viernes, 29 de enero de 2016

El Santo Cáliz de Valencia

I. A QUÉ LLAMAMOS SANTO CÁLIZ DE VALENCIA.
         La joya conocida como el Santo Cáliz de Valencia es un conjunto formado por tres partes que fueron construidas en épocas diferentes: a. Una copa de ágata situada en la parte superior; b. una segunda copa del mismo tipo de piedra, de forma ovalada, dispuesta en posición invertida, que hace la función de base; y c. una montura de oro decorada con gemas, que sirve como soporte y que une a las otras dos piezas, dando al conjunto la forma de un cáliz litúrgico.
         A. La copa superior es un bol de paredes hemisféricas y base con pie anular, labrada en ágata de color marrón-rojizo. Mide 7 centímetros de altura, 9’5 cm. de diámetro, 5’5 cm. de profundidad interna, y el grosor mínimo de la pared es de 3 milímetros. En la base tiene un pequeño pie anular de 1 cm. de altura. Las paredes del bol son lisas. Su único motivo decorativo es una moldura entrante poco profunda en la parte exterior del borde y de anchura desigual.
         Presenta el bol algunas irregularidades. La más notable es una rotura consecuencia de una caída que tuvo lugar el Viernes Santo de 1744, que produjo la fractura de la copa. Un maestro platero recompuso los fragmentos con excepción de uno pequeño de forma casi triangular, que falta en el borde superior. Cerca del asa derecha, hay también una fisura que se extiende desde el borde hasta la base, causada posiblemente por la misma caída. En la parte posterior, el ágata muestra una mancha blanquecina por la parte exterior que, desde el borde, se extiende hasta cerca de la base. Cotejando las copas sin decoración, como el bol, y las épocas en que fueron talladas, los arqueólogos han llegado a la conclusión de que pertenece a época romana entre el siglo I a. C. y el III d. C.
          B. En la parte inferior, como base del conjunto, se colocó una copa en posición invertida: un cuenco ovalado tallado también en ágata de tonalidades semejantes a las del bol superior. Mide 14,5 cm. de longitud, 9,7 de anchura; su altura es de 4,5 cm y su base, 4x3 cm. Tiene un pie anular de 5 milímetros de altura. Por su semejanza con la naveta empleada en el culto católico, suele dársele ese nonbre y así la designaremos en adelante. En la parte izquierda de uno de sus lados mayores, se advierte incisa una inscripción en caracteres cúficos, escritos no de derecha a izquierda, sino de arriba abajo. Se data entre los siglos X y XII y se considera de origen o bien bizantino o bien árabe. La inscripción parece ser un adjetivo femenino que traduciríamos como la resplandeciente.
          C. El bol y la naveta se hallan unidos por un soporte medieval de oro que consta de varias partes: La superior es un soporte con forma de cuenco en el que se encaja el bol de ágata. Tiene 5 cm. de diámetro y uno de altura. Se encuentra decorado en la parte inferior por una lacería mudéjar mezcla de exágonos y círculos. El eje es de sección exagonal y ofrece decoración gótica romboidal, compuesta por cuatro hojas en cada rombo y se encuentra dividida en dos partes por el nudo, en forma de globo achatado. La parte inferior del eje descansa en un soporte con forma de cuenco ovalado. Los dos soportes están unidos por dos asas en forma de media S, asas con cuatro caras decoradas. El extremo superior de las asas se une al cuenco de modo distinto: la derecha lo hace directamente, mientras la izquierda descansa en una especie de almohadilla. La montura que abraza la naveta consta de cuatro tirantes que arrancan de la base, en donde se encuentran las bisagras. Están decorados con gemas y esmeraldas. La base se halla constituida por una banda de oro calada. Se cree pertenece al siglo XIV.
 
