jueves, 26 de junio de 2014

En Toledo: El Alcázar

 
El Alcázar
 

     Se había previsto que una vez alojados visitáramos  el Alcázar. Dice una coplilla: "Es Toledo, mis señores, / como el culo de una taza, / todo son cuestas y cuestas / para llegar al Alcázar." Como entre nosotros había personas mayores con dificultades motrices, subimos por la parte con menos pendiente y piso más igual:  calles Real del Arrabal, Venancio González y Armas. Apenas habíamos comenzado la ascensión nos encontramos a mano derecha con  una puerta de estilo mudéjar que es al mismo tiempo torre albarrana, pues las murallas continúan a uno y otro lado de ella. Consta de dos torreones laterales entre los que se abre paso un hueco con arcos de herradura y apuntados. Mandada construir en el siglo XIV por el arzobispo Pedro Tenorio, fue conocida como Puerta de la Herrería, mas en el siglo XVI se colocó sobre la abertura de la puerta un medallón que recoge el milagro de la casulla de san Ildefonso, por lo que pasó a denominarse con el nombre del santo. Hoy se la conoce comúnmente como Puerta del Sol, aunque en algunos planos aparece también como Puerta del Cristo de la Luz, quizá por la proximidad de la mezquita y de la calle homónimas. Subimos..., como suben los mayores..., pensando en que "pa las cuestas arriba / quiero mi burro, / que las cuestas abajo / yo bien las subo", y nos agrupamos en la plaza de Zocodover.
     Es una plaza casi triangular, ajardinada, llena de vida a todas las horas del día y parte de la noche. Siempre que he pasado por allí estaba en ebullición, desde la mañana cuando acudía a adquirir la prensa hasta el paseo tras la cena, cuando salíamos los menos cansados a pescar sirenas y cazar fantasmas. Lo curioso es que a hora tan intempestiva como las 22 la plaza se encontraba a rebosar de chiquillos que se traían una algarabía increíble, mientras los padres, sentados en las terrazas o en los bancos, se refrescaban o charlaban tranquilamente. El nombre, de origen indudablemente árabe, significa 'zoco de las bestias', por lo que se supone fuera lugar de mercado de ganado. Dicen que con el paso de los tiempos se alancearon en ella toros, se hicieron juegos, se quemó a los acusados de herejía y se ajustició a malhechores y sirvió y sigue sirviendo de mentidero. Lugar multiusos muy bien aprovechado, como se advierte.
      El picacho donde se encuentra el alcázar ha sido a lo largo de los tiempos lugar fortificado: castro, pretorio, alcazaba, castillo... Carlos I pensó construir un palacio para residencia de los reyes. El arquitecto Alonso de Covarrubias comenzó las obras en 1545; a su muerte le sucedió Juan de Herrera. Las obras se prolongaron durante casi un siglo. Y, cosas de la vida, en 1643 el edificio fue transformado en prisión. Como consecuencia de la Guerra de Sucesión y de un incendio acabó en ruinas. El cardenal Francisco A. Lorenzana encargó a Ventura Rodríguez la rehabilitación del edificio para utilizarlo como Casa de Caridad, obras que terminaron en 1776. Y como poco duran las alegrías en la casa del pobre, durante la Guerra de Independencia volvió a incendiarse. Restaurado de nuevo, en 1883 fue habilitado como Academia General Militar, pero otro incendio lo arruina cinco años más tarde. Reedificado otra vez, el minado de sus torres en 1936 provocó su casi total destrucción.
     Hoy es un enorme edificio que ofrece cuatro fachadas regulares enmarcadas por cuatro torreones. Sede el Museo del Ejército y de la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha, en el interior cabe destacar un hermoso patio renacentista con dos galerías de columnas. En el centro del patio se eleva una estatua de Carlos V. También se conserva el despacho del coronel Moscardó durante el asedio.
     Acabada la visita, tornamos al hotel con más alegría trotona, no sé si porque era cuesta abajo o porque la esperanza de una comida reparadora ponía alas a nuestros pies. O quizá se debiera a lo uno y lo otro.
 
