sábado, 11 de febrero de 2017

Apostillas al refranero. Bostezos


            Observado en frío, el bostezo consiste en una apertura de la boca con un movimiento espasmódico seguido de una inspiración de aire amplia, lenta, profunda y prolongada, con la boca extraordinariamente abierta, que produce una dilatación de la laringe, cuyo diámetro se ve aumentado hasta cuatro veces el tamaño normal; continúa con breve interrupción de los flujos ventiladores, una vez se ha llenado el tórax de aire; sigue un descenso del cartílago tiroideo, conocido también como nuez o bocado de Adán, y del hueso hioides, para terminar con la apertura de las trompas de Eustaquio, hecho que provoca descenso de la audición, entrada de aire en el estómago, y estiramiento placentero de las extremidades y de los músculos faciales. Suele asociarse el bostezo al aburrimiento, al hambre, al sueño… Lo cierto es que las causas pueden ser muy variadas. Además de las tres citadas, influyen también el cansancio, los cambios de temperatura, el mayor flujo de oxígeno a los pulmones, la relajación de la tensión y, según los refranes, como podrá advertirse de modo inmediato, el contagio, pues no hay cosas tan pegadizas y pegajosas como los bostezos, los dimes y los diretes.

RECUERDA:
No quiero perro con cencerro
Boca española no se abre sola
Boca española no bosteza sola
Quien dice lo suyo mal callará lo ajeno
Oye sus defectos quien no calla los ajenos
O es devoto o es loco quien consigo habla solo
El hombre que habla solo o es gran rezador o está tolo
Va la palabra de boca en boca como el pajarillo de hoja en hoja
Va el bostezo de boca en boca como el pajarillo de hoja en hoja

 Sabiduría probada es tener la lengua refrenada

sábado, 4 de febrero de 2017

Apostillas al refranero. Suposiciones e invenciones


            Dicen que en tiempos de Maricastaña, existió un señor de horca y cuchillo conocido como Blas, aunque yo pongo en duda el dicho, porque tales señores no atendieron nunca por el nombre a secas y menos un nombre tan frecuente, que no admitía queja ni apelación después de emitir su fallo en los innumerables litigios con que lo incomodaban sus vasallos, individuo del que procede la expresión ‘lo dijo Blas, punto redondo’. Más datos, y más recientes, si bien con frecuencia contrarios, son los atribuidos a Picio, posiblemente un zapatero granadino, condenado a muerte, que, hallándose en capilla, fue indultado. La terrible impresión de la noticia le llenó el rostro de pupas y nacencias que le hicieron perder el pelo, las cejas, las pestañas…, y hubo de vivir con la cabeza tapada el resto de sus días para que las gentes, asustadas por su fealdad, no salieran corriendo. Malas lenguas añaden que, en trance de muerte, llamó a un cura para que le administrara los últimos auxilios, y, si pudo confesarlo cara a cara, le aplicó los óleos con una caña a fin de no tener que acercársele, tal era la risa que le provocaba su fealdad. De Ambrosio, el de la carabina, se cuenta que era un pegujalero sevillano, más bueno que el pan, quien, cansado de malas cosechas y onerosos gravámenes ahorcó la azada y el arado, como un estudiante ahorca los libros, y se echó al monte cual nuevo salteador de caminos, armado con una carabina; pero era tal su bonhomía, se hizo en el territorio tan proverbial su candidez que nadie le hacía caso cuando perpetraba un asalto, así que, avergonzado y corrido, hubo de volver deprimido a su pegujal y a sus aperos, sin haber disparado ni una sola vez la carabina, posiblemente cargada con cañamones. La Catalina del ‘que si quieres arroz’ fue una judía de la época de Juan II Trastámara, esposa de un judío converso. La buena mujer no tomaba más que arroz, no por hacer dieta adelgazante, que en aquel entonces era cosa que no se estilaba, sino por ahorrar. Del que no he tenido noticias es del tal Zafra, cuyo entierro transcurrió en medio de un diluvio ("llueve como el día que enterraron a Zafra"), a no ser que se tratara de Fernando de Zafra, secretario de Isabel I de Castilla, negociador de la rendición del reino de Granada; mas nada dicen al respecto los anales.