 II. LEYENDA TRADICIÓN E HISTORIA.
          El primer documento en que se hace alusión al cáliz es de 1399, cuando el rey Martín I el Humano lo pidió al monasterio de San Juan de la Peña, en donde se veneraba. Según don Miguel Navarro, con anterioridad “sólo tenemos una piadosa leyenda, que narra cómo el cáliz pasó a manos de san Pedro, y éste lo llevó a Roma, donde fue utilizado por los papas para celebrar la eucaristía, hasta que en tiempos de Sixto II, el año 258, su diácono san Lorenzo lo mandó a Huesca para salvarlo de la persecución desencadenada por el emperador Valeriano”.  Esta tradición fue recogida en el acta de donación de la reliquia al rey Martín I de Aragón por el prior del monasterio de San Juan de la Peña, quien entrega “el cáliz de piedra, en el que Nuestro Señor Jesucristo consagró su preciosísima sangre en la Última Cena, y que San Lorenzo, quien lo tuvo del papa Sixto, del que era discípulo y diácono de Santa María ‘in dominica’, envió y dio con una carta al monasterio y convento de San Juan de la Peña, sito en las montañas de Jaca del Reino de Aragón”.
          Don Miguel alerta del anacronismo del documento, que da título diaconal cardenalicio a san Lorenzo y que hubiera enviado el cáliz a San Juan de la Peña en fecha en que el monasterio aún no se había levantado.
          Pasado casi un mes, la reliquia no había llegado a manos del rey, ya que la comunidad monástica se resistía a desprenderse del más valioso de sus tesoros, por lo que el 23 de septiembre, el monarca envió a su propio capellán al monasterio, quien tres días después tornó a Zaragoza con el prior, que hizo entrega de la reliquia en el palacio de la Aljafería, en donde permaneció hasta 1408, año en que fue trasladado a Barcelona con otras reliquias para ser custodiadas en el palacio real de la ciudad condal por los monjes celestinos
Muerto Martín I, las reliquias pasaron a poder de su esposa, Margarita de Prades. Alfonso V el Magnánimo recuperó la reliquia y la depositó nuevamente en Barcelona hasta el 6 de abril de 1432, fecha en que fue trasladado con el resto del relicario real a Valencia, y depositado en la capilla de santa Catalina del palacio real de esta ciudad.
          Por aquellos días, Alfonso V atravesaba graves dificultades económicas, a causa de sus campañas en Nápoles, así que hizo que su hermano Juan de Aragón, rey de Navarra, depositara reliquias, joyas y ornamentos de la capilla real en la seo valentina. En el fondo, se trataba de una fianza por los préstamos del cabildo y de la ciudad. Los monarcas que lo sucedieron no reclamaron el depósito porque nunca pudieron saldar su deuda, así que el Santo Cáliz ha permanecido de manera ininterrumpida en la catedral exceptuando dos largos paréntesis: 1809-1813, en que viajó a Alicante, Ibiza y Mallorca como consecuencia de la invasión napoleónica; y de 1936 a 1939 en que fue escondido en diversos domicilios de Valencia y de Carlet con motivo de las violencias de la guerra civil, además de un viaje a tierras aragonesas en 1959, y en 1982, a causa de la visita de san Juan Pablo II a la ciudad, para celebrar una misa multitudinaria.
 III. LA CAPILLA DEL SANTO CÁLIZ.
            Lo que hoy denominamos Capilla del Santo Cáliz es la antigua Sala Capitular, el lugar en que se reunían los canónigos, construida entre 1356 y 1369 por disposición del obispo Vidal de Blanes y la destreza del maestro de obras Andreu Juliá, sala en la que en distintos momentos se irían integrando, junto a otras piezas, el primitivo retablo de alabastro del trascoro, la antigua portada gótica de los pies del templo, la más antigua imagen de la Virgen propia de la catedral y, a partir de 1916, el Santo Cáliz de la Cena del Señor.
           Es la capilla una pieza de planta cuadrada de 13 metros de lado por 16 de altura, cubierta por bóveda de crucería. Se ilumina mediante tres vanos situados en la parte más elevada. Los vanos orientados al norte y al sur son triangulares, en tanto que el que mira al este es circular. Los muros han sido alzados con piedra de sillería de Godella.
           El retablo fue construido en principio como fachada del trascoro y se hallaba situado en la nave central del templo. En 1777, el cabildo acordó renovar la fachada del trascoro por lo que la existente fue retirada al Aula Capitular. Lo integran una fachada de alabastro de aproximadamente once metros de anchura. Sobre un basamento de molduras se ofrecen dos niveles de escenas que corresponden a un relato de la historia de la salvación. Las del nivel inferior son escenas del antiguo testamento, en tanto las del superior corresponden al nuevo. De izquierda a derecha y de abajo arriba, encontramos a Moisés que levanta un palo con una serpiente: encima, Cristo es mostrado en la cruz como salvación del mundo; Sansón se lleva las puertas de Gaza: Cristo entra por las puertas del limbo: Jonás es salvado de la ballena: Jesús en su resurrección; Elías arrebatado en el carro de fuego: Cristo en la Ascensión; Moisés recoge las Tablas de la Ley: venida del Espíritu Santo en Pentecostés; Salomón y la reina de Saba: Coronación de la Virgen.
