viernes, 26 de febrero de 2016

Apostillas al refranero. Mudarra González


            Durante años, Almanzor retuvo en cautiverio a Gonzalo Gustioz, siguiendo los consejos de Ruy Velázquez. Pero era el suyo un cautiverio muy llevadero, hasta el punto de que el ya maduro caballero castellano engendró un hijo en una morica joven y lozana, hermana de Almanzor, niño a quien llamarán Mudarra. Cuando dejaron a don Gonzalo en libertad, volverá a Salas, al lado de doña Sancha, portador de las cabezas de sus siete hijos, para darles sepultura en la iglesia del lugar. Vivirá, ciego, junto a su esposa, incomodado constantemente por los esbirros del poderoso Ruy Velázquez y de la quisquillosa doña Lambra. No obstante, como el tiempo todo lo cubre y todo lo descubre, un buen día llega a Salas Mudarra González, quien será prohijado por doña Sancha en una extraña ceremonia en que lo hace entrar por el cuello de su camisa de dormir y lo sacará por la abertura del corvejón, modo de reconocerlo como hijo propio. A partir de ese momento, Mudarra se echa a la espalda la tarea de vengar la muerte a traición de sus siete hermanos, los infantes de Lara, y los insultos y las humillaciones a que Ruy Velázquez ha sometido a don Gonzalo y a los suyos. Y en frío, como debe llevarse a cabo la venganza para ser saboreada, una tarde en que el pérfido bellaco traidor ha salido de caza lo mata a la sombra del haya donde se había sentado a descansar. Cuentan que allá donde cayó sin vida el cuerpo del mal caballero, los castellanos de la zona arrojaban piedras mientras, en lugar de rezar un pater noster, exclamaban ‘¡Mal siglo haya el alma del traidor!’

 RECUERDA:

 De tal palo, tal astilla
Quien hijo cría, oro cría
Vaso malo no se quiebra
Más vale tarde que nunca
No hay hombre sin nombre
La venganza ha de servirse en frío
Quien siembra vientos recoge tempestades
La traición place, mas no el traidor que la hace
Hombre a quien muchos temen, a muchos debe temer
Quien mal vive en esta vida, del buen morir se despida

 El mal y el bien en la cara se ven

domingo, 21 de febrero de 2016

Apostillas al refranero. Ofensas y venganzas


            Es la leyenda de los infantes de Lara un relato lastimero en que un pequeño agravio desencadena una terrible discordia y una descomunal venganza. Todo se inicia en la celebración de las bodas de doña Lambra de Bureba con don Rodrigo Velázquez de Lara, Ruy Velázquez. Durante las fiestas, como era costumbre, se alzan tablados para que los caballeros se ejerciten en el lanzamiento de bohordos, pequeñas lanzas con que derribaban los tablados de madera. Doña Lambra, la desposada, y doña Sancha, madre de los infantes, presencian los lanzamientos. A modo de reto, un caballero de Bureba sostiene la superioridad de los caballeros de su tierra. Doña Lambra se enardece y dice le ofrecería hasta su cuerpo si no estuviera ya casada. Doña Sancha se lo reprocha y la respuesta de la recién casada es que calle, que ha parido siete hijos como puerca en cenagal. El ayo de los infantes se va triste hacia el lugar donde los jóvenes se aposentan. Se encuentra con el más joven, Gonzalvico, quien, al conocer la ofensa, sale al galope hacia el campo de los bohordos, adonde llega y derriba todos los tablados al tiempo que proclama la supremacía de los de Lara. Ofendida doña Lambra, se queja a Ruy Velázquez que maquina y lleva a cabo terrible venganza: enviará a Gonzalo Gustioz, padre de los infantes, a Córdoba con una carta para Almanzor escrita en árabe en la que pide mate al mensajero y le comunica también dónde puede emboscar y matar a los infantes. En efecto, en las sierras de Arabiana los cercan. La batalla es terrible. Admirados los moros ofrecen tregua, pero Ruy Velázquez, que presencia la lucha como traidor, se niega, sus sobrinos tienen que continuar peleando y, agotados, van cayendo uno a uno. Decapitados, sus cabezas son enviadas a Córdoba y presentadas a Gonzalo Gustioz, quien las reconoce una a una, al tiempo que hace un llanto funeral por cada hijo.