 
 
      

      

miércoles, 25 de junio de 2014

Camino de Toledo

     Hace cosa de un mes, me llamó un amigo para pedirme que acompañara y dirigiera a un grupo que llevaba a Toledo los días 17, 18 y 19 de junio, porque quería que conocieran  la celebración del Corpus y disfrutaran de parte de lo que encierra en sí la ciudad imperial y capital primada. El grupo era disciplinadísimo y encantador y he disfrutado mucho con la visita. Aprovechando la experiencia, os ofrezco estas entradas.
 
I. La denominación
 
     ¿De dónde procede el nombre de Toledo?  Quizá se trate de un topónimo prerromano de origen ligur, dada la coincidencia existente entre ciertos topónimos españoles y otros de zonas italianas y francesas consideradas como propiamente ligures. Toleto es una ciudad italiana de zona ligur. Posiblemente el nombre de nuestro Toledo se deba a una emigración llegada de la península italiana.
 
II. Datos geográficos
 
     Situada en la Submeseta Sur, en las estribaciones de los Montes de Toledo, en el curso medio del Tajo, la ciudad antigua se alza en un promontorio de granito que ha obligado al río a desviarse, a encajonarse y a cercarla en un abrazo por el este, el sur y el oeste, dejándola abierta solamente por el norte. El punto más elevado es el alcázar (548 m.). Las casas se derraman en un  perímetro cuyo centro geométrico es aproximadamente la catedral y conforman un dédalo de callejuelas angostas, empinadas y tortuosas, la mayoría empedradas con cantos rodados.
 
 
III. Datos históricos
 
 
     El primer asentamiento fijo en el lugar lo constituyen castros sobre los que más tarde se levantará una población celtibérica amurallada que, tras resistencia feroz, cayó en manos de los romanos en el 192 a. C., y fue adscrita a la provincia Cartaginense. Como consecuencia de incursiones de los francos, se reedificaron las murallas en el siglo III. En el 306 era ya sede episcopal. En el año 411 la conquistaron los alanos.
     Derrotados a su vez los alanos por los visigodos, el rey Atanagildo estableció en ella su corte. Sabido es que al principio, la población goda recién venida a la península Ibérica no se unió a los hispanorromanos, e incluso llegaron a vivir en poblaciones separadas. En el 573, Leovigildo convirtió oficialmente la ciudad en capital del reino hispanogodo. Por su parte, los hispanorromanos establecieron un arzobispado que fue sede de importantes concilios. Uno de los hijos de Leovigildo, Hermenegildo, desposó a una hispanorromana y, apoyado por el clero, creó problemas a su padre, quien ordenó al verdugo lo degollara. Recaredo, hijo también de Leovigildo, se da cuenta de la dificultad de mantener la separación de los dos pueblos y en el tercer concilio de Toledo (589) se convierte al catolicismo. A partir de aquel momento los hispanorromanos, especialmente el clero, se incorporan a la dirección del reino. 
     En el año 711, Táriq desembarca con sus tropas en la Península Ibérica, según la leyenda gracias a la traición del conde don Julián, alcaide de Ceuta, padre de Florinda, la Cava, a la que el último rey godo, don Rodrigo, había ofendido. Vencidas las tropas de Rodrigo, los musulmanes, en siete años se extienden por toda la Península e intentan entrar en Francia, pero los reyes francos los derrotan en Poitiers y los musulmanes renuncian a seguir por Europa.
     Toledo pierde la capitalidad del reino. Como en la ciudad predomina la población mozárabe, es un constante foco de rebelión contra el emir de Córdoba; llega incluso a independizarse de él mediante el pago de un tributo. Esta situación se mantuvo hasta que Abderramán III la somete en el 931 y pasa por una época de esplendor. Con la disolución del califato, Toledo se transforma en un reino de taifa hasta que Alfonso VI la conquistó en 1085. Cuenta la leyenda que Alfonso se había refugiado en la taifa toledana para huir de su hermano Sancho II. Un día, se quedó dormido, cubierpo por unos reposteros. Pensando que se hallaban solos, los musulmanes hablaron de los lugares más débiles en la defensa de la ciudad. Alfonso, que se había despertado y oído la conversación, fingió seguir dormido. Cuando los musulmanes se dieron cuenta de que un cristiano se hallaba presente, para saber si realmente estaba dormido tomaron cera derretida y se la echaron en la mano. Alfonso no la retiró y quedó llagado, pero sabedor del secreto que le permitiría tomar la ciudad.
      Ante la diversidad racial, lingüística y religiosa de los habitantes de Toledo (francos, mozárabes, mudéjares, hebreos), Alfonso VI fue comprensivo y les concedió fueros propios  y zonas propias en que habitar.
     Aunque la convivencia de las distintas razas y culturas no fue siempre tranquila y respetuosa, hubo etapas pacíficas y creadoras, como la llamada Escuela de Traductores de Toledo, en que grupos de hombres de las diferentes culturas trabajaron en equipo. En la primera época, la de Rodrigo de Sauvetat, se traducen obras del árabe y el hebreo al latín, aunque tengan en muchas ocasiones como intermediario oral el castellano. En la segunda época, ya en el reinado de Alfonso X, traducen del árabe o hebreo al castellano y fijan por escrito la traducción castellana. Por primera vez una lengua romance es utilizada como lengua de cultura.
     Con Carlos I de España y V de Alemania, Toledo se transforma no solo en capital española sino de todo el Imperio. También es la ciudad Primada. Pero Felipe II traslada la capital a Madrid en 1561 y Toledo entra en decadencia hasta que en el último tercio del siglo XX se produce cierta recuperación.
     Con el establecimiento de las autonomías, es elevada a capital de Castilla-La Mancha y ha experimentado un importante renacer.
 