           Tiene la capilla dos puertas de entrada: Desde la catedral por un pasadizo se accede a una puerta de arco apuntado que es la antigua puerta de la catedral gótica, y que, al ser situada en un espacio más estrecho y más bajo que aquel en que primitivamente se hallaba hubo de sufrir recortes y rebajes al ser instalada en la nueva ubicación. Existe una puerta más pequeña que comunica con las actuales dependencias del museo catedralicio, antiguamente sacristía de la capilla y biblioteca de la catedral. Está formada por arco mixtilíneo con decoración escultórica en que advertimos la Anunciación tallada en alabastro.
           El decorado iconográfico se completa con ángeles músicos en las ménsulas, el apostolado en las claves y la coronación de la Virgen en la clave central.
           El pavimento está formado por losas de mármol de La Cinta, de Tarragona.
 IV. LA CIUDAD DEL SANTO CÁLIZ.
           Durante los primeros siglos del cristianismo y en la Edad Media, las reliquias tuvieron una importancia extraordinaria como  elementos de devoción y de culto, de ahí el interés de los reyes y los clérigos en hacerse con ellas. Atraían también el interés de los estamentos civiles que gobernaban e incluso los gremios, hecho que explica que en la Casa de la Ciudad o Consell, por ejemplo, se instalara un oratorio con sus reliquias propias.
           Venerado el Santo Cáliz en las seo valentina, se mostraba solo en las ocasiones determinadas por la liturgia, como en ostensiones solemnes en la Semana Santa para guardar en el Monumento las Formas Consagradas el Jueves Santo a fin de dar la comunión el Viernes Santo, día en que no se consagraba, y se guardaba el resto del año junto a las demás reliquias custodiadas en el templo, en un enorme relicario.
           Con el paso del tiempo, las imágenes escultóricas y pictóricas fueron conquistando el terreno en la piedad a las reliquias y a finales de la Edad Media les  habían ganado la partida, puesto que en los retablos estaban constantemente expuestas a la visión de los fieles, sin necesidad de exhibirlas solo en ocasiones especiales; además, podían combinarse en escenas narrativas que movían a la piedad. Teniendo en cuenta la importancia y la atracción del Santo Cáliz, lo esperable habría sido que su representación escultórica o pictórica hubiera sido temprana y, sin embargo, hay que esperar al siglo XVI, a que la familia Maçip lo incorpore a sus cuadros. Primero Vicente Maçip, después su hijo Juan de Juanes, y el nieto, Vicente Juanes, entre otros miembros familiares. Juan de Juanes instaurará los tipos iconográficos que, con ligeras variantes, serán seguidos hasta el siglo XX: El de Jesucristo presentando el Santo Cáliz en la mano izquierda y la Hostia en la derecha; el que ofrece el Santo Cáliz sobre una mesa, mientras el Salvador muestra la Sagrada Forma con la mano derecha levantada, en tanto la izquierda se apoya suavemente en el pecho, y en tercer lugar las monumentales Santa Cenas que solía pintar.
           Será el patriarca Juan de Ribera, no obstante, quien extienda por toda la ciudad la presencia del Cáliz de la Cena del Señor: Nombrado arzobispo de Valencia en 1569, desde el primer momento apoyará y extenderá la tradición griálica existente en la ciudad. En efecto, su divisa es un cáliz con una Hostia sagrada en posición vertical y dos pebeteros con llamas a ambos lados, símbolo de la fuerza y el ardor de la fe que guían al Patriarca. Por otro lado, será el impulsor de la festividad del Corpus Christi, logrando que el Cáliz gane protagonismo en las calles de Valencia, no solo en las procesiones sino al aparecer esculpido en los edificios que cuentan con el patrocinio y el mecenazgo del arzobispo, como el Real Colegio del Corpus, e impresos en una balumba de publicaciones que usarán el Cáliz y la Sagrada Forma como ilustración de portada. La importancia del Cáliz y la Forma en la iconografía arzobispal se advierte incluso en el retrato que le hizo Vicente Maçip en 1585 en el que se nos muestra tocado con la mitra, decorada con sol y estrellas, y tras él, en los estantes de una librería la copa del Cáliz con la Sagrada Forma en la parte superior.
            La apoteosis del Santo Cáliz vivida en la ciudad, se debe de modo indirecto también al Patriarca y tuvo lugar en dos momentos, uno 1630, en que se inició la información para su beatificación y cuando en 1796 fue beatificado.
            La festividad del Corpus, celebrada desde 1355, sigue siendo uno de los días de mayor relevancia en el calendario litúrgico valenciano y en la impresionante procesión de la tarde por las calles aledañas a la catedral lo sagrado y lo profano se unen en sorprendente simbiosis. Pero este es tema que merece capítulo aparte.