 
RECUERDA:

 Esa espiga, alta tiene la mira
El que está en pie procure no caer
La vanagloria florece, pero no engrandece
Tarazona no recula, aunque lo mande la bula
Sobre Dios no hay señor ni sobre la sal sabor
Ni de estiércol buen olor ni de hombre vil honor
El noble más quiere libre morir que esclavo vivir
Al hidalgo, al galgo y al talegón de la sal junto al fuego los buscad

 Más vale din de moneda que don sin renta

martes, 16 de febrero de 2016

Apostillas al refranero. Febrero y Lupercales


          Antiguamente entre los romanos Februarius, nuestro febrero, era un mes dedicado a la purificación. El rey Numa lo había dedicado al dios Februus. Precisamente su origen etimológico se halla en el verbo februare, que significa purificar, expiar. Y en efecto, es el mes en que se purificaba la ciudad y en que se celebraban los ritos fúnebres a las almas de los muertos, transformadas en dioses Manes. Uno de los ritos de purificación se hacía el 15 de febrero con la celebración de las fiestas Lupercales, en que las mujeres eran purificadas por los luperci, es decir, por los lobeznos. Pero vayamos despacio, que la calle es larga: eran los luperci una especie de secta que se reunía en los alrededores de la gruta denominada Lupercal, situada a los pies del Palatino, circundada por un bosque espeso, en la que según la tradición se había escondido la loba que amamantaba a Rómulo y Remo, sus luperci humanos. Comenzaba la fiesta con el sacrificio de algunos animales y la presentación de dos jovencitos nobles cuyas frentes eran tocadas con el cuchillo ensangrentado y se limpiaban después con un mechón de lana empapada en leche, mientras los jovenzuelos estallaban en sonoras carcajadas. A continuación los luperci cortaban en tiras las pieles de los animales sacrificados, se desnudaban y salían a la carrera, vía Sacra adelante, mientras blandían las correas y golpeaban con ellas a todo el que se les pusiera de por medio, especialmente a las mujeres, con el fin de asegurarles la fertilidad. Existen varias explicaciones que intentan justificar esta costumbre. Una cuenta que es la conmemoración del día en que Rómulo y Remo, tras la victoria sobre Amulio, corrieron transportados de gozo hasta el lugar en que la loba los había amamantado. La segunda narra que antes de la fundación de Roma desapareció un día el ganado de los gemelos, quienes se lanzaron desnudos para que no les embarazara la ropa en pos de las reses. Pero ninguna alude a la fertilidad. La tercera sostiene que las sabinas raptadas por los romanos quedaron, con el susto, estériles, así que pidieron ayuda a la diosa Juno, quien respondió que un macho cabrío había de acoplarse a las estériles. ¡Cielos! Un adivino etrusco les resolvió el enigma: mató un macho cabrío y ordenó a las esposas estériles desnudar el dorso que golpeó con las tiras de la piel de animal, con lo que fue vencida su esterilidad.

 RECUERDA:

 En febrero sale el oso del osero
Febrero, un día malo y otro bueno
El mes de febrero lo inventó un casero
En febrero, un rato al sol y otro al humero
En febrero la castaña y el besugo no tienen zumo
Si no lloviese en febrero, ni buen prado ni buen centeno