 
IV. Viaje y llegada a Toledo
 
 
     Salimos de Valencia a las 5 h. y 30 min. del día 17. Como es lógico, el madrugón, el ronroneo del motor y  los vaivenes propios de la marcha por carretera adormecieron de modo casi inmediato a los viajeros, de modo que solo después del descanso prescriptivo, aprovechado para satisfacer oportunas necesidades fisiológicas y desayunar, comenzamos a ofrecer  datos acerca de la meta a que nos dirigíamos y del plan aproximado que seguiríamos. Dada la atención con que seguían las explicaciones, incluso pude hablarles de zonas que no podríamos visitar y que tenían, sin embargo, su encanto, como los llamados baños de la Cava, con su leyenda, recogida en los romances, o la iglesia de Santa Leocadia, donde se encuentra el Cristo de la Vega, con su mano derecha desclavada de la cruz, cuya leyenda dio origen a  A buen juez mejor testigo, de José Zorrilla, de la que les leí fragmentos (1).
     Llegamos hacia las diez. Aprovechamos un despiste para conocer sin descender del vehículo el Puente de Alcántara, de origen romano, primero con que contó Toledo, destruido y vuelto a levantar en varias ocasiones. En la Edad Media fueron protegidos sus extremos por torreones, de los que hoy sólo se conserva el del la margen derecha; el otro fue sustituido por un arco en el siglo XVIII. Desde las alturas, al otro lado del río, nos miraba socarrón el Castillo de San Servando, al lado de la Academia de Infantería.  
     Como no teníamos permiso para que el autocar pasara intramuros, hubimos de descender en la Puerta de Bisagra. A unos 150 m. se hallaba el hotel, en la calle Real del Arrabal, de modo que casi sin pretenderlo comenzábamos la visita a pie. No es la primitiva puerta defensiva de la muralla, sino una puerta ornamental que se hizo en tiempos del emperador. La puerta árabe primitiva está entre  las torres cuadradas coronadas por prismas cubiertos de láminas verdes y blancas.  Vista desde el exterior, es una puerta con arco de medio punto flanqueada por dos torreones semicirculares. Sobre el arco se halla el escudo con el águila bicéfala de Carlos V. Encima de la puerta  nos encontramos con el ángel tutelar de la ciudad que, ¡cómo no!, posee también su leyenda.
     Casi enfrente de la puerta del hotel se ofrecieron a nuestra vista los tres ábsides de la iglesia mudéjar de Santiago del Arrabal, gran templo de tres naves, en cuyo interior se halla una imagen de san Vicente Ferrer, crucifijo en mano, en actitud nada pacífica, y también el púlpito desde el que predicaba. Su hermoso campanario, posiblemente sea un antiguo alminar desde el que el muecín llamaba a la oración. Curiosamente, todos los toledanos de esta zona con los que hablaría después la nombraron siempre iglesia de Santiago el Mayor y evitaron la palabra arrabal.
       