RECUERDA:
 
Pan con pan, comida de tontos
Olla sin sal, al gato se puede dar
La carne en calceta, para quien la meta
Caracol de mayo, la candela en la mano
Olla sin sal, haz cuenta que no tiene manjar
Si no miras más que al papo, ¡güay del saco!
No hay carne perdida sino la liebre asada y la perdiz cocida
Si tienes gana de morir, come carnero asado y échate a dormir
Si quieres ver a tu marido enterrado, dale a cenar carnero asado

 Quien todo junto lo traga, todo junto lo caga

domingo, 29 de enero de 2017

Apostillas al refranero. Frases hechas


            Si como en otra Apostilla mostraba, nuestra lengua dispone de rica variedad de tipos de tonto, más rica es aún en frases hechas, cargadas en ocasiones de arcanos significados, difíciles de desentrañar. ¿Quién va de coronilla o anda de coronilla? Sin duda, quien tiene mucho trabajo e intenta hacerlo con toda diligencia, mas casi siempre sin dar abasto, porque está hasta la coronilla de quienes le ponen trabas, hasta que llega el momento de que no da pie con bolo, se pone en el disparadero, y arma la marimorena, e incluso la de San Quintín. Puede que incluso llegue a vocear a grito pelado, tan vehementemente proclamado que fuera capaz de poner el grito en el cielo, algo así como si el grito hubiera tenido pellejo y se lo hubieran arrancado sin que lo anestesiaran previamente, o que grite como un descosido. ¿Por qué, se pregunta Tono en su astracanada ¡Qué bollo es vivir!, tienen que ser los descosidos quienes más gritan? ¿Acaso por lo que pudiera verse a través del agujero? Andar como un zascandil es ir de acá para allá como un informal, aturdido y entrometido, cual auténtico correveidile. Aunque, dado que el número de zascandilas sea posiblemente superior a su homónimo masculino y que las correveidilas sean también más abundantes, exijo, en tanto feminista de pro, no se las discrimine, y la RAE acepte las formas femeninas y las recoja de modo inmediato en su Diccionario. Y en cuanto a eso de trabajar como un negro, me río yo. ¿Trabajar los negros? ¡Ja! Quienes trabajan incluso en los macropuentes españoles capaces de durar una semana entera con pilares en santa Constitución y en la Inmaculada son los chinos, que no cierran sus establecimientos aunque se los sellen con pegamento Imedio. ¡Qué tíos más listos, los chinos! Conque se los engañaba como a un chino, ¿eh? ¡Abrid los ojos!, pues tras sus estereotipadas sonrisas, que nada tienen de simples, se comportan como el pueblo más listo y astuto. ¿Y en cuanto a hacer el indio? ¿A qué indios alude la sapiencial frase? ¿A los hindúes de las llanuras indogangéticas o a los habitantes de los pueblos que abarcan en América desde los algonquinos del norte hasta los araucanos del sur?

RECUERDA:
No subas para bajar ni bajes para subir
Solo Dios acierta a reglar con regla tuerta
Dios escribe derecho con renglones torcidos
Temprano se recoge quien tarde se convierte
Quien quiere la rosa, aunque se pinche, no se enoja
Quien paga a otro en su misma moneda, pagado queda
El sordico de la mora, que oía los cuartos, pero no las horas
Tenga el juez una oreja para el demandante y otra para la otra parte

 Quien obedece, a todos bien parece

domingo, 22 de enero de 2017

Apostillas al refranero. Astracanadas y trampantojos


            En noviembre, andaba yo dándole vueltas a una obra de Pedro Muñoz Seca, titulada LA OCA, siglas de un supuesto movimiento sindical que, desarrolladas, vendrían a significar Libre Asociación de Obreros Cansados y Aburridos, cuando caí en la cuenta de que estaba a punto de cumplirse el octogésimo aniversario de la muerte del dramaturgo, uno de los más populares y prolíficos del teatro español en el primer tercio del siglo XX, en Paracuellos del Jarama. Nacido en el Puerto de Santa María en 1879, hizo su primer estreno en 1904, y hasta su muerte puso en escena cientos de obras cargadas de humor e ingenio dentro del género conocido como astracán, que consiste en una deformación y exageración de la realidad para conseguir una comicidad grotesca y disparatada. Archiconocida y centenaria es La venganza de don Mendo, en que parodia los dramas poéticos de la época; centenaria, porque somos muchos los españoles capaces de recitar tiradas enteras de versos cargados de ingenio y gracia, como nuestros abuelos y padres e incluso nosotros, seguimos haciéndolo con el Tenorio, de José Zorrilla. Y es que don Pedro buscaba ante todo hacer reír al público: “Lo único que hay en el mundo digno de estimación, después de una buena mujer es una buena carcajada”. Si a ello añadimos su gran facilidad para versificar, que no lo excusa de caer en algún ripio, y el extraordinario sentido del ritmo de que hace gala, satisface y halaga doblemente al espectador. Monárquico convencido, estrenó en la época de la Segunda República obras contrarias a la ideología republicana (Anacleto se divorcia, El ex...). Al estallar el 18 de julio el levantamiento de los militares africanistas, se hallaba en Barcelona, donde la compañía de Irene López Heredia iba a representar una de sus obras. El 28 de julio fue detenido por un grupo de milicianos de la FAI. Enviado a Madrid, vía Valencia, custodiado por la Guardia Civil, llegó el 7 de agosto. Después de pasar por la Dirección General de Seguridad, fue recluido a la cárcel de San Antón, antiguo Colegio de los Escolapios. Condenado a muerte el 26 de noviembre, “por fascista, monárquico y enemigo de la República”, fue fusilado el 28. Es uno de los miles de cuerpos sin identificar de la fosa común de Paracuellos.