lunes, 25 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Telas, corrutos y corrutelas.


            Pensábamos que era nuestra la exclusiva, que la corrupción era cosa de españoles. Entre las golferías marbellíes, los ERE andaluces, los andratx baleares, el tres por ciento catalán, los gúrteles valencianos, los cudilleros asturianos, la Banca Catalana, los casos campeones y todas las mordidas habidas y por haber que puedes añadir según te vayas acordando, considerábamos que ‘mi querida España, esta España mía, esta España nuestra’ era el no va más, la campeona de la corrupción, la vergüenza de Europa; creíamos que en nosotros radicaba la exclusiva del trinque y la mangancia, o mejor aún, que nuestros políticos ostentaban su primogenitura, cuando la realidad nos ha dado un bofetón y nos ha venido a demostrar que no solo los políticos, que no solo los españoles, que blancos, negros, amarillos, cobrizos malayos; abogados, médicos, sindicalistas, deportistas, empresarios, policías, jubilados, aunque sean del corazoncito mismo de Europa, se dejan ablandar por el dinero, que cada cual tiene su precio, que el dinero hace necio al caballero y que más ablanda dinero que promesa de caballero. En efecto, de pronto en el mundo de los supuestos deportes, en el mundo del primer deporte, del deporte (?) rey, el fútbol, donde corren millones a espuerta, todo son multas, suspensiones inmediatas, tajantes, porque altos funcionarios se han dejado sobornar. Y es que, por lo que se advierte, tesoros mal adquiridos no aprovechan, pues los pérfidos en su codicia son atrapados ya que no han advertido que vale más buen nombre que muchas riquezas. ¡Y por si fuera poco, la abuela con mareos...! ¡A ver que nos depara lo del tenis!