 Febrero y las mujeres tienen en un día diez pareceres

viernes, 12 de febrero de 2016

Apostillas al refranero. Anginas, palabras y piedras


            Sostiene Jorge Llopis que los españoles tenemos pocas aptitudes para los idiomas, como se viene demostrando desde épocas remotas. Asegura que cuando los romanos vinieron a Iberia, los peninsulares no fueron capaces de hacerse entender en sus lenguas tribales, así que farfullaban en su trato con los invasores lo que ellos creían latín. Por su parte, los romanos eran incapaces de entenderlos, y les pedían una y otra vez que repitieran. Y a fe que sí lo hacían, pero subiendo gradualmente el volumen de lo expresado y mostrando cada vez mayor grado de excitación, así que cuando lograban hacerse entender hablaban a grito pelao y gesticulaban más que un mimo sobre el escenario, costumbre que, asegura, aún continúa hoy cuando hablamos con extranjeros, con el matiz diferenciador de que ahora nos expresamos en nuestro idioma y no en el extraño. Hay, no obstante, quienes piensan que el hablar tan alto los españoles es causa de nuestro temperamento meridional, apasionado y exaltado; y yerran de medio a medio: el español habla a voces porque piensa totalmente convencido de que lo que él expresa es más verdadero, importante y decisivo de lo que dicen los demás. Esa es la razón, asegura Llopis, de que desde la más tierna infancia padres y abuelos adiestren concienzudamente a sus críos a vociferar en la casa, en la calle, en los espectáculos, de modo que los retoños se habitúan a exigir entre berridos y en los momentos más inoportunos los caprichos más heterogéneos. Esta costumbre de vocear constantemente ha hecho que la enfermedad más frecuente entre nuestras criaturas sea la amigdalitis, más conocida como anginas.

 
RECUERDA:

 
Al buen callar llaman Sancho
Palabra de boca, piedra de honda
Boca cerrada es más fuerte que muralla
Palabra y piedra suelta no tienen vuelta
En boca del discreto, lo público es secreto
No hay mejor palabra que la que está por decir
Vase la piedra de la honda y la palabra de la boca
La piedra y la palabra no se recogen después de echadas
Boca cerrada y ojo abierto no hicieron jamás desconcierto

 A quien no habla, no lo oye Dios

viernes, 5 de febrero de 2016

Apostillas al refranero. La dama, el trovador y...


            Hubo en el siglo XIV un trovador gallego a quien la leyenda ha transformado en el prototipo de los enamorados. Malas lenguas aseguran que más bien debiera serlo de los tontos. Yo carezco de opinión al respecto, pues no quiero ser mozo mesturero, que diría el arcipreste de Hita, así que opine cada uno lo que quiera. Lo cierto es que todo en la vida del poeta está revestido de un cendal de misterio. Quizá naciera en Padrón, actual provincia de La Coruña,  hacia mediados de la centuria arriba citada; pudiera ser que hubiera estado al servicio de don Enrique de Villena, y pudiera también haber sucedido que muriera hacia 1414 en la fortaleza de Santa Catalina de Arjonilla, hoy provincia de Jaén, a manos de don Hernán Pérez de Padilla. Según la leyenda acerca de su muerte, en una de las versiones, porque existen varias, un buen día se encontró el trovador en un camino con una dama cuya vida había salvado otrora y estuvieron en amable y agradable cháchara algún tiempo. Habiendo partido la dama, Macías se puso a besar la tierra hollada por los zapatos de la hermosa, de la que se había prendado platónicamente. El marido pidió al poeta abandonara el lugar. Como el vate se negara en redondo a obedecerlo, celoso el marido, lo atravesó con su lanza y dejó cruelmente que se desangrara mientras recitaba encendidos versos de amor. Según otra versión más conocida y utilizada por diversos autores teatrales que han tratado el tema, Macías murió sí, atravesado por la lanza de un marido celoso, cansado del mosconeo constante del poeta que entonaba día y noche canciones amorosas al pie de la torre donde residía la dama.