                                                                                  
RECUERDA:

Un clavo saca otro clavo
De quererlas vienen las querellas
Amor de corneta: de diana a retreta
Dos pardales en una espiga nunca ligan
Las riñas por san Juan son para todo el año
No ames a quien amó ni sirvas a quien sirvió
Dos gorriones en una espiga hacen mala miga
Cuando quise no quisiste; y cuando quieres no quiero
Tanto es amar sin ser amado como responder sin ser preguntado

            El fuego, la cama y el amor no dirán: “Vete a tu labor”

sábado, 14 de enero de 2017

Apostillas al refranero. Frailes, huevos y estudiantes


            Aseguran que cierto fraile mendicante entró en una huevería a adquirir una docena de huevos y pidió a la dueña, pues que eran para diferentes personas, que le permitiera fraccionarla y tomarla por separado como él se la pidiera: “Primero para el padre prior, por ser el más anciano y el más importante, tomaré media docena”. El fraile tomó seis huevos que colocó cuidadosamente en su cesta. “Para el padre guardián, un tercio de docena”, prosiguió el fraile. Contó cuatro huevos y los depositó con el mismo cuidado al lado de la media docena. “Y para mí, que no soy más que un ceporro sin arte ni parte, un cuarto de docena”. Contó tres más que diligentemente fueron a descansar a lado de los anteriores. A la hora de pagar, el fraile abonó el importe de doce huevos ante la perplejidad de la dueña. Hoy se conoce con el nombre de la docenica del fraile el conjunto de trece cosas y, por extensión, al desprecio de lo principal, cuando queda oculto ladina, taimadamente, por lo secundario. Lo importante es que la huevera aprendió la lección y supo cómo responder a su propio hijo que, enviado a estudiar, volvió en vacaciones muy instruido y quiso hacer gala ante sus padres de lo mucho que había aprendido. Don Juan Valera lo refiere en Cuentos y chascarrillos andaluces. Había cocido la madre dos huevos y el muchacho los presentó al padre en un plato. “¿Cuántos huevos hay en el plato, padre?”. “Dos”, respondió. Retiró uno el joven y preguntó de nuevo: “¿Y ahora?” “Uno”, respondió el padre, extrañado. “Dos y uno, tres”, afirmó el chico. El progenitor se quedó viendo visiones, pero la madre, tomando un huevo para sí, entregó el otro al marido y dijo con sorna al retoño: “Cómete tú el tercero”. Y el sabio se quedó sin cenar.

RECUERDA:
Es justa razón engañar al engañador
La miel y la mentira para el fondo tiran
Cosa bien negada nunca es bien probada
Quien roba a un ladrón ha cien años de perdón
El que en mentira es cogido, cuando dice verdad, no es creído
Ni a la puta por llorar ni al rufián por jurar los has de creer ni los has de ayudar
Tres mañas tienen las mujeres: mentir sin cuidado, mear donde quieren y llorar sin porqué