 
(1) Recogeré cuantas leyendas cite en una entrada que titularé Leyendas toledanas.     

 
 
 


domingo, 22 de junio de 2014

Cuando la pena nos alcanza

                                                                                                Tú nos dijiste que la muerte
                                                                                                no es el final del camino,
                                                                                                                   que aunque morimos no somos
                                                                                                                   carne de un ciego destino.
                                                                                                                   Tú nos hiciste, tuyos somos,
                                                                                                                   nuestro destino es vivir,
                                                                                                                   siendo felices contigo,
                                                                                                                   sin padecer ni morir.
 
Querido Pedro:
                         Un buen amigo común acaba de comunicarme tu fallecimiento: mi cuerpo es un manojo de nervios y mi mente un hervidero de ideas que pugnan por salir todas a la vez sin orden ni concierto. Más de una vez he confesado mi admiración por ti en aspectos en que te veía superior a mí y te consideraba con sana envidia, con deseo de emulación, la meta a que debía acercarme. Por ejemplo, confieso que nunca he sabido controlarme a pesar de las lecciones de autocontrol que me ofreciste con tu comportamiento a lo largo de los años que hemos convivido. Sí, amigo, esa es una de las muchas facetas que admiré y envidié en ti, el dominio de ti mismo. Serio, triste quizá te haya visto en alguna ocasión; airado, jamás.
                         Habías dejado que el Señor te envolviera en su espíritu de amor, y estabas siempre dispuesto a ayudar, a servir de forma disciplinada, sencilla, callada y discreta. Nunca te echaste atrás ante una petición de ayuda. Cuando habíamos de preparar el centro parroquial para las lecturas dramatizadas, no fallaste nunca y eras siempre de los primeros en acudir y el último en marchar. Nunca pusiste una pega a la tarea que se te encomendaba; no te retraías, por dura que fuera. Además eras único coordinándonos y dirigiéndononos.
                         Tenías nombre de pescador y pescabas en aguas limpias; y hacías familia enseñando a los tuyos, como en un juego, y te desvivías por ellos. Recuerdo una ocasión en que, muy de mañana, sentado en un banco junto a uno de tus nietos a la puerta de tu casa, os traíais un tejemaneje idéntico que me admiró y provocó mi curiosidad, de modo que me acerqué y pregunté qué hacíais. Con toda sencillez y como quien no quiere la cosa respondiste: "Le estoy enseñando a pescar". Entonces sonreí, pero mi sorpresa fue grande cuando anteayer al recordarte, entre bromas, el episodio me respondiste que era ahora un excelente pescador. ¡Por sus frutos los conoceréis!
                         Y cuando, a solas, el médico te comunicó sin tapujos que tenías la partida de esta vida perdida, aceptaste como un perfecto estoico, como un senequista puro, sin una queja, sin un lamento tu estado, te enfrentaste a la muerte con toda serenidad y me diste la última lección cristiana en vida: la de saber enfrentarte al destino desde la esperanza que habíamos estado celebrando en nuestra parroquia a lo largo de todo el curso.
                         Tú, Pedro bueno, Pedro amable, Pedro callado, Pedro eficiente, Pedro disciplinado, Pedro prudente, Pedro discreto, Pedro valiente; Pedro sosegado, Pedro amigo, Pedro emprendedor, Pedro apacible, Pedro llano, Pedro afable; Pedro previsor, Pedro razonable, Pedro acogedor, Pedro firme, Pedro grande...
                         Intercede ante el Padre para que un día podamos gozar a tu lado.
                                                                                                                      Juan José
                                                                                      Valencia, 21 de junio de 2014
   