 RECUERDA:

 Quien dijo amor dijo dolor
Galán atrevido, de damas preferido
El mal de amor no lo quita el doctor
A amante que no es osado, darle de lado
El enamorado y el pez frescos han de ser
Tener amor y tener seso, ¿cómo puede ser eso?
Corazón apasionado no quiere ser aconsejado

 A quien mal marido tiene, nunca se le muere

viernes, 29 de enero de 2016

El Santo Cáliz de Valencia

I. A QUÉ LLAMAMOS SANTO CÁLIZ DE VALENCIA.
         La joya conocida como el Santo Cáliz de Valencia es un conjunto formado por tres partes que fueron construidas en épocas diferentes: a. Una copa de ágata situada en la parte superior; b. una segunda copa del mismo tipo de piedra, de forma ovalada, dispuesta en posición invertida, que hace la función de base; y c. una montura de oro decorada con gemas, que sirve como soporte y que une a las otras dos piezas, dando al conjunto la forma de un cáliz litúrgico.
         A. La copa superior es un bol de paredes hemisféricas y base con pie anular, labrada en ágata de color marrón-rojizo. Mide 7 centímetros de altura, 9’5 cm. de diámetro, 5’5 cm. de profundidad interna, y el grosor mínimo de la pared es de 3 milímetros. En la base tiene un pequeño pie anular de 1 cm. de altura. Las paredes del bol son lisas. Su único motivo decorativo es una moldura entrante poco profunda en la parte exterior del borde y de anchura desigual.
         Presenta el bol algunas irregularidades. La más notable es una rotura consecuencia de una caída que tuvo lugar el Viernes Santo de 1744, que produjo la fractura de la copa. Un maestro platero recompuso los fragmentos con excepción de uno pequeño de forma casi triangular, que falta en el borde superior. Cerca del asa derecha, hay también una fisura que se extiende desde el borde hasta la base, causada posiblemente por la misma caída. En la parte posterior, el ágata muestra una mancha blanquecina por la parte exterior que, desde el borde, se extiende hasta cerca de la base. Cotejando las copas sin decoración, como el bol, y las épocas en que fueron talladas, los arqueólogos han llegado a la conclusión de que pertenece a época romana entre el siglo I a. C. y el III d. C.
          B. En la parte inferior, como base del conjunto, se colocó una copa en posición invertida: un cuenco ovalado tallado también en ágata de tonalidades semejantes a las del bol superior. Mide 14,5 cm. de longitud, 9,7 de anchura; su altura es de 4,5 cm y su base, 4x3 cm. Tiene un pie anular de 5 milímetros de altura. Por su semejanza con la naveta empleada en el culto católico, suele dársele ese nonbre y así la designaremos en adelante. En la parte izquierda de uno de sus lados mayores, se advierte incisa una inscripción en caracteres cúficos, escritos no de derecha a izquierda, sino de arriba abajo. Se data entre los siglos X y XII y se considera de origen o bien bizantino o bien árabe. La inscripción parece ser un adjetivo femenino que traduciríamos como la resplandeciente.
          C. El bol y la naveta se hallan unidos por un soporte medieval de oro que consta de varias partes: La superior es un soporte con forma de cuenco en el que se encaja el bol de ágata. Tiene 5 cm. de diámetro y uno de altura. Se encuentra decorado en la parte inferior por una lacería mudéjar mezcla de exágonos y círculos. El eje es de sección exagonal y ofrece decoración gótica romboidal, compuesta por cuatro hojas en cada rombo y se encuentra dividida en dos partes por el nudo, en forma de globo achatado. La parte inferior del eje descansa en un soporte con forma de cuenco ovalado. Los dos soportes están unidos por dos asas en forma de media S, asas con cuatro caras decoradas. El extremo superior de las asas se une al cuenco de modo distinto: la derecha lo hace directamente, mientras la izquierda descansa en una especie de almohadilla. La montura que abraza la naveta consta de cuatro tirantes que arrancan de la base, en donde se encuentran las bisagras. Están decorados con gemas y esmeraldas. La base se halla constituida por una banda de oro calada. Se cree pertenece al siglo XIV.
 