 La tierra de Jauja, donde se come, se bebe y no se trabaja

sábado, 7 de enero de 2017

Apostillas al refranero. ...Y va de tontos


            ¡Hay que ver la riqueza y variedad de tontos con que se puede uno encontrar  en esta nuestra querida y vapuleada España! En primer lugar, la tonta del bote, una especie zarzuelera, de mujer tontilista, capaz de llevarse el gato al agua y el novio al altar a las primeras de cambio, cualidad que pierde en cuanto el apelativo toma el género masculino: el tonto del bote es ya un modorro, un zote, un cebollino y un pedazo de alcornoque. Tenemos después los tontos en vísperas: el tontorrón, del que o bien por su bondad o por ser muy confiado, hay muchos que abusan; el tontuelo y el tontaina, bobalicones en ciernes a quienes no se les puede meter el dedo ajeno en la boca por si las moscas. Hay tontos parciales, como el tonto de capirote y el tonto de la baba, lerdos, estólidos y badulaques; y tontos totales: el tonto de los pies a la cabeza (y viceversa), el tonto de nacimiento, y el tonto de remate, asnos, mentecatos, borricotes, babiecas y sandios, hasta el punto de llegar a asar la manteca. El tonto de pueblo es una especie rústica, comunal, que soporta estólidamente las bromas de lugareños. Existen tontos hortícolas: el tonto de la uva, el tonto del haba, el tonto de jardín y el tonto del capullo, si bien éste podría incluirse también en el grupo siguiente (depende de la acepción que se dé a ‘capullo’). Los tontos escatológicos son ya palabras mayores, en general fruto del enfado, de la ira o la frustración: el tonto del culo, el tonto del higo, que más bien debiera ser la tonta del higo, el tonto del pijo, una especie de pollopera, el tonto de los güevos y el tonto de los cojones. Tontos entreverados serían el tontiloco y el tontivano, pánfilos, majagranzas, cerebros de mosquito y marmolillos. Vamos a dejar para otro momento los tontos políticos, cuyos ejemplares más conocidos son el tonto útil y el tonto del voto.

RECUERDA:
A chico pie, gran zapato
Al toro y al loco, de lejos
Revueltas andan las cosas, las ortigas con las rosas
Dijo la leche al agua: ”Noramala vengas, hermana”
Mi marido va a la mar: chirlos y mirlos va a buscar
Para quien roba un reino, la gloria; para quien hurta un burro, la horca
Dijo el mosquito a la rana: “Más vale morir en el vino que vivir en el agua

 Quien teme la muerte no goza la vida

martes, 3 de enero de 2017

Apostillas al refranero. Ensalmos


El ensalmo era un rezo, un recitado. Por extensión, pasó la palabra a designar cualquier práctica supersticiosa de curar, utilizando oraciones acompañadas de remedios empíricos, e incluso toda práctica de brujería o de hechicería cuyo fin fuera curar algún mal. Cuando Celestina, requerida por Calisto, acude a la casa de Melibea para interceder por el joven, la muchacha rechaza de plano que la alcahueta le hable de él, y muestra su enfado, motejándolo de loco, saltaparedes, fantasma de noche, entre otras lindezas. Inmediatamente la vieja recurre a su astucia y comunica a su interlocutora que si de él le ha hablado ha sido porque Melibea conoce una oración a santa Apolonia, abogada de los males dentales, y posee un cordón que ha tocado todas las reliquias existentes de la santa, con lo que podrán poner fin al terrible dolor de muelas que aqueja al caballero. Y son ese ensalmo y ese cordón el caballo de Troya con que la alcahueta abrirá las puertas del corazón de la jovencita. Ensalmo famoso por lo muy recurrido fue también el llamado emplasto de santa Inés, cuyos ingredientes eran los que se indican y el modo de usarlo debía realizarse, según los individuos y las circunstancias, del modo siguiente: Veneno de ciempiés, tronco de col y bola de caracol, polvo de boñigo y leche de higo, abracadabra y mamella de cabra; el justo y la santa se junten con él en la garganta, la loca se lo dé en la boca, la putilla en la mejilla y el pícaro y el ladrón en un compañón, si fuere consentido, en el más caído. Contra los gafes, remedios clásicos había un montón. He aquí alguno: El cuerno de coral; hacer la cuerna con las dos manos dirigidas hacia el suelo; escupir tres veces en la tierra; pelar un diente de ajo; pisar inintencionadamente un excremento; tocarse los hombres los dídimos; beber jugo de diente de león, que es una hierba de la familia de las compuestas, con hojas radicales, lampiñas, de lóbulos lanceolados y triangulares y jugo lechoso.

RECUERDA:

 Un clavo saca otro clavo
No hay peor cuña que la de la misma madera
No ames a quien amó ni sirvas a quien sirvió
No hay peor astilla que la de la misma madera
No hay mejor remiendo que el del mismo paño
Lo que te dijere el espejo no te lo dirán en concejo
Nunca pidas a quien tiene, sino a quien sabes que te quiere
Mejor es tener al bajo por amigo que al grande por enemigo

 Quien prende la anguila por la cola y la mujer por la palabra no tiene nada