médico la tierra lo tapa
El gato escaldado del agua fría huye
Pues que el amor lo hace, requiescat in pace
Nunca diga el caminante: ‘De esta agua no beberé’
Quien da lo suyo antes de morir prepárese a sufrir
Salir al lobo al camino, como la gansa de Cantimpalos
 ‘¡Qué linda mata de romero!’, y era un cardo borriquero

 Si la lengua erró, el corazón no

lunes, 29 de agosto de 2016

Apostillas al refranero. Olímpicos


Todos los medios de comunicación se han venido hinchendo a lo largo de este calurosísimo agosto de 2016 de imágenes espectaculares, por una razón u otra, de quienes han competido en las olimpiadas de Río de Janeiro y han conseguido alguna medalla o algún diploma. No importa la disciplina en que se haya obtenido, en la enorme mayoría de los casos, los datos son muy similares: el esfuerzo, la entrega, el orden, la constancia, el entrenamiento, la superación, el sacrificio, la privación, la disciplina el trabajo en equipo no solo de quienes competían sino de la serie de colaboradores: entrenadores, fisioterapeutas, psicólogos que preparan, disponen y empujan para poder cumplir los postulados del lema olímpico: citius, altius, fortior. Ellos son quienes difuminan y borran los momentos de desaliento, quienes enseñan a olvidar la fatiga, quienes resuelven las dudas y vencen los titubeos y vacilaciones. Y junto a ellos, los miembros de la familia que apoyan con su presencia y aliento y hacen que no se sientan jamás solos. A todos, palma y corona de olivo; a todos, honor y gloria.

RECUERDA:

 Quien no padece no merece
Obra acabada, premio aguarda
A quien no sirve para gallo, capallo
Si no se pisa el barro, no se hace el jarro
A quien Dios bien quiere, la hormiga a buscarlo viene
Quien hace un cesto hace ciento, si le dan mimbres y tiempo
La mano derecha es la que se afana, que la izquierda poco gana

 El esfuerzo en la desesperación crece y dobla el corazón