domingo, 8 de junio de 2014

Apostillas al refranero. Vejez y experiencia

     Es duro el recorrido del ser humano por la última etapa de la vida, la ancianidad. Preocupado por los ancianos, don Gregorio Marañón decía que es necesario saber ser viejos, que ese era el gran deber y la gran virtud de los ancianos. Sí, es necesario aprender a vivir con alegría y sin complejos la nueva y última etapa, siendo conscientes de que en efecto es la última. Si yo hubiera sido psiquíatra y algún mayor hubiera venido a mi consulta porque se sintiera inútil, desplazado o estorbo le hubiera puesto ejemplos del cariño, el respeto y la veneración que han ofrecido siempre a sus viejos los pueblos más avanzados de casi todas las civilizaciones en todas las épocas. Y les hubiera dado también como píldoras reconstituyentes algunos de los refranes que hablan de experiencia, de prudencia de sabiduría, de ejemplo...
 
 
     RECUERDA:
 
 
 
Quien más vive más sabe
En consejos, oye a los viejos
Canas y armas ganan batallas
Buey viejo lleva el surco derecho
Al músico viejo le queda el compás
Ni moza sin espejo ni viejo sin consejo
La experiencia es la madre de la ciencia
Mayor honra se debe al que más edad tiene
El mejor maestro es el tiempo y la mejor maestra la experiencia
 
 
Viejo que con moza casó o vive cabrito o muere cabrón


sábado, 7 de junio de 2014

La placa conmemorativa

     Me asusta un poco la fama de serio que me han atribuido. Sí, en ocasiones me acontecen situaciones un tantico peregrinas.  La que refiero tuvo lugar unos días después de la denuncia que la Policía Municipal hizo a doña Esperanza Aguirre por aparcar indebidamente y por el rifirrafe posterior tan aireado a bombo y platillo por los Medios de Comunicación. Hallándonos en Madrid en el mes de abril mi mujer y yo, decidimos un día visitar a mi hermano. Quedamos en encontrarnos en la plaza de Tirso de Molina, donde nos dejaría el autobús. Pues que hacía un día primaveral magnífico, decidimos dar un paseo largo y sin prisas: Calle Toledo, Plaza Mayor, Sol, Arenal, Palacio Real, Plaza de España... Cansado de que ellos dos charlaran y charlaran sin apenas dejarme meter baza, al entrar en la Gran Vía les dije:
     --¿Sabéis que en Callao han puesto una placa de bronce para recordar la denuncia de Esperanza Aguirre?
     Me miraron los dos con cara de asombro.
     --¡Ya? --preguntó admirado mi hermano, un tanto sorprendido.
     --¿Lo has visto en la prensa? --dijo mi mujer.
     --No, lo he oído en la radio. --respondí.
   Subimos despacio hacia la Plaza de Callao, mientras ellos se enzarzaban de nuevo en sus conversaciones. Yo me distraía con los carteles de los teatros, los escaparates, el hormigueo constante de personas generalmente aceleradas y me sentía molesto con el ruido del tráfico. Llegados a la plaza, la verdad es que me había olvidado ya de doña Esperanza y de la placa. Me detuve un momento a leer un cartel. Mis acompañantes se detuvieron, retrocedieron y se acercaron al lugar en que yo leía e, intrigados, preguntaron a dúo:
     --¿Dónde está la placa?
     No pude por menos de estallar en sonora carcajada, mientras los dos me daban repelones, y se carcajeaban también.
     En fin... 
  