 
RECUERDA:

 
Nada tiene el que nada le basta
Nadie debe vivir pobre para morir rico
En arca de avariento el diablo yace dentro
El dinero de unos es señor y de otros siervo
Goza de su poco mientras busca más el loco
Ruin es el rico avariento pero peor el pobre soberbio
Nadie extienda la pierna sino hasta donde la sábana llega

 Si el avaro fuera sol, nadie tendría luz y calor

martes, 19 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Realidad, ocio y negocio


            Hasta no hace mucho tiempo, el ocio, lo que se decía ‘estar mano sobre mano’, es decir, abandonar el trabajo y dedicarse ‘a papar moscas’, ‘a haraganear’, estaba socialmente muy mal considerado y así lo hace constar un crecido número de refranes. Sin embargo, en el siglo XX, el ocio dejó de ser entendido como inacción y dio paso a otro concepto: el de tiempo libre de una persona o la dedicación que esa persona hace voluntariamente de su tiempo libre a una tarea distinta a su trabajo habitual con el objeto de descansar, divertirse, desarrollar sus conocimientos, ayudar a sus semejantes, conseguir nuevas amistades… Y es que el ser humano intenta alcanzar satisfacciones que no encuentra en la vida real, unas veces dejando volar la imaginación y la fantasía con el objeto de evadirse, evasión que se manifiesta de modo distinto en las diferentes personas, según su inteligencia, su formación, su cultura, el contexto social en que se desenvuelve su vida, su edad, su situación familiar, su vida profesional, sus recursos económicos… Como cada vez se produce mayor especialización en el trabajo y en general aumenta la monotonía de las ocupaciones, suele producirse en las personas una cierta desmoralización. Como al mismo tiempo se ha producido una automatización creciente de los instrumentos de trabajo, que permite ahorro de tiempo, muchos sociólogos se preguntan si no nos hallamos a las puertas de una nueva  etapa, ‘la civilización del ocio’. Si aceptáramos esto, se me plantea una serie de interrogantes en los que me da miedo pensar: ¿Qué va a suceder con el pesebre estable a que nos hemos acostumbrado en la ‘civilización del trabajo’? ¿Qué se va a hacer con el ingente número de masas ociosas que se originarán? ¿Qué serán capaces de maquinar todas esas masas ociosas en sus eternidades de ocio?

 RECUERDA:
Quien canta sus males espanta
Holgar y medrar no son a la par
Mucha gente junta algo barrunta
El ocio es el padre de todos los vicios
La ociosidad es la madre de la vida padre
Cuando el español canta o rabia o no tiene blanca
Negocio acaba en ocio, pero ocio no acaba en negocio
Mucho sueño legañas cría y el culo caliente y la bolsa fría
Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata  moscas

 ¡Qué bueno es no hacer nada y luego descansar!

martes, 12 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Años, serpientes y dioses


            El símbolo del año era en la antigüedad una serpiente dispuesta en círculo cuya cola estuviera a punto de ser engullida por su cabeza. Y es que la etimología del sustantivo latino annus significaba círculo, pues procedía de la raíz an ‘alrededor de’, y de él deriva annulus, que era ‘el anillo’. El contenido semántico de annus sería algo así como el movimiento circular del tiempo, el anillo del tiempo, y no se trataría solamente de una imagen, sino de una realidad, puesto que la tierra gira ciertamente alrededor del sol y la vuelta completa dura, según los cálculos actuales trescientos sesenta y cinco días, cinco horas, cuarenta y ocho minutos y cuarenta y seis segundos. La cabeza de la serpiente comienza a devorar la cola en los países de lo que denominamos cultura occidental justo en la media noche del día uno de enero, al final del día de san Silvestre, de donde ha surgido el dicho popular san Silvestre, despídete de este. Esa media noche es el momento en que en la mitología romana el dios Jano deja de mirar hacia diciembre y mira ya los días del nuevo año, los días de su mes, enero. Era Jano uno de los dioses más antiguos de Roma. Según la leyenda, reinó en el Lacio de modo tan magistral que a su muerte fue divinizado y, habiendo acogido a Saturno, expulsado de Grecia por su hijo Júpiter, pasó a residir en el monte Janículo. Cuando los sabinos invadieron el Capitolio, hizo brotar ante ellos una fuente de agua hirviendo, que los puso en fuga. Como dios defensor de Roma, cuando había paz, las puertas de su templo permanecían cerradas, pero eran abiertas en cuanto Roma se hallaba en guerra, por si los romanos necesitaban ayuda. Fue también el dios de las puertas, y su compañera Cardea. la diosa de los goznes. Con la legendaria reforma que Numa hizo en el calendario romano, los meses del año pasaron a ser doce, y el primero de ellos Januarius, nuestro enero.