 II. LEYENDA TRADICIÓN E HISTORIA.
          El primer documento en que se hace alusión al cáliz es de 1399, cuando el rey Martín I el Humano lo pidió al monasterio de San Juan de la Peña, en donde se veneraba. Según don Miguel Navarro, con anterioridad “sólo tenemos una piadosa leyenda, que narra cómo el cáliz pasó a manos de san Pedro, y éste lo llevó a Roma, donde fue utilizado por los papas para celebrar la eucaristía, hasta que en tiempos de Sixto II, el año 258, su diácono san Lorenzo lo mandó a Huesca para salvarlo de la persecución desencadenada por el emperador Valeriano”.  Esta tradición fue recogida en el acta de donación de la reliquia al rey Martín I de Aragón por el prior del monasterio de San Juan de la Peña, quien entrega “el cáliz de piedra, en el que Nuestro Señor Jesucristo consagró su preciosísima sangre en la Última Cena, y que San Lorenzo, quien lo tuvo del papa Sixto, del que era discípulo y diácono de Santa María ‘in dominica’, envió y dio con una carta al monasterio y convento de San Juan de la Peña, sito en las montañas de Jaca del Reino de Aragón”.
          Don Miguel alerta del anacronismo del documento, que da título diaconal cardenalicio a san Lorenzo y que hubiera enviado el cáliz a San Juan de la Peña en fecha en que el monasterio aún no se había levantado.
          Pasado casi un mes, la reliquia no había llegado a manos del rey, ya que la comunidad monástica se resistía a desprenderse del más valioso de sus tesoros, por lo que el 23 de septiembre, el monarca envió a su propio capellán al monasterio, quien tres días después tornó a Zaragoza con el prior, que hizo entrega de la reliquia en el palacio de la Aljafería, en donde permaneció hasta 1408, año en que fue trasladado a Barcelona con otras reliquias para ser custodiadas en el palacio real de la ciudad condal por los monjes celestinos
Muerto Martín I, las reliquias pasaron a poder de su esposa, Margarita de Prades. Alfonso V el Magnánimo recuperó la reliquia y la depositó nuevamente en Barcelona hasta el 6 de abril de 1432, fecha en que fue trasladado con el resto del relicario real a Valencia, y depositado en la capilla de santa Catalina del palacio real de esta ciudad.
          Por aquellos días, Alfonso V atravesaba graves dificultades económicas, a causa de sus campañas en Nápoles, así que hizo que su hermano Juan de Aragón, rey de Navarra, depositara reliquias, joyas y ornamentos de la capilla real en la seo valentina. En el fondo, se trataba de una fianza por los préstamos del cabildo y de la ciudad. Los monarcas que lo sucedieron no reclamaron el depósito porque nunca pudieron saldar su deuda, así que el Santo Cáliz ha permanecido de manera ininterrumpida en la catedral exceptuando dos largos paréntesis: 1809-1813, en que viajó a Alicante, Ibiza y Mallorca como consecuencia de la invasión napoleónica; y de 1936 a 1939 en que fue escondido en diversos domicilios de Valencia y de Carlet con motivo de las violencias de la guerra civil, además de un viaje a tierras aragonesas en 1959, y en 1982, a causa de la visita de san Juan Pablo II a la ciudad, para celebrar una misa multitudinaria.
 III. LA CAPILLA DEL SANTO CÁLIZ.
            Lo que hoy denominamos Capilla del Santo Cáliz es la antigua Sala Capitular, el lugar en que se reunían los canónigos, construida entre 1356 y 1369 por disposición del obispo Vidal de Blanes y la destreza del maestro de obras Andreu Juliá, sala en la que en distintos momentos se irían integrando, junto a otras piezas, el primitivo retablo de alabastro del trascoro, la antigua portada gótica de los pies del templo, la más antigua imagen de la Virgen propia de la catedral y, a partir de 1916, el Santo Cáliz de la Cena del Señor.
           Es la capilla una pieza de planta cuadrada de 13 metros de lado por 16 de altura, cubierta por bóveda de crucería. Se ilumina mediante tres vanos situados en la parte más elevada. Los vanos orientados al norte y al sur son triangulares, en tanto que el que mira al este es circular. Los muros han sido alzados con piedra de sillería de Godella.
           El retablo fue construido en principio como fachada del trascoro y se hallaba situado en la nave central del templo. En 1777, el cabildo acordó renovar la fachada del trascoro por lo que la existente fue retirada al Aula Capitular. Lo integran una fachada de alabastro de aproximadamente once metros de anchura. Sobre un basamento de molduras se ofrecen dos niveles de escenas que corresponden a un relato de la historia de la salvación. Las del nivel inferior son escenas del antiguo testamento, en tanto las del superior corresponden al nuevo. De izquierda a derecha y de abajo arriba, encontramos a Moisés que levanta un palo con una serpiente: encima, Cristo es mostrado en la cruz como salvación del mundo; Sansón se lleva las puertas de Gaza: Cristo entra por las puertas del limbo: Jonás es salvado de la ballena: Jesús en su resurrección; Elías arrebatado en el carro de fuego: Cristo en la Ascensión; Moisés recoge las Tablas de la Ley: venida del Espíritu Santo en Pentecostés; Salomón y la reina de Saba: Coronación de la Virgen.