viernes, 23 de mayo de 2014

Apostillas al refranero. Astucia

 
     El paradigma de persona prudente y astuta, capaz de mil recursos aun en las situaciones más difíciles es en nuestra cultura sin duda alguna Ulises. Casado con Penélope, tuvo un hijo, Telémaco. Cuando hubo de partir al mando de doce naves para ayudar a Menelao a cercar Troya, la criatura era tan pequeña que, cuentan lenguas bífidas, el padre se resistía a partir e incluso llegó a fingirse loco. Poco después, por medio de una argucia, descubrió a Aquiles, cuya presencia era imprescindible en la guerra que se avecinaba: disfrazado de mercader, penetró en el gineceo del rey Licomedes para vender telas, pero junto a las telas mostraba también unas armas. Aquiles, que se había escondido entre las mujeres vestido como una de ellas, desdeñó las telas y se ocupó solo de las armas, traicionando de este modo su identidad. Él es quien idea la trampa del caballo de madera en que caen los troyanos y quien dirige a los pocos hombres que abren desde dentro las puertas de la ciudad para que entre el ejército griego. Él es quien en el país de los Cíclopes emborracha a Polifemo con algunas tinajas de excelente vino que Merón, sacerdote de Apolo, le había regalado. Cuando los congéneres de Polifemo le preguntan: "¿Quién te hace daño?" ¿Por qué responde el gigante, "¡Nadie!"? Él es quien dispone cómo han de salir sus hombres de la cueva colgados de los vientres de las ovejas, dispuestas en tríos. Él es quien ordena que los suyos se tapen los oídos con cera para no oír a las sirenas y se ata al mástil para poder oírlas él y no ser seducido, de modo que las venció y las sirenas han de echarse al mar. Finalmente, descubierta por los pretendientes la estratagema de Penélope de destejer por la noche lo que tejía por el día, llega a Ítaca solo, disfrazado de mendigo, y junto a Telémaco dispone la venganza participando en el concurso que decidirá el nuevo esposo de la mujer.
 
 
     RECUERDA:
 
Hacer orejas de mercader
Maña y saber para todo es menester
El astuto hasta de los males saca fruto
Siempre vence la astucia a la fuerza bruta
A lo que no te agrada, haz que no oyes nada
Cuando no aprovecha la fuerza, sirva la maña y la cautela
 
 
Este mundo es un golfo muy hondo, quien no sabe nadar se va al fondo 

Apostillas al refranero. Amor

     Según una de las variantes de la mitología griega, Adonis nació de la unión incestuosa de Ciniras, rey de Chipre, con su hija Mirra, a la que Afrodita, la Venus griega, infundió esos amores. Perseguida por el padre, pidió auxilio a los dioses, que la transformaron en árbol. Al cabo de diez meses, un jabalí rasgó la corteza del árbol y del interior salió un niño bellísimo, Adonis. Prendada de él Afrodita, lo entregó a Perséfone para que lo criara; mas también esta diosa se enamoró de la criatura y no lo quería devolver a Afrodita. Hubo de intervenir Zeus, quien determinó que Adonis permaneciera un tercio del año con Perséfone, otro tercio con Afrotita y el tercero con quien él deseara. Resultó así que pasaba un tercio con Perséfone (parte del otoño, y el invierno) y dos con Afrodita (a partir de la primavera).
     La pasión de Afrodita por Adonis despertó unos celos enfermizos en su antiguo amante, Ares, quien decidió vengarse. Ayudado por el dios Apolo, cuyo hijo Erimanto había sido cegado por Afrodita por haberla visto desnuda bañándose en compañía de Adonis, envió contra este un terrible jabalí que lo hirió mortalmente en la ingle. De la sangre derramada por el joven nacieron las anémonas, primeras flores del año; y la que derramó Afrodita, herida en la mano al acudir a ayudarlo, sirvió para teñir las rosas que hasta entonces habían sido blancas en rojas.


     RECUERDA:
 
 
Quien bien te quiere tarde olvida
Más fuerte era Sansón y lo venció el amor
El amor, de la madre, que lo demás es aire
Pajarico que escucha el reclamo escucha su daño
Aunque la garza vuela muy alta, el halcón la mata
Mucho corre la liebre, pero más el galgo que la prende
Mal se esconde el fuego en el seno y el amor en el pecho
 
 
Amor de monja, fuego de estopa y zumo de culo, todo es uno