 
RECUERDA:

 Año de neblinas, muchas harinas
Menguante en enero, corta el madero
A invierno lluvioso, verano abundoso
En enero se hiela el agua en el puchero
Año de muchas endrinas, pocas hacinas
Sol de enero siempre anda detrás del otero
Cuando el invierno es lluvioso, el verano es abundoso
Polvo en invierno y lodo en verano hacen abundoso el año

 Cuando la Candelaria plora, el invierno es fora

jueves, 7 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Remedios


            ¡Hay que ver la que se armó el día en que la Organización Mundial de la Salud dio a conocer su informe acerca de que las carnes rojas y las procesadas favorecían la aparición de determinados tipos de cáncer! Pero, bueno, ¿a qué viene clamor tan plañidero? Hombre, ni tanto ni tan calvo. La OMS advierte,  como es su obligación, y como cualquier institución humana puede acertar o equivocarse en sus pronósticos tal como se equivocó hace tiempo con la dichosa gripe aviar y la pandemia que iba a provocar, que nos trajo en jaque durante todo un año, pero que, como nunca llueve como truena, se quedó, gracias a Dios, en agua de borrajas. Lo que sucede con las carnes es que, además de haber muchos intereses económicos de por medio, además de que un dieciocho por ciento de los gases de efecto invernadero relacionados con el calentamiento global proceden de los animales que producen esas carnes, estamos asustadísimos porque tenemos un miedo horroroso al dolor y a la muerte. La vida media de los españoles es de las más longevas del mundo, pasa de los ochenta y dos años. ¿Queréis que muramos aún más viejecitos? ¿Queréis que las enfermedades cerebrales se apoderen de nosotros que el alzheimer, por ejemplo, nos alzheimeree bien alzheimerados, lesionando nuestras neuronas, llenándonos de placas seniles, transformándonos en plantitas? Para dejar de estar asustados y para no enfadarnos con la OMS os voy a brindar unos cuantos remedios paremiológicos que espero os hagan siquiera sonreír.

 RECUERDA:

 Con gota, ni gota
Quien mal padece, mal parece
El mal del ojo, cúralo con el codo
Al dolor de cabeza, el comer lo endereza
El mal de vientre no se cura con agua caliente
No se sienta seguro quien tiene mal en el culo
Cuando te dolieren las tripas, hazlo saber al culo
Dolor de cabeza quiere manjar, dolor de vientre quiere cagar

 Quien tiene dolencia abra la bolsa y tenga paciencia

 

sábado, 2 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Esfuerzo y cambios