           Tiene la capilla dos puertas de entrada: Desde la catedral por un pasadizo se accede a una puerta de arco apuntado que es la antigua puerta de la catedral gótica, y que, al ser situada en un espacio más estrecho y más bajo que aquel en que primitivamente se hallaba hubo de sufrir recortes y rebajes al ser instalada en la nueva ubicación. Existe una puerta más pequeña que comunica con las actuales dependencias del museo catedralicio, antiguamente sacristía de la capilla y biblioteca de la catedral. Está formada por arco mixtilíneo con decoración escultórica en que advertimos la Anunciación tallada en alabastro.
           El decorado iconográfico se completa con ángeles músicos en las ménsulas, el apostolado en las claves y la coronación de la Virgen en la clave central.
           El pavimento está formado por losas de mármol de La Cinta, de Tarragona.
 IV. LA CIUDAD DEL SANTO CÁLIZ.
           Durante los primeros siglos del cristianismo y en la Edad Media, las reliquias tuvieron una importancia extraordinaria como  elementos de devoción y de culto, de ahí el interés de los reyes y los clérigos en hacerse con ellas. Atraían también el interés de los estamentos civiles que gobernaban e incluso los gremios, hecho que explica que en la Casa de la Ciudad o Consell, por ejemplo, se instalara un oratorio con sus reliquias propias.
           Venerado el Santo Cáliz en las seo valentina, se mostraba solo en las ocasiones determinadas por la liturgia, como en ostensiones solemnes en la Semana Santa para guardar en el Monumento las Formas Consagradas el Jueves Santo a fin de dar la comunión el Viernes Santo, día en que no se consagraba, y se guardaba el resto del año junto a las demás reliquias custodiadas en el templo, en un enorme relicario.
           Con el paso del tiempo, las imágenes escultóricas y pictóricas fueron conquistando el terreno en la piedad a las reliquias y a finales de la Edad Media les  habían ganado la partida, puesto que en los retablos estaban constantemente expuestas a la visión de los fieles, sin necesidad de exhibirlas solo en ocasiones especiales; además, podían combinarse en escenas narrativas que movían a la piedad. Teniendo en cuenta la importancia y la atracción del Santo Cáliz, lo esperable habría sido que su representación escultórica o pictórica hubiera sido temprana y, sin embargo, hay que esperar al siglo XVI, a que la familia Maçip lo incorpore a sus cuadros. Primero Vicente Maçip, después su hijo Juan de Juanes, y el nieto, Vicente Juanes, entre otros miembros familiares. Juan de Juanes instaurará los tipos iconográficos que, con ligeras variantes, serán seguidos hasta el siglo XX: El de Jesucristo presentando el Santo Cáliz en la mano izquierda y la Hostia en la derecha; el que ofrece el Santo Cáliz sobre una mesa, mientras el Salvador muestra la Sagrada Forma con la mano derecha levantada, en tanto la izquierda se apoya suavemente en el pecho, y en tercer lugar las monumentales Santa Cenas que solía pintar.
           Será el patriarca Juan de Ribera, no obstante, quien extienda por toda la ciudad la presencia del Cáliz de la Cena del Señor: Nombrado arzobispo de Valencia en 1569, desde el primer momento apoyará y extenderá la tradición griálica existente en la ciudad. En efecto, su divisa es un cáliz con una Hostia sagrada en posición vertical y dos pebeteros con llamas a ambos lados, símbolo de la fuerza y el ardor de la fe que guían al Patriarca. Por otro lado, será el impulsor de la festividad del Corpus Christi, logrando que el Cáliz gane protagonismo en las calles de Valencia, no solo en las procesiones sino al aparecer esculpido en los edificios que cuentan con el patrocinio y el mecenazgo del arzobispo, como el Real Colegio del Corpus, e impresos en una balumba de publicaciones que usarán el Cáliz y la Sagrada Forma como ilustración de portada. La importancia del Cáliz y la Forma en la iconografía arzobispal se advierte incluso en el retrato que le hizo Vicente Maçip en 1585 en el que se nos muestra tocado con la mitra, decorada con sol y estrellas, y tras él, en los estantes de una librería la copa del Cáliz con la Sagrada Forma en la parte superior.
            La apoteosis del Santo Cáliz vivida en la ciudad, se debe de modo indirecto también al Patriarca y tuvo lugar en dos momentos, uno 1630, en que se inició la información para su beatificación y cuando en 1796 fue beatificado.
            La festividad del Corpus, celebrada desde 1355, sigue siendo uno de los días de mayor relevancia en el calendario litúrgico valenciano y en la impresionante procesión de la tarde por las calles aledañas a la catedral lo sagrado y lo profano se unen en sorprendente simbiosis. Pero este es tema que merece capítulo aparte.