            En las primeras décadas del siglo XX, Valencia asciende decididamente a la modernidad. El estallido modernista se manifiesta en una serie de calles, como la de la Paz, cuyos edificios se destinan esencialmente a viviendas para la burguesía acomodada, y en construcciones públicas, como el mercado Central, el de Colón o la Estación del Norte. Es la época en que tienen también lugar dos hechos inolvidables: la Exposición Regional de 1909 y la Nacional de 1910. La primera refleja el cambio experimentado por la región y el desplazamiento que se ha producido desde la tradición agrícola a las industrias más diversas, con el robustecimiento y ampliación de la del mueble, la modernización de la de tejidos de lana, algodón y cáñamo; la mejora de la del calzado y la de productos químicos, y la transformación de la del hierro y del acero. Al mismo tiempo, las Bellas Artes vuelven a lucir con gran esplendor de la mano de figuras como Joaquín Sorolla, y los Benlliure. Vicente Blasco Ibáñez ambienta sus obras narrativas en tierras valencianas, y se convierte en el más universal de los escritores regionales. La ciudad se extiende hacia el oeste con un ensanche trazado por Francisco Mora Berenguer, y también hacia el sur con calles más anchas y manzanas de casas achaflanadas que se llegarán hasta las cercanías del convento de Monteolivete, siempre en un constante devorar terrenos de huerta fértil. Comienza también a trazarse el Paseo de Valencia al Mar, hoy avenida de Blasco Ibáñez, cuya anchura media entre aceras llegaba nada menos que a los cien metros.

 
RECUERDA:

 
El molino andando gana
Obra hecha, dinero espera
Lo que mucho vale, mucho cuesta
Cada uno cobre según lo que obre
La obra alaba o condena al maestro
Mejor se guarda lo que con trabajo se gana
Para sacar buen brillo, poco betún y mucho cepillo
El esfuerzo en la desesperación crece y dobla el corazón

 Duerme, Juan, y yace, que tu asno pace

domingo, 27 de diciembre de 2015

Apostillas al refranero. De cenas e indigestiones


            Entrar en el Mercado Central de Valencia supone una excitación constante de los sentidos. La luz entra a raudales de la cúpula majestuosa y de una serie de rosetones, inundando de claridad meridiana el recinto. Entrando por la puerta que mira a la Lonja, los puestos se alternan sin un orden definido, de modo que en los mostradores encontramos al lado de un puesto de verduras una bollería que muestra apetitosas tortas de pasas y nueces. Solamente los pescados y mariscos poseen un espacio independiente, el más cercano a la iglesia de los santos Juanes. Si la luz lo llena todo, el color estalla en rica gama que va de la albura del puerro, al arrebol de pimiento rojo; del verde claro de los cogollos de lechuga al oliváceo de las aceitunas majadas de los encurtidos; del bermejo cárdeno del jamón al rosa carne doncella de las pechugas de pollo. La pituitaria es atraída por una serie de sensaciones, efluvios y fragancias: En la zona de pescadería y marisquería huele a mar, a pescado recién llegado. En el resto, la combinación de aromas provoca un constante husmeo de la nariz ante la variedad de fragancias: quesos Manchego, de Grazalema, del Tronchón, de Cabrales, de Biescas, de La Nucía, de Cantó, del Casar, de Cebreiro, del Roncal, de Burgos, de Valdeón; jamones de Huelva, de los Pedroches o de Guijuelo, de la Dehesa, de Jabugo, de Trevélez. Huele a campo abierto, a tomillo, a romero, a orégano, a albahaca, a espliego. Sufre el sentido del gusto, porque la vista y el olfato le transmiten sensaciones que le provocan constante insalivación, porque, como su despertar es virtual, solo en promesa, la saliva afluye a las glándulas en gran abundancia y se ve uno obligado a tragar constantemente, así que, aprovechando el sugestivo aspecto que ofrece una tartaleta en un expositor, la compro y la paladeo y me relamo para acabar con la rebelión gástrica.

 RECUERDA:

 La buena cena de beber comienza
Más mató la cena que sanó Avicena
Por mucha cena no hay noche buena
Caracoles en cestos resultan indigestos
Aceituna, una, y si es buena, una docena
Una aceituna es oro, dos plata, tres matan
De grandes cenas están las sepulturas llenas
Si quieres enfermar, cena mucho y vete a acostar
Puerco viejo y vino nuevo, cristianillo al cementerio
Cenas, soles y magdalenas tienen las sepulturas llenas
Si a tu marido quieres matar, dale carnero asado a cenar

 Quien mucho traga, mucho caga