lunes, 25 de enero de 2016

Apostillas al refranero. Telas, corrutos y corrutelas.


            Pensábamos que era nuestra la exclusiva, que la corrupción era cosa de españoles. Entre las golferías marbellíes, los ERE andaluces, los andratx baleares, el tres por ciento catalán, los gúrteles valencianos, los cudilleros asturianos, la Banca Catalana, los casos campeones y todas las mordidas habidas y por haber que puedes añadir según te vayas acordando, considerábamos que ‘mi querida España, esta España mía, esta España nuestra’ era el no va más, la campeona de la corrupción, la vergüenza de Europa; creíamos que en nosotros radicaba la exclusiva del trinque y la mangancia, o mejor aún, que nuestros políticos ostentaban su primogenitura, cuando la realidad nos ha dado un bofetón y nos ha venido a demostrar que no solo los políticos, que no solo los españoles, que blancos, negros, amarillos, cobrizos malayos; abogados, médicos, sindicalistas, deportistas, empresarios, policías, jubilados, aunque sean del corazoncito mismo de Europa, se dejan ablandar por el dinero, que cada cual tiene su precio, que el dinero hace necio al caballero y que más ablanda dinero que promesa de caballero. En efecto, de pronto en el mundo de los supuestos deportes, en el mundo del primer deporte, del deporte (?) rey, el fútbol, donde corren millones a espuerta, todo son multas, suspensiones inmediatas, tajantes, porque altos funcionarios se han dejado sobornar. Y es que, por lo que se advierte, tesoros mal adquiridos no aprovechan, pues los pérfidos en su codicia son atrapados ya que no han advertido que vale más buen nombre que muchas riquezas. ¡Y por si fuera poco, la abuela con mareos...! ¡A ver que nos depara lo del tenis!

 
RECUERDA:

 
Nada tiene el que nada le basta
Nadie debe vivir pobre para morir rico
En arca de avariento el diablo yace dentro
El dinero de unos es señor y de otros siervo
Goza de su poco mientras busca más el loco
Ruin es el rico avariento pero peor el pobre soberbio
Nadie extienda la pierna sino hasta donde la sábana llega

 Si el avaro fuera sol, nadie tendría luz y calor